Sordera

Imagen: themetalcircus.com

Mi madre me decía que iba a terminar sordo de escuchar música con los cascos y con el volumen al máximo. Yo le contestaba que era necesario, porque si no escuchaba la música así, era como que no me “llegaba”. Cosas de jóvenes.

Lo que mi madre no me advirtió es que con semejante ruido en mis oídos no me iba a enterar de lo que pasaba a mis espaldas.

Solo las luces de los coches policiales que destellaban a través de las ventanas, me hicieron pensar que algo extraño estaba sucediendo.

No puedo quitarme de la cabeza las escenas que vi en la cocina de casa después del violento atraco en el que mi madre quedo malherida.

Ni tampoco puedo olvidar el temazo de Iron Maiden que estaba escuchando.

Bahhh, creo que mi madre exagera, porque ¡¡¡no me he quedado sordo!!!   

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Golosa

Imagen: Montalleri

Es Golosa como pocas, no le importa correr el riesgo de ser aplastada sobre la mesa. Muchos la consideran una visita incómoda, incluso peligrosa.

Hoy sin embargo, es su día de suerte. Se ha topado conmigo.

Me gustan los insectos desde pequeño, así que observo como se “zampa” el azúcar detenidamente y durante un buen rato, sin prisas.

Terminada la faena y terminado también mi café, veo como el camarero se acerca con su bandeja. Entonces ahuyento a mi visitante, antes de que el camarero termine con la historia drásticamente. Y se echa a volar con parsimonia.

Supongo que si pudiera razonar, pensaría en lo pesado que es ese humano que la ha ahuyentado ahora que tenía la panza llena de azúcar, sin dejarle ni siquiera echarse una siestecita al sol.

No tendrá una vida larga, pero hoy no era el día designado para su final. 

El enigmático caballero Galés – 3

El enigmático caballero Galés, capítulo 3 y último

El capítulo 1 está aquí…

El capítulo 2 está aquí…


Snowdonia- Gales

Siguiendo las instrucciones de Eleanor, los galeses ofrecieron información parcial al escocés infiltrado, en temas que, sin ser cruciales, demostrarían la bondad de sus informaciones. Como quiera que Glenn podía salir y entrar de la villa libremente, Eleanor y sus hombres estaban convencidos que en el cercano bosque traspasaría su información a esbirros del Conde de Cheddelton. Por desgracia la situación costó algunas vidas galesas en las escaramuzas que vinieron a continuación, pero era vital que el enemigo cogiera confianza con las informaciones que recibía del espía. Cada vez más interesantes, cada vez más arriesgadas.

Los galeses deseaban entrar en batalla cuanto antes y tomar posiciones inglesas, pero Eleanor que no era anexionista sino defensora de su territorio, les convenció de la ventaja de ser pacientes.

-Caballeros, nuestro objetivo es defender nuestro territorio dando un escarmiento al enemigo. Por tanto, no queremos anexionar tierras inglesas lo que solo provocaría la solidaridad de otros condados con Cheddelton y nuevos ataques en cuanto se reagruparan las fuerzas. Eso no quita para que les provoquemos según nuestros planes.

Y Eleanor mostró su sonrisa…

Con la llegada de la primavera, se planeó con detalle una incursión en tierras inglesas para tomar varias aldeas fronterizas de importancia estratégica que además eran ricas en ganado. Glenn asistía a casi todas las reuniones sobre el futuro ataque y en muestra de agradecimiento se le dotó de una unidad de caballería. Su compañero de batalla era el francés Guilles de Gouzon, por lo que su suerte está prácticamente decidida en cuanto se iniciara la lucha.

Siempre vigilado, Glenn iba traspasando su información a los esbirros del Conde que se mostraba cada vez más emocionado con la idea de dar un escarmiento a los galeses y tomar prisionera a esa mujer que les guiaba a la que sometería a escarnios inimaginables.

Mientras tanto, Eleanor y sus hombres de máxima confianza analizaban los posibles movimientos de los ingleses basándose en la lógica guerrera, intuyendo el lugar en el que probablemente serían atacados a partir de la información segmentada que el escocés les enviaba.

– Caballeros, necesito lo mejor de todos vosotros. Será duro y tendremos bajas, pero hemos de enseñar el colmillo a nuestro enemigo para salvaguardar nuestro territorio.

Un grito de todos los guerreros fue la respuesta unánime, mientras aporreaban con fuerza la mesa alrededor de la cual estaban sentados.

La trampa estaba a punto de ser realidad y el cazador sería cazado. La orografía de la zona  ayudaría a que la sorpresa fuese aún mayor para los ingleses.

Y llegó el día del ataque…

De Wrexham, Inglaterra, salieron dos millares de soldados encabezados por sus Señores, ataviados con las ropas y pinturas de guerra y que se repartieron en dos grupos de mil soldados que bordearían las aldeas que iban a ser objeto de ataque. Los galeses serían pillados in fraganti y masacrados pues Glenn les había dicho que no serían más de quinientos hombres, ya que cerca de mil más quedarían en Conwy y villas cercanas. Con esa victoria diezmarían el ejército galés y a paso firme abordarían el Castillo de Conwy en clara mayoría.

De Conwy, Gales, salieron un grupo de quinientos soldados hacia las aldeas fronterizas. Eran los guerreros más fuertes y despiadados pues su misión era resistir todo lo que pudieran, estaban dirigidos por el inmisericorde Deyan Boncath, mientras más de mil hombres, encabezados por la propia Eleanor, bordeaban el territorio para atacar a los ingleses por la retaguardia. El resto de tropas más los mercenarios encabezados por Diego de Ampudia, sumaban otros trescientos efectivos y cubrían la ruta de huída natural de los ingleses, sin escapatoria por la proximidad del mar. 

Lo que los ingleses no sospechaban era el golpe de efecto de la llegada  a la zona de otros mil guerreros galeses venidos del sur bajo el mando de Arwel Bleddyn y de Ifan Glyndwr que era su líder. 

Los galeses del norte habían contactado y solicitado su apoyo. Las tribus del sur, eran algo recelosas de Eleanor por el hecho de ser mujer, pero su convicción y arrojo durante las negociaciones terminaron por convencerlos. Además aún recelaban más del enemigo inglés, por lo que se unieron a la causa. Y lo más importante era unos excelentes arqueros.

En algún momento de la batalla Cheddelton se daría cuenta de la jugada y ordenaría retirada a Wrexham para resguardarse de la emboscada, donde solo les esperaba la muerte. Deberían atravesar las líneas galesas y los que lo lograran se encontrarían con el furibundo ataque de los galeses venidos del sur. Así sucedió con muchos de los mandos ingleses. Glenn el traidor, fue ajusticiado de inmedato por Guilles.

La derrota inglesa fue severa y por unas semanas Wrexham pasó a manos galesas, hasta que Eleanor dio la orden de regresar a Gales, liberando la ciudad inglesa y evitando como ella misma había previsto, posibles ataques de rescate.

Ya era por todos sabido, que las tropas galesas eran dirigidas por una enigmática dama que vestida de hombre mostraba una fortaleza y coraje que unido a la excelencia de su estrategia, le hicieron ganarse el respeto de los suyos y de sus propios enemigos. Cuentan que el Conde de Cheddelton en su lecho de muerte, llegó a hablar con el enigmático caballero Galés pero sus ojos apenas pudieron distinguirle. Pese a todo, hombre de raza, Cheddelton aún tuvo fuerzas para retarle más allá de donde los dioses les esperaban…

Eleanor y sus ejércitos se ganaron un enorme respeto pero la paz duró apenas unos pocos años. Eran tiempos convulsos en los que no existía el diálogo y solo la palabra de la fuerza podía imponer sus criterios.

El enigmático caballero Galés – 2

Castillo de Conwy

El enigmático caballero Galés, capítulo 2 de 3

El capítulo 1 está aquí…


Al día siguiente Sir Charles reunió a sus nobles encabezados por Evans.

-Como las luchas contra los galeses no dan su fruto, he ideado un plan para introducir un espía entre las huestes del ejército galés, para lo cual enviaremos a Martin Glenn un escocés renegado, corajudo luchador quién pretenderá unirse a las tropas galesas ofreciendo su experiencia en la lucha contra los ingleses. Su origen escocés, su conocimiento de las lenguas gaélicas y el hecho de que no haya participado en las recientes batallas le permite ser un perfecto desconocido para intentar integrarse en el ejército galés. Yo pongo mi mano en el fuego por él.

Una mañana de otoño, Glenn fue interceptado por las tropas galesas camino de Conwy y llevado al castillo. Allí se ofreció para luchar junto a los galeses contra el ejército del Conde de Cheddelton, aportando sus conocimientos de estrategia desarrollados en su país natal Escocia y en Tierra Santa donde había luchado bravamente durante una campaña que se prolongó ocho años, además de su odio irrenunciable hacia la causa inglesa a quiénes acusaba de masacrar a su familia.

Arwel Bleddyn capitán de las tropas galesas, aceptó en principio llevarle al castillo, aunque desconfiando de la casualidad del encuentro. No obstante lo cual, fue llevado a presencia del caballero misterioso y su corte de nobles luchadores.

Pese a lo que ya le habían anticipado en Wrexham, la sorpresa de Glenn  fue inmensa cuando observó con sus propios ojos que el caballero que lideraba las tropas galesas, era en efecto una dama, de pelo corto, brazos fibrosos y gesto severo, en la que destacaba su poderosa y firme mirada. El espía escocés sintió un escalofrío por el cuerpo que no pudo disimular.

-Sed bienvenidos caballero, mi nombre es Eleanor, veo sorpresa en vuestros ojos. No estáis acostumbrados a que una mujer se dirija así a vos. Esa percepción ha de cambiar. Y bien, ¿que podéis ofrecernos para que no seáis degollado de inmediato?

Glenn se expresó en gaélico contando su historia personal en Escocia de continuas luchas contra los ingleses, tras lo cuál marchó a Tierra Santa donde combatió varios años como mercenario ya que él no era cristiano, pero si compartía la idea de liberar la zona del enemigo musulmán.

Fue esa historia la que interesó a Eleanor y sobre la que le pidió detalles.

-Caramba, jamás consideré tener aquí a un cruzado, pero el destino me ha traído no a uno sino a dos, dijo Eleanor señalando a un caballero de enormes barbas y mirada furibunda, al que se dirigió en una mezcla de latín y gaélico.

-Don Diego, si lo desea tiene la palabra, ya que su merced luchó en el bando cruzado para restablecer el control apostólico romano sobre Tierra Santa.

Las respuestas de Glenn a las preguntas de Diego de Ampudia parecieron contentar a los presentes…

-¿Supongo que lucharía contra Irm Abdel al Taleb apodado el temible? preguntó Diego y se entabló una conversación sobre el gran guerrero musulmán, sus métodos, su indudable valor, su estrategia y su ferocidad…

Tras la prueba del interrogatorio Eleanor ordenó que se le diera comida y cobijo al escocés. Con Eleanor de quedaron Diego, Arwell y los principales nobles galeses

-¿Y bien don Diego? Preguntó la dama…

-Es un farsante Milady concluyó el castellano. Miente como un bellaco, errores de apreciación y de lugar y para colmo, Irm Abdel al Taleb no fue ningún jefe musulmán, sino un almohade granadino, un hombre de paz, que hacía vasijas de barro y que por supuesto, jamás luchó en ninguna cruzada. Glenn miente y debe morir de inmediato.

-Estoy de acuerdo señaló Arwell, sin duda esto es una patraña de Evans, debemos devolverle la cabeza del traidor.

-Yo mismo se la cortaré añadió el bravo Deyan Boncath uno de los guerreros más duros del ejército galés.

-O tal vez …no, sugirió Eleanor ante la sorpresa de todos.

Caballeros, tenemos una ventaja importante, sabemos que Glenn es un traidor, pero él no sabe que lo sabemos, ¿me entendéis?

Los caballeros estaban duchos en la batalla, no tanto en el juego de palabras y hubo que explicarles con detenimiento la manera de obrar para que el escocés no sospechara nada.


Continuará …

El enigmático caballero Galés – 1

Imagen: Montalleri, Costa de Gales

El enigmático caballero Galés, capítulo 1 de 3


Eran tiempos turbulentos en pleno S.XIII.

En Gales, zona de guerra desde que empezó la invasión inglesa, las batallas eran tan continuas como crueles.

Al frente de las tropas galesas, estaba un enigmático luchador del que nada se sabia en Inglaterra, salvo que no era en apariencia un fuerte caballero, sino más bien algo enclenque, por lo que era de admirar su destreza con la pesada espada, así como su inmenso valor demostrado una y otra vez.

Vestido de guerra, nada tenía que ver con los brutales cuerpos de sus compañeros de batalla, fornidos luchadores de enormes brazos, inmensos torsos y ojos ensangrentados de rabia. Corría el rumor de que pudiera tratarse del hijo de Owain Jernygan, Conde de Cynwryg, pero como jamás descubría su cara, era tan solo una especulación. El chico tendría ahora unos dieciséis años y bien pudiera haber heredado el valor de su padre.

Esa mañana de primavera, se desató una nueva y brutal algarada cerca de la aldea de Bodelwyddan. Las tropas inglesas querían abrir el flanco norte para avanzar hacia el castillo de Conwy, si lo conseguían asediar seria un duro golpe para los galeses. Al frente del ejército galés, de nuevo el luchador misterioso, perfectamente pertrechado sobre un hermoso corcel.

Con habilidad militar y estratégica las tropas galesas afrontaron a las inglesas con determinación y con el señuelo de una aparente huida, consiguieron que entraran en la bahía desde donde solo encontraron una trampa mortal al ser rodeados por fuerzas menores en cantidad pero dotadas de una enorme habilidad para guerrear.

De vuelta al castillo de Wrexham, los supervivientes, heridos y humillados por las tropas galesas se presentaron ante el Conde de Cheddelton, fiel lacayo del rey de Inglaterra, para afrontar con vergüenza y deshonor las duras palabras que les esperaban. Axel el Conde de Cheddelton se desesperaba con esas noticias…

-¿Cómo es posible que un chiquillo derrote a mis caballeros? Sois la vergüenza de Inglaterra, de vuestra nación y de vuestras familias. ¿Dónde está vuestro honor? Grito lleno de rabia el Conde.

Peter Evans lugarteniente de las tropas tomó la palabra…

-Señor Conde es tremenda la fiereza de esas tropas, su conocimiento del terreno las hace peligrosas y huidizas, y están dirigidas no por un chiquillo sino por el mismísimo demonio, no sabemos si se trata del hijo de Owain Jernygan, pero esas tropas están sobradamente preparadas y además sospechamos que reciben instrucción militar de bastardos franceses y castellanos. Se rumorea que se ha visto por la zona a Guilles de Gouzon y a alguien que podría ser Diego de Ampudia, ambos sucios mercenarios y viejos conocidos que nos odian.

-Señor Evans, venís a mi presencia lloriqueando, buscando excusas, de demonios o de mercenarios. Ya derrotamos una vez a Jernygan y ahora lo volveremos a hacer con ese hijo de puta que les dirige, sea quién sea. QUIERO SU CABEZA AQUÍ EN ESTE SALÓN gritó exaltado el Conde. De lo contrario, más vale que muráis en la batalla, porque aquí os espera el peor de los tormentos por cobardes e inútiles.

Una mañana de otoño, un comerciante de telas de nombre Harold Jenkins llegó a las cercanías de Wrexham donde le esperaban ansiosos los nobles del lugar. Harold en realidad era una especie de “informante” que había aceptado su papel a cambio de la liberación de su hijo de las mazmorras del Castillo de Wrexham donde había sufrido torturas despiadadas. Pese a comerciar en zona de guerra, Harold como tantos otros tenía que vivir y había congeniado con ambas partes en conflicto para ofrecer sus productos en los momentos entre batallas, cuando se alcanzaba una efímera tranquilidad.
Las palabras de Harold llenaron de asombro a Peter Evans y sus compañeros.

– Mi señor, el caballero misterioso es en realidad una dama, sobrina de Jernygan, respetada por todos los hombres y la población que la adora. Es delgada y fibrosa, tiene una mirada que incendia los ojos que se cruzan con los suyos. Es temida, dura y despiadada.
– Mientes bellaco, tamaña mentira no va a solucionar los problemas de tu hijo. ¿Una mujer al frente del ejército galés? nos tomas por estúpidos maldito bastardo. Veo que no valoras la vida de tu hijo.
– Mi señor, os juro por lo más sagrado que digo la verdad, es sorprendente pero es una mujer dotada de una fuerza enorme compatible con la gracilidad propia de una dama.

Evans, Jones y otros compañeros no creyeron al comerciante, pero Sir Charles Talbot Conde de Denbigh le dio una oportunidad…

– Yo le creo, dijo ante la mirada atónita de todos. Este hombre ha jurado y eso es motivo suficiente para creerle. Es evidente que tenemos un problema porque ¿quién va a decirle a Cheddelton que su ejército es incapaz de derrotar a un grupo de forajidos dirigidos por una mujer?. No aguantaría semejante situación. Y no dudo incluso que muchos de nosotros terminásemos con el cuello rebanado.
Todos asintieron, cabizbajos

– Hemos de planear una estrategia …


Continuará …

Despegando

imagen: Pixabay

Anselmo era viudo y estaba jubilado. Gran aficionado a la fotografía, muchos días se iba en metro al aeropuerto a ver despegar y aterrizar aviones, lo que se había convertido en un pasatiempo al que acudía con su amigo Ramón. En realidad, iban a una pequeña arboleda pasada la valla al final de la pista donde las vistas de los aviones despegando eran espectaculares. De hecho, a menudo había grupos de aficionados que fotografiaban el momento mágico del despegue.

Era curioso que le gustara ver los aviones, ya que a Anselmo le daba miedo volar. Más que miedo pánico. Solo montó en avión un par de veces y juró no volver a hacerlo, por mucho que se le explicara que era el método de transporte más seguro. De hecho, en vida de Rosa, su mujer, solo fue a Palma una vez y a Lanzarote en otra ocasión. Dos vuelos de ida y vuelta que colmaron sus miedos y temores. Fue consciente de lo mucho que perdía por ese miedo, aun así, fue a París en tren y a Roma en un tedioso viaje en autocar que le provocó una lumbalgia muy dolorosa. Era el precio a pagar como le dijo cariñosamente una vez su querida Rosa, “nada sale gratis en la vida, no quieres volar, pues toma lumbalgia”. Pero así son las contradicciones de la vida.

Una tarde veraniega, Anselmo fue solo a la atalaya despacito en su modesto utilitario porque Ramón estaba en la playa con sus hijos. Hacía calor y era la única persona que estaba en ese momento. Cobijado bajo la sombra de un árbol, vio despegar varios aparatos. De pronto observó uno enorme, probablemente un Airbus de los más grandes, le encantaba la majestuosidad del avión, aunque sintiera un auténtico escalofrío al ver como la panza se iba levantando.

Cogió su cámara de fotos y enfocó de frente al avión. Su idea era tomar fotos en cuanto se alzara del suelo. A través del visor de la cámara, estaba pendiente del momento y llegó a pensar en que el avión estaba apurando mucho el despegue… muchísimo…tanto que apenas le dio tiempo a salir huyendo.

La noticia fue concluyente, hubo 37 heridos en el accidente de un Airbus que, por causas aún sin determinar, tuvo que abortar la maniobra de despegue y por ello, se salió de la pista casi cien metros, arrasando a su paso con los árboles, pero por fortuna sin causar ninguna pérdida humana, salvo los heridos y el consiguiente shock que supuso el accidente.

La habilidad del piloto y la celeridad de los equipos de rescate y de la propia tripulación, contribuyeron a que el mal no fuese mayor desalojando de inmediato la aeronave. Apenas una hora después del accidente el canal 3 comunicó que había un herido grave y tardaron aún unas horas en comprender que no se trataba de ningún pasajero.

Un año después, Anselmo mira con orgullo el premio obtenido en el concurso regional de fotografía de acción. Con seguridad y tras casi seis meses hospitalizado, cambiaría el diploma y los veinte mil euros del premio por no haber perdido su pierna izquierda la tarde del accidente, pero al menos lo podía contar y a fin de cuentas, como le dijo una vez su querida Rosa, “nada sale gratis en esta vida”.

La boda

imagen: Pixabay

Recibí con una enorme sorpresa, la invitación para asistir a la boda de Estrella y de inmediato sentí un extraño hormigueo en el cuerpo. La madre de Estrella era Berta, fue mi amor juvenil y creo que también mi amor maduro. Vivíamos en Tenerife y desde que rompimos nuestra relación, las pocas veces que la había visto en reuniones de amigos, comprendía que aún hoy, pasados más de veinte años, mi corazón se estremecía cada vez que la veía. Conocía de memoria su mirada, sus gestos, el significado de sus muecas.

Nunca supe la causa de nuestra ruptura, porque jamás lo hablamos. Yo creo que fue una decisión suya, pero siempre me intrigó el motivo de una ruptura tan drástica. Ambos iniciamos entonces caminos que no habrían de converger jamás. Yo creía que nos quedaba solo el recuerdo pero cada vez que escuchaba su nombre comprendía que aún quedaban rescoldos de aquel fuego apagado.

Tras la ceremonia hablé con ella, con normalidad aparente y con un enorme cariño mutuo. En un momento preciso, apareció Estrella con su reciente marido. Estaba muy guapa, digna hija de su madre. Hablamos de cosas banales y cuando se fueron a saludar a otros invitados le dije a Berta, lo mucho que su hija se parecía a ella. Berta me describió a su hija como cariñosa, muy noble, algo cabezota y sobretodo una bellísima persona.

-Es igual que su padre apostilló al final… Igual que su padre. 

Posó sus ojos en los míos, en un gesto que reconocí de inmediato. Su mirada me hablaba. Sentí un inmenso calor en el cuerpo, tuve que sentarme y beber algo mientras me deshacía el nudo de la corbata.

-¿Entonces…?

-Sí…

-Pero por qué no me lo dijiste…

-No lo sé, nunca encontré el momento

-Me gustaría que ella supiese que…

-No, dejemos las cosas así, tenía que decírtelo, tenía una deuda contigo. Ahora ya lo sabes, pero no quiero que entres en su vida. Ya no. Ese año terminabas la carrera y te salió un trabajo en Madrid. Lo siento Miguel, fue mi decisión hace más de veinte años, tal vez fue una decisión errónea, no lo sé, no me lo planteé entonces y menos ahora.

En el avión de regreso, sentí un nudo en la garganta, una congoja enorme que no podía superar.