Plaga

Como si de una plaga venenosa se tratara, solo así puedo interpretar como cambió mi vida en tres meses.

Primero fue la pérdida de mi trabajo.

Después mi mujer se fue con otro.

Por último mi cuerpo me dio un serio aviso.

Ahora pasado un tiempo, me dedico a corregir textos para una editorial y a escribir mi primera novela, comparto algo más que “inquietudes” con una enfermera que conocí en el hospital y me he recuperado casi por completo aunque deba medicarme de por vida.

Mi vida ha superado la plaga y ahora está… plagada de sueños.

Cruce de Miradas

gato-negro-silueta

Las mañanas si no llueve, son deliciosas para pasear por el pueblo, incluso si me siento observado.

Es un gato negro, de ojos oscuros.  No se separa de mi camino.  A su lado me detengo.  Me mira y me reta.  Le mantengo la mirada y me agacho como si fuera a darle algo.  Pero el gato sabe que es un engaño, ni se inmuta.  Seguramente está preparado para defenderse, pero no quiere que note su nerviosismo.

Me huele, su mirada me inquieta, incluso me recuerda a alguien.  Súbitamente el gato se estira desperezándose y al instante yo bostezo. Nos miramos.  Sonrío.  El gato maúlla. Mañana más.

La maqueta del barco

 

“Ya voy….” gritó para sí mismo, pero cuando llegó dificultosamente al teléfono, la llamada ya se había cortado. Era tan extraño que recibiera llamadas, que miró con ilusión el número por si era su hijo. Pero no fue así. Era un número largo, seguramente publicidad. 

Con desilusión volvió despacito a su cuarto a seguir trabajando sobre la maqueta de un barco que comenzó hace años. Era para su nieto Andresito de trece años. Bueno no… de trece no, ya debía tener por lo menos dieciocho. Hacía cinco años que no le veía.

Suspiró profundamente. A su edad ya ni siquiera le salían las lágrimas.

foto: https://pixabay.com/es/

 

Cien palabras

Serán solo cien palabras las que necesite para despedirme o tal vez menos.

Mi innegable locuacidad puede verse ahora en entredicho, porque es precisamente ahora, cuando debo elegir las palabras que expresen exactamente mis sentimientos.

Y eso no es tarea fácil a las puertas de mi viaje.

¿Qué decir sin herir, sin llorar, sin compadecer?

¿Qué verdades ocultar y cuales confesar?

Quizás lo mejor no sea buscar palabras, sino emociones, y tal vez una mirada y una sonrisa me ayuden a comprender mejor el pulso de mi vida, ahora que se está apagando.

 

El verdadero regalo

cakejail2

Cerró los ojos y sopló las velas, con la certeza de que era su último cumpleaños allí.

Recibió agradecido los aplausos y el “cumpleaños feliz” y abrió con supuesta ilusión el regalo que sus colegas conseguidores habían introducido en la cárcel, tabaco de pipa y una petaca llena de ron.

Entre ellos, nadie conocía su secreto. Ensimismado se reafirmó en su decisión. Llevaba dos años preparando el momento.

La fuga sería esa misma noche. La noche de su cumpleaños.

Sería su verdadero regalo.

 

La corriente indecisa

corrupbolsilloCada vez que le hablaba del último sobre rechazado, sentía una inexplicable dualidad de pensamientos, por un lado mi incomprensión ante su rechazo y por otro lado, el silencioso orgullo que me producía saber, que había alguien capaz de hacer lo que para mí era imposible: rechazar el sobre.

La corriente me estaba llevando, pero era tan agradable sentir sus consecuencias, que hice caso omiso a sus razones y en un acto de premeditada cobardía, no quise agarrar la mano que una vez más, me fue tendida.

Ahora desde la cárcel todo se ve muy diferente.

La obra

image

Debo decidir si continuo representando la obra o la dejo. Meterme en el personaje de un drogadicto me está causando bastantes estragos.

Creí que no iba a sucederme nada por probar sus sensaciones y ahora me doy cuenta de que cada vez las necesito más y más.

De acuerdo, esta vez será la última que la esnife. Lo juro. Pero también lo juré hace una semana.

Al menos soy firme candidato al premio de teatro y el público me aplaude a rabiar cuando termina cada función.

Y los fines de semana con dos funciones al día … me siento volar.