Mi amiga Irma

Imagen: Montalleri

En la terapia de relajación nos preguntaron sobre los momentos duros, vividos recientemente y en los que pensáramos de una manera recurrente.

Cuando me tocó el turno, expliqué que no me quitaba de la cabeza, la tragedia de Irma. Entonces saqué mi cajita y la abrí para que pudieran contemplar lo que sucedía.

-Vivimos ajenos a las tragedias que nos rodean, -les expliqué-, porque las arañas tienen ocho patas e Irma solo tiene siete. -¿No es suficiente tragedia? –pregunté-. 

Solo Paquito, Mendo y la Pelos me aplaudieron. Los demás me miraron incrédulos, incluso Martita se asustó.

Entonces don Nicanor, que es el terapeuta, me cogió la cajita, abrió la ventana y tiró fuera a Irma, diciendo que éste no era sitio para arañas…

Y claro en buena lógica, yo le empujé a él por la misma ventana.

Ahora a don Nicanor también le falta una pata y seguro que ya comprende mejor a Irma.

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Elemental …

-Pase, pase Wilson, ¿qué tal ha ido todo?

-Pues no sabría cómo definirlo inspector…

El sargento Wilson acudió al lugar del crimen, encontrando una escena absolutamente dantesca. Ni él, ni sus dos acompañantes, ni el equipo forense, esperaban  encontrar una situación así. Wilson tenía que preparar el informe preliminar, pero antes necesitaba hablar con el inspector O´Cloughy

-Vamos Wilson, que ya son muchos años, usted es un experto, seguro que tiene ya una idea de cómo sucedió todo. Siéntese y cuénteme

Wilson, resopló y comenzó a sudar de puro nerviosismo…

-No va a ser sencillo inspector: en el dormitorio principal yace sobre la cama la abuela. Tiene heridas por todo el cuerpo, algunas son mortales de necesidad, producidas sin duda por un animal. La señora mantiene apoyada en su mano derecha una Magnum automática… Al fondo una joven con un gorro y un abrigo rojos. Tiene en su brazo izquierdo una aguja clavada, que aún contiene un líquido pendiente de analizar. Parece una muerte por sobredosis…  Al pie de la cama, el cuerpo de un lobo, abierto en canal y a su alrededor entre las tripas, se distinguen bolsas con droga… Y cerca de la ventana el cuerpo de un hombre, parece un leñador, tiene cerca de su brazo un hacha. Presenta un balazo certero en medio de la frente con orificio de salida. Muerte en el acto.

-¿Alguna conjetura Wilson?

-No señor, me veo incapacitado para intuir lo sucedido, es complejo

-¿Complejo? Por Dios, pero si está clarísimo… A ver, todo parece indicar que el lobo atacó a la abuela, probablemente porque explotó alguna de las bolsas de droga que llevaba en el estómago y se volvió “loco”, a continuación el leñador salió en defensa de la mujer y mató al lobo abriéndolo en canal con su hacha, pero la abuela instantes antes de palmar, presa de los nervios apretó el gatillo de su Magnum con tan mala suerte que acertó de pleno en la cabeza del leñador que estaba destripando al lobo y por último, la joven de rojo, se encontró la escena y presa de la confusión y del disgusto por la muerte de la abuela y viendo que había bolsas con droga alrededor del cuerpo del lobo, decidió meterse un chute que resultó excesivo, ya que la droga estaba seguramente adulterada y palmó. Me queda la duda del motivo por el cual el lobo llevaba la droga en su interior. Se lo comentaremos a narcóticos.

Wilson le miró sorprendido de tan extraña versión…

-¿Qué le parece? -preguntó O´Cloughy- Venga prepare el informe…

-Verá inspector a mi me parece extraño que…

-Wilson, no me toque los huevos, ¡¡a trabajar!!

Farola

Imagen: Montalleri

No es que una farola sea un lugar especialmente romántico, pero todas las tardes, hay parejitas que se suben a lo más alto para hacerse arrumacos.

Las veo desde la ventana de mi cuarto alquilado.

Antes de quedarme en paro y de separarme, cenaba opíparamente.  Siempre he sido un poco tragón.

Desde hace unos meses, ceno paloma dos veces a la semana, la carne es dura, pero doña Herminia las cocina en pepitoria y quedan bastante sabrosas.

A veces me tiembla el pulso, pero espero que hoy se me dé bien con la escopeta de perdigones.

Interpretación

James Dixon se llamaba en realidad Benjamin Custer Whitehorse.

Cuando comenzó su carrera de actor, se cambió el nombre por uno más sencillo de recordar por el público.

Después de pasar sin pena ni gloria por películas de serie B, le había llegado la oportunidad de un papel que, pese a ser secundario o de reparto, era básico en la trama del film y en el que sin duda, podría lucirse.

El director era Jacob Wilson, un veterano curtido en mil batallas, nominado dos veces al Oscar. Un hombre de casta y con fama de huraño, pero también un reputado director.

El actor principal era nada menos que Elton Radcliffe, ganador de dos Oscar.

A mitad de película, compartía con él, las escenas más intrigantes y decisivas para el desarrollo de la trama.

Sin embargo, la toma en el bar de carretera estaba siendo complicada. Era una escena fuerte, con violencia verbal, se precisaba firmeza y James no terminaba de cogerle el punto.

Hicieron diez tomas, pero Mr.Wilson no estaba convencido con la aptitud de James.

-Joder Dixon, necesito un cabronazo para esta escena, no me vale esa mueca que pones, ni que grites. Te lo he repetido mil veces, no necesito que grites, sino que hables con dureza extrema, coño que les estas amenazando. Que se acojonen de verdad. Tienes que estar creíble.

Mientras tanto, Elton Radcliffe comenzaba a estar cansado de repetir la escena y se permitió criticar a James.

-A ver chico, ¿tu has visto a Clint Eastwood alguna vez? Clint Eastwood no hace de malo, sino de “hijodelagranputa”. ¿comprendes la diferencia? Así que aplícate joder, que llevamos dos horas para la escenita.

James Dixon, afectado por las palabras recibidas, que además se dijeron delante de todo el equipo, se comprometió a poner  su máximo empeño.

Tras unos minutos de descanso, de nuevo la claqueta anunció el inicio de la grabación: “El ángel de Tampa”, escena 28, toma 11 y el director gritó: -¡Acción!

Esta vez James salió con serenidad y con una cara fiera comenzó su interpretación, mostrándose imperturbable y duro.

-Caramba, pensó Wilson, esta vez lo está bordando.

Al final de la escena, James amenazaba con un revolver a Elton. Fue una escena espectacular, James estaba sublime, sudando a chorros pero con una cordura en el punto exacto que le pedía el director.

Cuando, de repente, disparó el revolver y le boló la cabeza a Elton Radcliffe. Entonces, giró su cabeza hacía Wilson y sonriendo le preguntó ¿he estado creíble, jefe? Acto seguido salió del escenario, ante la absoluta sorpresa y desconcierto de todos.

Fue detenido esa misma tarde, cuando se tomaba tranquilamente una cerveza.

La productora decidió mantener la escena, cortando el final.

La película no recibió grandes críticas, pero fue el mayor éxito de taquilla de la temporada.

Meses después, mientras James estaba ya en la cárcel, le llegó la noticia de que la Academia de Cine le había nominado a Mejor Actor de Reparto.

El plan de ese sábado

El plan de ese sábado era ir al cine y luego picar algo, pero un inoportuno resbalón de una amiga de Blanca hizo que el plan de cancelase. Entonces Blanca pensó en ir a casa de su hermana a ver a su sobrinita de pocos meses, pero la hermana recibía a la familia de su pareja. Finalmente decidió quedarse en casa. Pero al cabo de una hora leyendo, se asomó por la ventana. La tarde primaveral era deliciosa, así que pensó en salir a correr por el parque.

El plan de ese sábado era tranquilo. La partida de póquer con los amigos se había cancelado por compromisos de dos de ellos. Mario decidió que era buen momento para hacer la declaración de la renta y se puso a ello, pero al cabo de solo unos minutos, pensó que no le apetecía lo más mínimo, rodearse de números. Mejor iría al centro comercial, porque necesitaba comprarse unos pantalones, pero la tarde era estupenda, así que finamente  optó por salir a montar en bici al parque.

Blanca corría con los cascos puestos y concentrada en sus pensamientos. No se percató que, a la salida de un recodo, le vino enfrente una bicicleta, que por suerte la pudo esquivar, aunque bicicleta y ciclista se fueron al suelo.

Por fortuna todo quedó en un pequeño susto y un rasponazo en el brazo. Tanto Blanca como Mario, se disculparon. Mala suerte, pensaron, puesto que no buscaron culpables del incidente y eso les gustó a ambos.

Después se sentaron un rato en el césped y sencillamente comenzaron a charlar. Pasados unos años siempre que van al parque, recuerdan como se conocieron.

Decía el dramaturgo Friedrich Schiller, que la casualidad no existe y que, lo que parece simplemente azar, es algo que tiene su origen en profundas y misteriosas fuentes.

Podemos decir, por tanto, que nada sucede por casualidad.

Aunque esto siempre será una cuestión muy debatida.

RomanticisNo

Imagen: Pixabay

Miguel era un romántico y ese día más.
Iba a buscar temprano a Blanca, su novia, para desayunar juntos y dar luego un paseo por el parque.
Hacia sus pinitos como poeta amateur, con más voluntad que acierto, pero ese día se lo había currado y entrando en el parque, le dijo…

“Me encanta el rocío mañanero
Posado sobre hojas y flores
Dando brillo cual acero
Y matices a los colores
Mi pensam….”

-Perdona Miguel, pero no te líes… -le cortó secamente Blanca
-¿A qué te refieres? -preguntó intrigado
-Pues que no, que no es el rocío… que no…que ha sido el aspersor, que riegan por las mañana a primera hora, que no te enteras…