Finlandia

Hoy tres de diciembre hubiera sido el cumpleaños de mi padre, fallecido hace dos años. Pero este post lejos de ser triste, pretende ser un sencillo y entrañable homenaje, porque mi padre tuvo un especial y fino sentido del humor que mantuvo incluso ante las adversidades de una vida tan intensa y larga como la suya.

Una de las peculiaridades de mi padre, era inventarse nuevos significados de palabras, cambiándolos del original y usándolos con absoluta naturalidad. Tenía muchas palabras y expresiones sorprendentes. Algunas eran claramente intencionadas y otras sencillamente geniales como la que da título a este post: Finlandia.

Mi padre adjetivaba la palabra y con ella le daba un nuevo significado, el de una persona que resulta molesta, que cae mal, que es muy pesada. Todo eso se resumía por tanto, en “tenerle Finlandia”. De ahí que dijera sin rubor que le tenía Finlandia a tal o cual persona, es decir, que no le caía precisamente muy bien que digamos.

Lo curioso del caso, es que empleaba la palabra con naturalidad y solo ante la cara de asombro de sus contertulios, explicaba (y no siempre) el significado de la misma.

Tal vez por eso, cuando escucho a alguien hablar de Finlandia no puedo evitar una sonrisa…

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Forasteros

Contaba mi abuela que en el pueblo solían poner motes a los forasteros cuando llegaban. La noticia era bien conocida y cuando Mario se estaba acercando al pueblo fue advertido de semejante costumbre.

Así que Mario se echó a reír y dijo con su enorme vozarrón, “pues de mí, poca leche van a sacar” y acompañó sus palabras con una sonora risotada.

Y esa es la historia, porque podéis imaginaros el mote que le pusieron en el pueblo: el “poca leche”.

Y con ese apodo se quedó para siempre, tanto él, como sus hijos y sus nietos. A día de hoy solo los más mayores del pueblo recuerdan los motes y suelen dirigirse a lugareños y visitantes usándolos, por ejemplo hablando del nieto del “poca leche” y cosas así.

La pena es que este uso se ha ido perdiendo, pero siempre me ha parecido realmente divertido y eso que os puedo asegurar que había motes verdaderamente crueles, aunque en esa época, generalmente la gente se lo tomaba con humor… y con resignación.


imagen: Abaurrea (Navarra)

Lápida

Que Jimmy Stapleton era especial ya lo sabíamos todos. Pasaba por ser un tipo raro, a veces huraño, pero tenía buen corazón….

Hasta que le falló.

Irónico y sarcástico a veces era un tanto cruel en sus apreciaciones. Su sentido del humor era peculiar, incluso de mal gusto pensaban algunos. Pero Jimmy en las distancias cortas era muy buena persona.

Por eso el día de su entierro, el camposanto estaba repleto de amigos, conocidos e incluso no tan conocidos que sentían de veras su fallecimiento. Terminado el acto, los trabajadores del cementerio procedieron a tapar el nicho con la lápida en la que a muchos sorprendió el epitafio.

Decía así: WT891gmR456PxRy102u

Nos quedamos mirando las letras doradas sobre la lápida, pero nadie se atrevió a decir nada, hasta que Margaret su pareja, nos dijo sollozando:

– Supongo que os preguntaréis que son esas letras y números. Ya sabéis que Jimmy era generoso, por eso la combinación sobre la lápida, no es otra cosa que la contraseña de su Wifi, para el que quiera usarla. Dejó pagado el servicio todo el año.

Genio y figura hasta la sepultura….

Otro intruso

Hace un tiempo publiqué una entrada titulada “Intruso bienvenido”. Hoy casi repito título con este otro intruso que me encontré en el supermercado. Perdido, temeroso, necesitado de ayuda.

Yo buscaba espárragos de Navarra pero de los de verdad, no envasados en Navarra y provenientes de China o Perú. Los quería navarros de solera. Y entonces ví al pajarillo con cara de preocupación, como diciendo “en buen lío me he metido”.

Ayudar a un pájaro asustado no es difícil sino dificilísimo, pero como soy tauro y tozudo, con paciencia y mucho tacto, conseguí convencerle de que su lugar no era ese. Y me llevó tiempo, pero bastante tiempo, aunque al final cuando le soltamos, todo fue compensado con la alegría de verle de nuevo en su hábitat.

En cierta medida, el pájaro casi rendido, se dejó ayudar. Tal vez su instinto le señaló que ese humano tan grande quería ayudarle.

Eso me ha llevado a dos reflexiones; por un lado, para ayudar es necesario quién ayuda pero también quién se deja ayudar. A menudo sucede que hay personas cuya negatividad les lleva a deshechar una ayuda sincera y desinteresada. Y eso es un problema.

La segunda reflexión es más gastronómica. Porque parece mentira que sea complicado encontrar espárragos originales de Navarra. A mi eso me importa mucho porque me encantan. Aunque ahora que lo pienso, no sé si al pajarillo le pasaría lo mismo porque a fin de cuentas, se quedó clavado en el estante de los espárragos.

“F”

Desde joven F. fue una personalidad compleja. Licenciado en Derecho, estudió la carrera por imposición de su padre y ejerció durante un tiempo como abogado, pero F. era por encima de todo un artista.

Concebía el arte como expresión y reflejo del subconsciente, el último refugio en el que se protegía. Volcado en su mundo interior, escapando a las tendencias y acercándose al aislamiento en busca de paz y silencio.

Pese a ello disfrutó de unos años luminosos y coloristas, en los que reflejó un expresionismo optimista. Todo ello antes de caer en un estado depresivo en el que pintaba compulsivamente proyectando en sus obras sus temas obsesivos: dolor, abandono, soledad. Su expresionismo figurativo fue bien considerado por los críticos, aunque F. renegaba de ellos.

Igual que Francis Bacon que era su pintor más admirado, F. estaba excepcionalmente dotado para el dibujo como lo estuvo para la pintura y en su obra se aprecia la influencia decisiva del pintor irlandés. 

Una mañana F. decidió pintar su último autorretrato, curiosamente sin ojos, apenas unas horas antes de quitarse la vida. Como si hubiera decidido no ver su propio final. Los que tuvimos la fortuna de conocerle tenemos un recuerdo imborrable, mezcla de espiritualidad y fugacidad, mezcla de genio y eclecticismo. 

F. fue un artista en toda la extensión de la palabra, pero ante todo fue un hombre tan atormentado como inteligente, en un mundo que, sin embargo, nunca llegó a entender por completo.

Pd: me hubiera gustado acompañar este texto con una de sus obras, pero  me consta que no es el deseo de su familia ni tengo permiso para ello. En su lugar acompaño el texto con un paisaje de la sierra madrileña donde nació, vivió y puso fin a la aventura de su vida.

Hormigas

Desde la ventana las veo pasar ante mí. Van y vienen a velocidades diferentes, aparentemente sin destino. Las hay que salen presurosas de sus hormigueros, visten de maneras diversas, trajes, camisetas, faldas, gorras… llevan diferente aparataje, bolsos, maletines, ordenadores portátiles, cables colgados de las orejas mientras menean la cabeza al ritmo de su música… y sobre todo móviles que miran una y otra vez incluso cuando están cruzando las calzadas.

Hay hormigas que van comiendo y bebiendo para no perder tiempo en el desayuno. Hay hormigas que hacen cola pacientemente para subir al autobús aunque a veces se empujan entre ellas. Hay hormigas que montan en su coche dejando un hueco libre para que al instante, otra hormiga aparque allí su vehículo.

Hay hormigas que corren en busca de quién sabe qué y otras que caminan conversando o incluso de la mano de otra hormiga mientras se les escapa un tímido beso. Visto desde mi ventana me parece alucinante.

De repente miró el reloj, marca las siete y media, así que cojo mi maletín y salgo apresurado de mi hormiguero para perderme en los mil caminos sin fin emprendidos por mis congéneres.