Bollos

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Le manchaba los dedos de harina al entregarle el paquete, pero daba igual, Ana lo recogía entusiasmada, porque sabía que eran unos bollos especiales, un lujo en esos años de posguerra. Como siempre, se los entregó a su madre que hizo el reparto habitual, llevándose el bollo más grande a su cuarto.

En una ocasión, Ana se encaprichó del bollo grande, y al morderlo encontró en su boca restos de papel escrito. Su madre al echarlo en falta dentro del paquete, entró en pánico y pensó en huir de la casa. Tardaron unas horas en descubrir que los dientes de Ana se llevaron el mensaje semanal del marido huido.

Sacapuntas

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El lápiz con el que ella, cada mañana, se lo dibujaba, había desaparecido y también los dibujos. Pensó que era muy extraño y se dio cuenta del silencio que reinaba en su casa. Respiro hondo y no quiso preocuparse.  Pero pasadas unas horas comprendió que también ella había desaparecido.

Hizo un esfuerzo y recordó que la noche anterior le había sacado punta a todos los lapiceros. La medicina tenía efectos en su memoria. Vagamente percibió que habló con ella… pero no recordaba más. En la habitación contigua una enorme mancha de sangre le hubiera indicado cuan punzante estaba la punta del lápiz.

Europa

pisadas arena

Las palabras que ha aprendido por la noche quedan grabadas en su memoria, siempre referenciadas a un mundo muy diferente.  La habitación de la pensión es diminuta y amueblada con piezas encajadas como en un puzle.  Las paredes hablan de sentimientos y de emociones, que él capta para sí como si de un tesoro se tratase. Incluso entre los gritos detecta expresiones que escribe velozmente con un lápiz en su pequeña libreta de mano, aún a riesgo de no escribirlas bien. Pero eso no importa.  Lo verdaderamente importante es que al día siguiente pueda usarlas como pasaporte para una integración tan difícil en la añorada Europa.

Distancia

planeta-tierraDesde el otro lado del planeta me llamaste a gritos. Escuché tu voz, tu llanto, tu risa, tus dudas, tus temores, y por supuesto también los míos. No hay ninguna ley física que diga que solo hay tres dimensiones. En realidad, me da lo mismo, no me preocupa. Tanto tú como yo sabemos que nuestra distancia emocional es de dimensiones casi planetarias pese a los cincuenta metros cuadrados que compartimos.