Paréntesis

Hace poco hablando del cambio climático, de las evidencias del mismo y de aquellos que lo niegan, llegué a la conclusión de que mi vida también sufre un cierto cambio climático, por llamarlo de alguna manera.

Desde un punto de vista emocional, yo también paso del sol a la nieve, de la sequía a las tormentas en apenas unos días y eso no me gusta porque descabala mis argumentos. Sin embargo como ventaja, me permite aprender a improvisar y a mimetizarme con lo que me rodea como si de un insecto palo se tratase.

Es una lucha constante con el entorno, que a veces me agota. Es cierto que tengo mis satisfacciones y alegrías, básicamente a través de mis hij@s, pero no es menos cierto que hay momentos de brumas y de nieblas que me impiden ver con claridad suficiente mi entorno. Nieblas en forma de problemas de trabajo o de complejidades familiares pero también en mi mundo más cercano y personal, donde a menudo soy un mar de dudas, ignorando si mis movimientos son los acertados o no, por mucha buena voluntad que tenga.

Este blog ha sido un buen desahogo, no solo porque he dado rienda suelta a mis ideas y a mis inquietudes, sino especialmente por vosotr@s mis lectores. Yo creo que todos dejamos una huella de nosotros mismos en cada uno de nuestros textos. Y por eso quiero aprovechar estas líneas de mi último post de la “temporada”, para agradeceros vuestra presencia, vuestras visitas y comentarios.

Voy a hacer un paréntesis, para reordenar mi propio “cambio climático personal” y en septiembre amenazo con volver a publicar y por supuesto a leeros, para seguir aprendiendo de vosotr@s, de vuestras maneras de sentir la vida, aquí o allá, en este mundo virtual en el que las distancias no se miden en kilómetros.

Un abrazo a tod@s y feliz verano o invierno según las latitudes.

Nos vemos y nos leemos en septiembre. ¡¡ Hasta la vuelta !!

Festejos

Los vecinos de La Almunia de San Agustín, estaban molestos con el concejal de cultura y festejos, porque en los últimos años las fiestas habían decaído por completo. Cualquier pueblo de la comarca tenía mejores fuegos artificiales, los grupos musicales apenas visitaban el pueblo, las chirigotas se planteaban marcharse a otros pueblos y los divertidos bailes en la plaza brillaban por su ausencia, no como antaño, cuando las fiestas eran reconocidas en toda la provincia. Demetrio que así se llamaba el concejal, estaba harto de las quejas de los vecinos y en un alarde de decisión, les prometió unas fiestas inolvidables para 2017.

Noticias de última hora: Se ha declarado un pavoroso incendio en la localidad de La Almunia de San Agustín. Parece que el fuego se inició con el lanzamiento de los fuegos artificiales, aunque la policía investiga la causa de que prendieran en varias casas de la plaza mayor que han ardido en su totalidad, barajando la hipótesis de intencionalidad, la cual se ve reforzada por el incendio casi al mismo tiempo, de los almacenes sitos en el área del polígono en las afueras de la localidad, que ha afectado también a la gasolinera del lugar. Por fortuna no hay desgracias personales pero los daños materiales en el pueblo son enormes. La columna de humo es visible desde más de cinco kilómetros.


imagen: https://pixabay.com

¿Campo de batalla?

Fui designado por la cohorte para atravesar el campo de batalla. Mi envergadura garantizaba cuando menos alguna posibilidad. Apoyado por mi grupo de asalto, la lucha fue titánica, a veces con los brazos, a veces con las piernas, entre gritos guerreros, mezclados con muecas amenazadoras y algunas sonrisas para despistar al adversario.

Pero pese a ello, el objetivo se mantenía alejado aún.

Fue necesario un esfuerzo final a base de caderazos y golpes de hombro, para conseguir acercarme al destino, a mi fin de etapa, a mi felicidad. Por eso cuando alcancé la barra del atestado bar para pedir las bebidas y esos pinchos deliciosos, no pude disimular mi cara de alegría.

Faltaba eso sí, la segunda parte, llegar a mi mesa, pero para eso tenía preparado el grupo de contención de legionarios, que no escatimaría esfuerzos para que los Riojas, las cervezas, las chistorras, los pinchitos de bacalao, de morcilla, de setas, de pulpo,  los pimientos rellenos, las bravas y el pan, llegaran a buen término a la mesa que escoltaban dos poderosos e infranqueables gladiadores. 


Nota: basado en hechos reales acaecidos la noche de San Juan, en Haro (La Rioja), una visita y una experiencia absolutamente recomendable.


 Imagen: de mi cosecha personal

Suerte

Interiorizas tu vida como el personaje de una película de la que eres actor y director, cuando de repente, tu vida ordenada y apuntalada sufre un movimiento sísmico que descoloca tu propia esencia.

Te ves obligado a reescribir tu guión y te das cuenta de que tenías cartas ocultas bajo un manto de polvo, que nunca quisiste usar, quizás por cobardía, quizás por desconocimiento.

Exploras tu personalidad que creías libre y romántica y ahora la percibes como aniquiladora de tus propias emociones. 

Pese a ello, no te estancas y no eres prisionero de tu situación, al contrario, trabajas e improvisas cuanto sea necesario en esas ideas por imprevisibles que puedan parecer en una dimensión a veces poética, a veces temblorosa, con una fuerza palpitante que supera al mundo que te rodea. 

Y  afrontas el reto de cara, aún sabiendo que solo un cruce de caminos, casuales, físicos y emocionales, te permitirá alcanzar el objetivo e intuyendo incluso, que ese final ya no depende de tí. 

Ojalá tengas suerte en ese viaje.


Imagen: https://pixabay.com

Prioridades

La otra tarde, acompañé a mi madre al trastero para subir las cajas con la ropa de verano. Ahí estaban los bañadores, los pantalones bermudas, las camisetas de vivos colores, las gorras, las zapatillas de playa, las camisas de manga corta y un larguísimo etcétera.

Quedaba por abrir un baúl enorme donde guardábamos los utensilios playeros, sillas, sombrilla, una tienda de campaña, colchonetas y pelotas hinchables, y cuando lo abrimos, vimos al fondo del baúl, unos ojos sorprendidos que nos miraban con temor y reconocimos de inmediato a mi hermano Miguelito que llevaba allí casi una semana, desde que había bajado con mi padre a buscar un juego y …allí se quedó.

Mi madre se enfadó muchísimo preguntándose cómo era posible que nadie hubiera echado de menos al niño y prometiendo soltarle una bronca descomunal a mi padre.

Mientras subíamos a casa le recordé a mi madre, que al final no habíamos sacado a Miguelito del baúl y mi madre que es muy “suya” me dijo… “Bueno… lo primero es lo primero, y si el niño ha aguantado una semana, puede aguantar una noche más, pero a tu padre se le va a caer el pelo hoy mismo”


Imagen: https://pixabay.com/es/

Ahmed en el hospital

Ahmed es enfermero en un hospital de una ciudad de provincias francesa. Hijo de emigrantes mauritanos, es el primer miembro de su familia que tiene estudios universitarios para satisfacción de su padre. Ahmed es reservado y observador, no tiene muchos amigos. Es un hombre sencillo y trabajador.

En el hospital le tienen por un “bicho raro” ya que no es muy sociable, pero valoran su efectividad profesional. Tímido e incluso retraído, Ahmed emplea las vacaciones, los días de permiso y los días por las guardias que hace, para juntarlos todos y marcharse a la República del Congo para trabajar como voluntario en un hospital situado en una zona de conflictos, donde la población sufre las luchas tribales por el poder.  Allí, desde hace tres años, acude en su período vacacional sintiéndose apreciado y valorado entre el personal y los pacientes.

Una tarde en el Congo, Ahmed estaba de guardia cuando le trajeron un niño de seis años con un serio problema respiratorio. No era la primera vez que tenía que excederse en sus funciones, pero esa tarde no había médico y él estaba preparado de sobra para afrontar con garantías la situación.

Apenas llevaba unos minutos preparando al niño, cuando entraron en el hospital un grupo de mercenarios solicitando asistencia para uno de los señores de la guerra que había tenido un percance en una pierna y al que traían en volandas entre dos forzudos milicianos. Por si le quedaban dudas sobre sus intenciones, le pusieron un machete en la garganta, obligándole a dejarlo todo para atender de inmediato al jefe.

Ahmed reaccionó con serenidad y les dijo que era prioritario preparar al niño para una intervención a vida o muerte y que después atendería al jefe. Pero la reacción de los milicianos fue fulminante, le apretaron tanto el machete, que una gota de sangre se derramó por su cuello y además hicieron lo propio con la enfermera que le estaba ayudando mientras le decían a gritos, que primero tenía que curar al jefe y si no era así, arrasarían con el hospital de campaña matando a todo el mundo.

Sin embargo Ahmed no se amilanó y les repondió serenamente….

“Eso es una mala idea, si nos matas, nadie atenderá a tu jefe y como no hay médicos en un radio de sesenta kilómetros, y viendo la herida de su pierna que sin duda se va a infectar y a gangrenar, tu jefe morirá y será una agonía lenta y dolorosa y tú junto con tus compañeros seréis los responsable de la muerte de vuestro jefe y sobre vosotros y vuestras familias, caerá la cólera de nuestro Dios y lo que es peor, los machetes de vuestros compañeros ante los cuales seréis los asesinos del jefe y señor de la guerra”.

El miliciano miró al jefe y este asintió. Ahmed pudo operar y salvar la vida al niño, nadie resultó herido y después de su intervención, procedió a limpiar la fea herida en la pierna del jefe.

Diez días después de este suceso, Ahmed regresó a su ciudad, para continuar con su anodina vida. Volvería a Congo el próximo año.

Estofado

Mildred acudió al juicio muy nerviosa, la acusación era de homicidio y las primeras sospechas hablaban del efecto de un veneno. No sirvieron de atenuante, las diez dioptrías de Mildred, que esa mañana cocinó sin sus gafas, ni que hubiera equivocado los botes de las especias.

Sin embargo, la investigación policial, concluyó que Greg no había fallecido por el efecto de ningún veneno, sino por un problema vascular.

Pese a ello el fiscal resaltó como detonante, el pésimo estofado que preparó la acusada.

Por ello el juez accedió a la petición del fiscal y la sentencia fue unánime y ejemplarizante: tentativa de homicidio gastronómico.

La condena, cuatro meses de prisión, que Mildred pasaría en las cocinas de la cárcel de mujeres de Orange Duck y una participación obligada como reinserción en el célebre reality “The Most Dangerous Chefs in the World”.

foto: http://maxpixel.freegreatpicture.com