La (in)decisión

imagen: Pixabay

Salieron juntos cogidos de la mano. Hacía días que la decisión estaba tomada y tras un hermoso paseo de quince minutos, llegaron al lugar.

Se miraron, suspiraron fuertemente, se besaron y corrieron agarrados hacia el acantilado.

En el último momento él se arrepintió y soltó bruscamente la mano y al instante el cuerpo de su amada caía sobre las rocas punzantes azotadas por el mar.

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Incentivos

Hacía casi dos milenios que lo habían crucificado, pero ahora estaba muy satisfecho reencarnado en director general de una multinacional. Después de las trescientas sesenta y dos reencarnaciones anteriores, algunas verdaderamente difíciles, al fin podía disfrutar de un estatus que le estaba gustando.

Eso sí, tomaba algunas decisiones difíciles de entender para sus compañeros de comité directivo, unas contra la discriminación laboral, otras a favor de la conciliación familiar, etcétera.

Pero cuando propuso repartir incentivos entre todos los empleados, el director financiero, le dijo exaltado,

–   Eso ni de coña, aunque viniera Dios aquí

Y claro, le entró un ataque de risa.


Imagen: Montalleri

Rincones

Los rincones vacíos de la casa ya desmantelada, dejaban una sensación de soledad. Espacios geométricos remarcados por el polvo, con la marca evidente de otros tiempos mejores.

Me fijé en el suelo de mi cuarto. Me puse exactamente donde me habías indicado. Medí con exactitud los centímetros hacía el norte y luego hacía el oeste. Toqué las tablas de madera, pero no parecían moverse.

Insistí con fuerza y entonces una de las tablas cedió dejando ver un mínimo hueco donde debía estar la llave que buscaba.

Pero no había nada. Entonces lo entendí todo.

No hay ninguna llave secreta para abrir el corazón.

Habilidades

Su padre también le dejaba conducir la furgoneta, lo que no era de extrañar, porque a sus dieciséis años ya participaba activamente en los robos de la banda por el método del butrón.

Entró en el grupo hace apenas tres meses con el aval de su padre y rápidamente se ganó el respeto de todos por su enorme habilidad con las herramientas.

Por eso, fue una sorpresa mayúscula para el grupo y no digamos para su propio padre, cuando después del golpe al Banco Comercial del Norte, el chico arrancó velozmente la furgoneta, con un botín de más de cinco millones de euros y desapareció sin dejar el más mínimo rastro, mostrando una vez más a todos sus enormes “habilidades”.

El candidato

Tardaría en encontrar la llave que necesitaba. No quería forzar la cerradura, sino abrir la puerta limpiamente.

Solo así podría buscar el pendrive sin levantar sospechas.

Era cuestión de suma importancia, porque me la estaba jugando y tenía que borrar mi nombre de la lista de clientes de madame Lauzette antes de que se hiciera pública mi candidatura.

Mucho me temo, que un candidato sadomasoquista, no estaría bien considerado en las próximas elecciones.

Perdidos

“No podremos salir del castillo hasta el próximo Halloween”, susurró Laura al borde del llanto.

“No seas quejica”, replicó Iván, “estoy seguro de que papá y mamá nos encontrarán”.

Pero sus palabras fueron solo un intento baldío para animarse. La trampilla del foso de aquél viejo castillo había cedido, en esa maldita noche de máscaras y calabazas.

Se miraron fijamente a los ojos.

“Lo peor de todo es que a este paso, no podremos escribir la carta a Los Reyes Magos” dijo Laura.

“Sí…” dijo ensimismado Iván, “eso es lo peor”.