Colores

Imagen: Montalleri
Imagen: Montalleri

Podemos vivir la vida con su colorido natural o en blanco y negro.

“Déjame sumergir el alma en los colores; déjame tragar la puesta de sol y beber el arco iris” (atribuida a Gibran Khalil Gibran).

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Relatos de tres líneas – 5

PRIORIDADES
Era el día del juicio final,
y en presencia del Señor…
subimos las fotos a Facebook.


REALIDAD
El payaso se quitó la ropa, el maquillaje, la nariz roja
y se dijo a sí mismo,
ahora voy a actuar de verdad.


CUENTO
Los niños seguían al flautista
por las calles de Hamelin.
Mientras tanto, las ratas pulsaban “Like”.


INGENUIDAD
Pero, ¿Qué hace usted sinvergüenza?
dijo la dama quitándoselo del medio.
Disculpe señora, pero es que tenía frio.


LLUVIA
No hay paraguas
que evite mojarse
con las propias lágrimas.

 

 

El ladrón de almas

Corrían los años sesenta. En apenas dos meses, se habían profanado tres tumbas en el cementerio del pueblo, lo que había creado la lógica indignación e inquietud entre los habitantes. La policía local había dotado un dispositivo especial de vigilancia consistente en dos agentes, a los que no les hacia ninguna gracia pasear entre muertos.

La noche del martes era muy húmeda y con una espesa niebla. Una figura vestida totalmente de negro deambulaba por el cementerio en búsqueda de una lápida concreta. La de don Herminio Fulguez, rico comerciante del pueblo, enterrado esa misma mañana. La figura negra dio con la lápida del finado. Tal vez hubiese sido enterrado con su reloj de oro o con su cadena igualmente de oro, incluso con los gemelos de tan preciado metal. Era una posibilidad racional, pues en esa comarca se estilaba enterrar a los difuntos con sus mejores ropas y abalorios.

Con la ayuda de un curioso sistema de poleas, la figura podía mover la lápida, lo justo para acceder al ataúd sin dificultad, abrirlo y llevarse todo cuanto de valor se encontrase allí. La figura carecía de escrúpulos eso parecía evidente y el botín podía ser interesante, por lo que el riesgo se podía asumir. Si espaciaba los ultrajes en el tiempo, sería difícil dar con él, pues apenas dejaba huellas que se pudieran seguir.

La figura instaló las poleas alrededor de la lápida y comenzó la tarea difícil de moverla con el más absoluto sigilo. Al cabo de diez minutos, la lápida cedió. Era el momento crítico porque se produciría inevitablemente un ruido al correrla, pero la figura jugaba con la ventaja del miedo, por lo que nadie se iba a acercar al cementerio a esas horas.

Con facilidad abrió el ataúd y de repente don Herminio, el muerto, profirió un alarido en búsqueda de aire, mientras sus ojos desorbitados miraban a la figura, la cual, tras semejante susto, sufrió un infarto que le causó la muerte en el acto.

La investigación concluyó que la figura era Casimiro Ruiz el dueño de la herrería del pueblo. La policía le inculpó de los otros tres casos de profanamiento acaecidos en el cementerio.

Don Herminio fue trasladado al hospital comarcal, donde se le trató de una crisis de ansiedad profunda. Si bien el médico local había certificado su muerte, se llegó a la conclusión de que don Herminio había sufrido de catalepsia, curioso mal que deja el cuerpo inactivo y aparentemente muerto.

Al final, resultó que la profanación de su propia tumba le dio de nuevo la vida.

Aún hoy, pasados casi sesenta años, los más viejos del lugar recuerdan que de niños les decían, que por el cementerio vagaba el espíritu de un tal Casimiro, al que apodaban el ladrón de almas. 

El abrazo misterioso

Esta semana he dormido muy bien, excepcionalmente bien. Como si me sintiera abrazado permanentemente por alguien. Pero eso es imposible, porque vivo solo.

Al principio atribuía ese relajo especial, al cansancio, o al frío que me hacía arrebujarme bajo el edredón. No le dí mayor importancia. Al contrario, estaba encantado, porque soy de sueño ligero.

Pero esta mañana, cuando iba a meter la sábana en la lavadora, me he quedado de piedra, cuando he comprobado con mis propios ojos que mi sabana bajera era en realidad un fantasma.

Superado el susto y ante la dificultad de entendernos, hemos conversado con señas y creo que el fantasma, no quería bajo ningún concepto entrar en la lavadora y le comprendo.

Finalmente hemos llegado a un acuerdo. A mi me gusta que me abrazen y al fantasma le gusta mi espacio, así que esta noche volveremos a dormir juntos, pero ya no será mi sábana bajera, sino mi compañer@ nocturno con su propio espacio en mi cama doble.

Y me sentiré abrazado de nuevo.

Retrato

Imagen: Pixabay

La habitación del hotel era amplia y agradable. La decoración era escueta pero práctica y en ella destacaba un cuadro, que era el retrato de un hombre de mediana edad con una mirada intrigante.

Me entretuve en verlo detenidamente. Su mirada misteriosa era de esas que, te pongas donde te pongas en la habitación, siempre parece que te está mirando. Reconozco que eso me inquietó un poco, pero al meterme en la cama, por fortuna, el sueño me venció.

A la mañana siguiente me despertaron de recepción a la hora convenida y al levantarme, me llevé una enorme sorpresa cuando vi, que donde estaba el retrato, había solamente un espejo.   

Marcia

Imagen: Pixabay

El Emperador Casto Cornelio fue asesinado con veneno, dentro de los continuos sucesos de la Roma imperial, donde las venganzas y traiciones estaban a la orden del día.

Cabe recordar, que el mismo Casto Cornelio, llegó al poder tras la muerte en extrañas circunstancias, de varios senadores que eran contrarios a su nombramiento y que apostaban por el senador Didio Licinio.

Todo indicaba que eran ahora los seguidores de Licinio, los causantes del envenenamiento del Imperator.

Lía, la hermana de Casto, se preguntaba quién habría tomado la iniciativa. Era absolutamente necesario, que alguien de Palacio hubiera intervenido para asesinar al Emperador.

Dudó de los esclavos a quiénes despreciaba profundamente. Y para satisfacer sus ansias de venganza, mandó matar a todos los que trabajaban en las cocinas de palacio, así como a los esclavos y esclavas personales del Emperador.

Sería un escarmiento definitivo… pero hizo una excepción. 

La excepción fue Marcia, la joven era fruto de una relación que hace años, mantuvo el Emperador con otra esclava, lo que no impedía que Casto Cornelio yaciera con la joven Marcia, a su gusto y albedrío. Fue esa relación filial con el Emperador, la que la salvó, cuando Lía decidió evitar expresamente su muerte.

Nadie supo jamás que fue Marcia, quién a cambio de una bolsa de monedas y la promesa de salir de Roma, se ofreció a envenenar al Emperador, en cuanto fuera llamada a sus aposentos, para yacer con él.

Odiaba profundamente a Casto Cornelio y a su hermana Lía.

Horas después de verter veneno en la copa de vino del Emperador, Marcia con la ayuda discreta pero efectiva, de los hombres de confianza de la familia Licinio, pudo huir de Roma rumbo a la Galia, donde emprendería una nueva vida, ajena a las luchas y desmanes que se estaban produciendo en la ciudad imperial.

El futuro de Lía, la hermana de Casto, fue corto, puesto que miembros de la Guardia Pretoriana cerraron el círculo, traicionando su confianza. Fue el jefe de la Guardia quién personalmente la atravesó con la gladio, dándole muerte.

Poco después el Senado ratificó el nombramiento de Didio Licinio, como nuevo Imperator.

La convulsa historia de Roma continuaba.

El error del Trovador

Sigo observando mi trocito de cielo desde esta mazmorra, es lo único que me recuerda la vida.

Yo era trovador, más sin duda temo que trové a quién no debiera haber trovado.

Solo vi en ella una hermosa dama, cuyos ojos me cautivaron al instante y le canté ignorando que fuera la hija del más importante valido del Rey y que éste, tomara mi trova cual ofensa a la virtud de su primogénita.

No era mi intención ofender, si bien debo admitir que no me hubiera disgustado en absoluto, catar la mencionada virtud.

Merezco pues, mi triste final.

Solo ruego al Señor, que no me corte el cuello Damián el tembloroso.


Original publicado en octubre 2.016