“F”

Desde joven F. fue una personalidad compleja. Licenciado en Derecho, estudió la carrera por imposición de su padre y ejerció durante un tiempo como abogado, pero F. era por encima de todo un artista.

Concebía el arte como expresión y reflejo del subconsciente, el último refugio en el que se protegía. Volcado en su mundo interior, escapando a las tendencias y acercándose al aislamiento en busca de paz y silencio.

Pese a ello disfrutó de unos años luminosos y coloristas, en los que reflejó un expresionismo optimista. Todo ello antes de caer en un estado depresivo en el que pintaba compulsivamente proyectando en sus obras sus temas obsesivos: dolor, abandono, soledad. Su expresionismo figurativo fue bien considerado por los críticos, aunque F. renegaba de ellos.

Igual que Francis Bacon que era su pintor más admirado, F. estaba excepcionalmente dotado para el dibujo como lo estuvo para la pintura y en su obra se aprecia la influencia decisiva del pintor irlandés. 

Una mañana F. decidió pintar su último autorretrato, curiosamente sin ojos, apenas unas horas antes de quitarse la vida. Como si hubiera decidido no ver su propio final. Los que tuvimos la fortuna de conocerle tenemos un recuerdo imborrable, mezcla de espiritualidad y fugacidad, mezcla de genio y eclecticismo. 

F. fue un artista en toda la extensión de la palabra, pero ante todo fue un hombre tan atormentado como inteligente, en un mundo que, sin embargo, nunca llegó a entender por completo.

Pd: me hubiera gustado acompañar este texto con una de sus obras, pero  me consta que no es el deseo de su familia ni tengo permiso para ello. En su lugar acompaño el texto con un paisaje de la sierra madrileña donde nació, vivió y puso fin a la aventura de su vida.

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Hormigas

Desde la ventana las veo pasar ante mí. Van y vienen a velocidades diferentes, aparentemente sin destino. Las hay que salen presurosas de sus hormigueros, visten de maneras diversas, trajes, camisetas, faldas, gorras… llevan diferente aparataje, bolsos, maletines, ordenadores portátiles, cables colgados de las orejas mientras menean la cabeza al ritmo de su música… y sobre todo móviles que miran una y otra vez incluso cuando están cruzando las calzadas.

Hay hormigas que van comiendo y bebiendo para no perder tiempo en el desayuno. Hay hormigas que hacen cola pacientemente para subir al autobús aunque a veces se empujan entre ellas. Hay hormigas que montan en su coche dejando un hueco libre para que al instante, otra hormiga aparque allí su vehículo.

Hay hormigas que corren en busca de quién sabe qué y otras que caminan conversando o incluso de la mano de otra hormiga mientras se les escapa un tímido beso. Visto desde mi ventana me parece alucinante.

De repente miró el reloj, marca las siete y media, así que cojo mi maletín y salgo apresurado de mi hormiguero para perderme en los mil caminos sin fin emprendidos por mis congéneres.

La casa de tócame Roque

Mi abuela Encarna decía que su casa en verano era como “la casa de tócame Roque” curiosa expresión popular cuyo significado comento al final del texto.

Allí nos juntábamos los primos de todas las ramas, más amigos y amigos de los amigos en un batiburrillo de personas y personajes que daba vida a la enorme casona de la abuela en los deliciosos días del agosto asturiano.

Allí dormíamos los chicos por un lado y las chicas por otro y por otra parte estaban los mayores, mis padres, mis tíos y los amigos de “noséquién” y la abuela Encarna que tenía un cuarto precioso con balconcito y todo.

Yo dormía muy bien pero algunas noches solía escuchar unos extraños sonidos que provenían de la cama de mi primo Javi, y que parecían como extraños jadeos. Recuerdo que una noche entraron en el cuarto de repente, mi madre, mi tía, y mi tío Angel recién llegado de París donde vivía. La llegada de mi tío era siempre bienvenida porque nos traía regalos muy chulos a todos y porque siempre tenía unas historias fantásticas que nos contaba en el jardín en esas noches frescas en las que la chaqueta o la rebeca no sobraban.

Pues bien, todos los chicos nos levantamos a saludarle y abrazarle, excepto mi primo Javier que se quedó como colapsado bajo la colcha.

Javi cariño, saluda al tío Angel insinuó mi madre, pero Javi rojo como un tomate dijo con la cabeza que no, que se encontraba regular. Ante la insistencia de tía Gertrudis, Javi le pegó un alarido con un no rotundo y ansioso. Tío Angel le quitó hierro,

Venga mañana hablamos. Buenas noches a todos.

Me quedé preocupado pero me dormí en seguida. A la mañana siguiente le pregunté a Javi por su reacción y este me dijo que le habían pillado en plena paja.

-¿Qué es una paja? Pregunté. Javier era tres años mayor que yo y su opinión siempre era muy respetada por mí.

– A ver enano, tu tienes 11 años, aún eres pequeño, así que de momento no te interesa el tema.

En realidad a mi cualquier cosa que motivara semejante grito a la tonta de la tía Gertrudis me interesaba sí o sí. Así que insistí en mi pregunta y mi primo me contestó aturullado tan solo un inicio de respuesta…

– Pues es cuando…cuando…te das …pues eso…

Pero yo no entendía nada y Javi dijo que era aún muy pequeño para entenderlo por lo que le dije que se lo preguntaría a mi madre. Javier  muy alterado me dijo que ni se me ocurriera hacer eso.

Así que se lo tuve que preguntar a mi hermano Fernando de 16 años que comenzó a reírse y a mi prima Sarita que salió corriendo llamándome cerdo o algo así. Al final fue mi amigo Juanito el que me puso sobre aviso de algunos cambios en mi cuerpo. Pero yo no iba a quedarme sin respuesta más concreta porque el tema me interesaba.

El día 15 de agosto festividad de la virgen, nos reuníamos todos a comer y a los postres, me puse de pie y muy serio y muy digno dije a todos los comensales

– alguien me puede explicar que es eso de hacerse una paja.

Mi madre se llevó las manos a la cabeza, mi padre se atragantó, mis primos y tíos me miraron con una mezcla de sorpresa y sonrisa, mi primo Javier y mi hermano soltaron una carcajada, tía Gertrudis invocó a no se cuantas virgenes y dijo algo de limpiarme la boca con lejía, mi prima Sara se escondió tras la servilleta. Y el resto se mantuvo en silencio.

Un silencio tenso y cortante hasta que el tío Angel soltó una carcajada inmensa y larga que siguieron casi todos los comensales entre toses y lagrimas de risa mientras la abuela Encarna, me daba un cariñoso tirón de orejas y unos sonoros besos de abuela.

Digo que no todos los comensales rieron, porque tía Gertrudis se levantó de la mesa vociferando e inquirió a su hija Sarita que hiciera lo mismo, pero mi prima ya había comenzado a reírse también, mientras le guiñaba un ojo a mi primo Javier…


La casa de tócame Roque

Paréntesis

Hace poco hablando del cambio climático, de las evidencias del mismo y de aquellos que lo niegan, llegué a la conclusión de que mi vida también sufre un cierto cambio climático, por llamarlo de alguna manera.

Desde un punto de vista emocional, yo también paso del sol a la nieve, de la sequía a las tormentas en apenas unos días y eso no me gusta porque descabala mis argumentos. Sin embargo como ventaja, me permite aprender a improvisar y a mimetizarme con lo que me rodea como si de un insecto palo se tratase.

Es una lucha constante con el entorno, que a veces me agota. Es cierto que tengo mis satisfacciones y alegrías, básicamente a través de mis hij@s, pero no es menos cierto que hay momentos de brumas y de nieblas que me impiden ver con claridad suficiente mi entorno. Nieblas en forma de problemas de trabajo o de complejidades familiares pero también en mi mundo más cercano y personal, donde a menudo soy un mar de dudas, ignorando si mis movimientos son los acertados o no, por mucha buena voluntad que tenga.

Este blog ha sido un buen desahogo, no solo porque he dado rienda suelta a mis ideas y a mis inquietudes, sino especialmente por vosotr@s mis lectores. Yo creo que todos dejamos una huella de nosotros mismos en cada uno de nuestros textos. Y por eso quiero aprovechar estas líneas de mi último post de la “temporada”, para agradeceros vuestra presencia, vuestras visitas y comentarios.

Voy a hacer un paréntesis, para reordenar mi propio “cambio climático personal” y en septiembre amenazo con volver a publicar y por supuesto a leeros, para seguir aprendiendo de vosotr@s, de vuestras maneras de sentir la vida, aquí o allá, en este mundo virtual en el que las distancias no se miden en kilómetros.

Un abrazo a tod@s y feliz verano o invierno según las latitudes.

Nos vemos y nos leemos en septiembre. ¡¡ Hasta la vuelta !!

¿Campo de batalla?

Fui designado por la cohorte para atravesar el campo de batalla. Mi envergadura garantizaba cuando menos alguna posibilidad. Apoyado por mi grupo de asalto, la lucha fue titánica, a veces con los brazos, a veces con las piernas, entre gritos guerreros, mezclados con muecas amenazadoras y algunas sonrisas para despistar al adversario.

Pero pese a ello, el objetivo se mantenía alejado aún.

Fue necesario un esfuerzo final a base de caderazos y golpes de hombro, para conseguir acercarme al destino, a mi fin de etapa, a mi felicidad. Por eso cuando alcancé la barra del atestado bar para pedir las bebidas y esos pinchos deliciosos, no pude disimular mi cara de alegría.

Faltaba eso sí, la segunda parte, llegar a mi mesa, pero para eso tenía preparado el grupo de contención de legionarios, que no escatimaría esfuerzos para que los Riojas, las cervezas, las chistorras, los pinchitos de bacalao, de morcilla, de setas, de pulpo,  los pimientos rellenos, las bravas y el pan, llegaran a buen término a la mesa que escoltaban dos poderosos e infranqueables gladiadores. 


Nota: basado en hechos reales acaecidos la noche de San Juan, en Haro (La Rioja), una visita y una experiencia absolutamente recomendable.


 Imagen: de mi cosecha personal

Suerte

Interiorizas tu vida como el personaje de una película de la que eres actor y director, cuando de repente, tu vida ordenada y apuntalada sufre un movimiento sísmico que descoloca tu propia esencia.

Te ves obligado a reescribir tu guión y te das cuenta de que tenías cartas ocultas bajo un manto de polvo, que nunca quisiste usar, quizás por cobardía, quizás por desconocimiento.

Exploras tu personalidad que creías libre y romántica y ahora la percibes como aniquiladora de tus propias emociones. 

Pese a ello, no te estancas y no eres prisionero de tu situación, al contrario, trabajas e improvisas cuanto sea necesario en esas ideas por imprevisibles que puedan parecer en una dimensión a veces poética, a veces temblorosa, con una fuerza palpitante que supera al mundo que te rodea. 

Y  afrontas el reto de cara, aún sabiendo que solo un cruce de caminos, casuales, físicos y emocionales, te permitirá alcanzar el objetivo e intuyendo incluso, que ese final ya no depende de tí. 

Ojalá tengas suerte en ese viaje.


Imagen: https://pixabay.com