El plan de ese sábado

El plan de ese sábado era ir al cine y luego picar algo, pero un inoportuno resbalón de una amiga de Blanca hizo que el plan de cancelase. Entonces Blanca pensó en ir a casa de su hermana a ver a su sobrinita de pocos meses, pero la hermana recibía a la familia de su pareja. Finalmente decidió quedarse en casa. Pero al cabo de una hora leyendo, se asomó por la ventana. La tarde primaveral era deliciosa, así que pensó en salir a correr por el parque.

El plan de ese sábado era tranquilo. La partida de póquer con los amigos se había cancelado por compromisos de dos de ellos. Mario decidió que era buen momento para hacer la declaración de la renta y se puso a ello, pero al cabo de solo unos minutos, pensó que no le apetecía lo más mínimo, rodearse de números. Mejor iría al centro comercial, porque necesitaba comprarse unos pantalones, pero la tarde era estupenda, así que finamente  optó por salir a montar en bici al parque.

Blanca corría con los cascos puestos y concentrada en sus pensamientos. No se percató que, a la salida de un recodo, le vino enfrente una bicicleta, que por suerte la pudo esquivar, aunque bicicleta y ciclista se fueron al suelo.

Por fortuna todo quedó en un pequeño susto y un rasponazo en el brazo. Tanto Blanca como Mario, se disculparon. Mala suerte, pensaron, puesto que no buscaron culpables del incidente y eso les gustó a ambos.

Después se sentaron un rato en el césped y sencillamente comenzaron a charlar. Pasados unos años siempre que van al parque, recuerdan como se conocieron.

Decía el dramaturgo Friedrich Schiller, que la casualidad no existe y que, lo que parece simplemente azar, es algo que tiene su origen en profundas y misteriosas fuentes.

Podemos decir, por tanto, que nada sucede por casualidad.

Aunque esto siempre será una cuestión muy debatida.

Como hemos cambiado

La primera vez que vi la puesta de sol desde la Playa de La Lanzada era apenas un niño y no podía valorar la belleza de lo que presenciaban mis ojos. Con los años, sin embargo, he ido admirándola más y más hasta disfrutarla plenamente.

Imagen: Montalleri

A veces con mi familia, otras con amigos, otras en esos veranos de playa y enamoramiento y algunas veces, contigo. Recuerdo especialmente un atardecer, juntos, abrazados bajo el fresco viento del fin del verano, preludio de la despedida.

Cuanto hemos cambiado.

Dicen que la melancolía se alimenta de los cambios, incluso de aquellos que son deseados. Porque la vida es un permanente cambio y es, precisamente, la velocidad de ese cambio la que decide nuestro camino.

Desde que escuché esta canción por primera vez, siempre me ha recordado a ti, así que te la dedico, a sabiendas de que nunca vas a leer este pequeño texto.

Ah! Cómo hemos cambiado
qué lejos ha quedado
aquella amistad.

Así como el viento lo abandona todo al paso,
así con el tiempo todo es abandonado;
cada beso que se dá, alguien lo abandonará.

Así con los años unidos a la distancia,
fue así como tú y yo perdimos la confianza;
cada paso que se dio, algo más nos alejó.

Lo mejor que conocimos,
separó nuestros destinos
que hoy nos vuelven a reunir;
tal vez si tú y yo queremos
volveremos a sentir aquella vieja entrega. Ah! Cómo hemos cambiado
que lejos ha quedado aquella amistad.
Ah! ¿qué nos ha pasado?
cómo hemos olvidado aquella amistad.

Y así como siento ahora el hueco que has dejado
quizás llegada la hora vuelva a sentirte a mi lado
tantos sueños por cumplir, alguno se ha de vivir.

Lo mejor que conocimos,
Separó nuestros destinos
Que hoy nos vuelven a reunir;
Tal vez si tú y yo queremos
Volveremos a sentir aquella vieja entrega.

Ah! Cómo hemos cambiado
Que lejos ha quedado aquella amistad.
Ah! ¿qué nos ha pasado?
Cómo hemos olvidado aquella amistad.

 

Live Music

El ambiente estaba cargado, los camareros zigzagueaban entre las pequeñas mesas redondas. Esperé pacientemente sentado, sin más compañía que mi bebida. El viejo y agradable local de Greenwich Village, tenía un toque decadente, añoranza de un pasado mejor.

Salió el grupo, un cuarteto excepcional que interpretó dos temas, tras los cuales, él entró en escena entre los aplausos del público. Con su voz contundente saludó y acto seguido comenzó con una versión sublime de “Summertime”, que me resecó la boca, pero no el alma. Continuó con “Blue train”, “Footprints” y otros temas que me hicieron vibrar.

De ahí en adelante estuve levitando musicalmente al ritmo de su trompeta y de mis copas. Y por fin, nos obsequió con una desgarradora versión de “So What”, mi tema favorito.

Al terminar la actuación le eché todo el valor posible y me acerqué a la barra donde se encontraba con su gente, y superando la dura mirada de varios de sus acompañantes, me presenté y me dio la mano con energía obsequiándome con una apacible sonrisa.

Hablé con él apenas un minuto, tiempo suficiente para recordar siempre el momento. Salí del local. Hacía mucho frío, la ventisca dificultaba andar por las calles de Nueva York.

Tenía apenas veinte años y había gastado todos mis ahorros en este viaje, pero ya en mi habitación, me dí cuenta de que nunca volvería a tener una noche así.

Insurrección

A mediados de los ochenta, “El Último de la Fila” interpretaba este tema, “Insurrección” escrito por el inigualable Manolo García icono del pop-rock español de los 80 y 90´s.

Donde estabas entonces cuando tanto te necesité”. Así empieza esta inmensa canción, que se convirtió en mítica para los que vivimos de cerca la movida.

El tema fue clasificado por la revista Rolling Stone en el número 12 de las 200 mejores canciones del pop-rock español, según el ranking publicado en 2010 (Wikipedia).