Monsieur Caudrelier

Imagen: Pixabay

El restaurante había alcanzado una merecida fama. Julián, su propietario, había conseguido una excelente fusión entre la calidad de la materia prima y la imaginación de nuevos sabores. Esa mañana estaban todos alborotados. Corría el rumor de que un inspector de la famosa revista “Arquitectura Culinaria” iba a pasarse de incógnito por el restaurante para someterlo a una prueba. Si bien la clasificación del restaurante en el ranking nacional era buena, la obtención de una crítica positiva de esa revista, podía suponer un espaldarazo definitivo.

La misteriosa reserva estaba hecha para las 14:30h a nombre de un tal Didier Caudrelier. Exactamente a la hora señalada, entró por la puerta un hombre de mediana edad, corpulento, vestido de sport pero con elegancia. Destacaba bajo su blazer azul y por encima de una sobria camisa salmón, un precioso chaleco de flores burdeos, a juego con sus mocasines igualmente burdeos. Llevaba una cuidada perilla muy amplia y larga, donde ya asomaban las primeras canas. Con elegancia aceptó la mesa ofrecida junto al ventanal. 

Escueto en palabras y sin ningún acento, el señor Caudrelier pidió el menú, eligiendo de entrante el “buñuelo de ventresca al aroma de albahaca”. Como primer plato se decidió por el “pastel de pato con verduritas de temporada” y cerró el menú con una “lubina al horno con colitas de camarón”. Para beber, pidió una botella pequeña de agua mineral y como vino, eligió un Verdejo fresco y un Sauvignon Blanc a elección de la casa, lo que causó cierto desconcierto. Durante la comida se le prestó al comensal toda la atención pertinente pero sin que se pudiera sentir agobiado. De postre eligió la “mousse de pera con espuma de yogur” tras lo cual pidió un café solo. Terminado el servicio, solicitó la cuenta y pagó en efectivo dejando una aceptable propina. La experiencia había sido un éxito.

A unos cincuenta metros del restaurante, Manuel “el señor Caudrelier”, esperaba pacientemente y de manera discreta, a una pareja que había estado comiendo a la vez que él. Aunque entraron a la par en el restaurante, se estaban demorando en exceso.

Se trataba de Emilio y Mayte los verdaderos críticos de la revista “Arquitectura Culinaria”.

Una vez se encontraron, comentaron la experiencia:

-Excelente calidad dijo Emilio, pero todo el restaurante estaba a tu servicio Manuel. Y se olvidaron del resto de comensales. Tardaron mucho entre plato y plato y tuvieron fallos en la temperatura de mi carne.

-Mi pescado era excelente, añadió Mayte, pero la salsa estaba algo  inconsistente y las verduras no estaban cocidas en su punto ¿puedes creerlo?

-Cuando tú estabas pagando, añadió Emilio, a nosotros no nos habían servido aún el postre. En fin, está visto que no todos los comensales somos iguales.

–Sí, dijo Manuel sonriendo, no hay nada como advertirles de la presencia  de un crítico y reservar con un nombre sofisticado, Didier Caudrelier nada menos. Desde luego impone más que el mío. Por cierto, yo he comido de maravilla.

Rieron los tres.

-Sí, pero la calificación para la revista, se la daremos nosotros, añadieron al unísono Emilio y Mayte.

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Lucimiento

Imagen: AMC

Era la primera vez que Natalia venía a casa a comer y decidí esmerarme. Nada de platos previsibles, nada de paellas, solomillos ni lubina.

Tenía que lucirme. Y sobre todo tenía que impresionarla.

Así que me decidí por una apuesta arriesgada: serpiente frita con salsa de arándanos.

Fue ver la bandeja y Natalia salió corriendo de casa.

Ni siquiera probó la deliciosa salsa de arándanos…

Así que llevo tres días comiendo serpiente.

¿Alguien gusta?

Relatos de tres líneas – 4

OLORES
Tu perfume me da alergia.
Hueles a infidelidad,
con un toque de chantaje.


RELATO
Tuvo que escribir su vida y su biografía,
porque vivirla y sentirla,
le resultaba completamente imposible.


PENURIA
Tenía tanta hambre,
que a falta de comida
mordió el vacío de su estómago.


TACHADO
Borraba las huellas del crimen
y se sintió tan culpable,
que se borró a sí mismo para siempre.


RAPTO
Mi estilo de vida me ha secuestrado.
Y pide un alto rescate.
Jamás podré pagármelo.


Más relatos de tres líneas en:

https://tieneshora.wordpress.com/2018/02/24/relatos-de-tres-lineas-3/

https://tieneshora.wordpress.com/2017/04/04/relatos-de-tres-lineas-2/

https://tieneshora.wordpress.com/2017/03/04/relatos-de-tres-lineas-i/

 

Pescado

Imagen: Montalleri

En la Lonja del pueblo, Marcelino escogía el mejor pescado para su restaurante. Su capacidad para seleccionar las mejores piezas era conocida en todo el pueblo.

Nadie se lo discutía ni mejoraban sus ofertas. Le tenían un enorme respeto, al punto que otros compradores esperaban a que Marcelino seleccionara los lotes que iba a llevarse, para lanzarse a la subasta de los restantes.

En alguna ocasión, Marcelino les explicaba que él no elegía el pescado, sino que realmente era al revés, más bien era el pescado el que le elegía a él. La gente le sonreía cuando decía eso.

Por las noches en casa, Marcelino se cuidaba con delicadeza, las escamas que le habían salido desde hacía unos años en el torso.

Era su secreto, nadie más debía saberlo. 

Hasta el cielo

Imagen: Gijón – Montalleri

Cuentan que Juanjo sufrió un desengaño amoroso. Su pareja no aguantaba su orden y rigor en todo lo que hacía. Desde ese momento se entregó a la bebida.

Pero como Juanjo era un hombre muy ordenado y metódico, decidió guardar cada botella que bebiera hasta alcanzar el cielo.

Cada vez le va quedando menos…

Imagen: Gijón – Montalleri

Live Music

El ambiente estaba cargado, los camareros zigzagueaban entre las pequeñas mesas redondas. Esperé pacientemente sentado, sin más compañía que mi bebida. El viejo y agradable local de Greenwich Village, tenía un toque decadente, añoranza de un pasado mejor.

Salió el grupo, un cuarteto excepcional que interpretó dos temas, tras los cuales, él entró en escena entre los aplausos del público. Con su voz contundente saludó y acto seguido comenzó con una versión sublime de “Summertime”, que me resecó la boca, pero no el alma. Continuó con “Blue train”, “Footprints” y otros temas que me hicieron vibrar.

De ahí en adelante estuve levitando musicalmente al ritmo de su trompeta y de mis copas. Y por fin, nos obsequió con una desgarradora versión de “So What”, mi tema favorito.

Al terminar la actuación le eché todo el valor posible y me acerqué a la barra donde se encontraba con su gente, y superando la dura mirada de varios de sus acompañantes, me presenté y me dio la mano con energía obsequiándome con una apacible sonrisa.

Hablé con él apenas un minuto, tiempo suficiente para recordar siempre el momento. Salí del local. Hacía mucho frío, la ventisca dificultaba andar por las calles de Nueva York.

Tenía apenas veinte años y había gastado todos mis ahorros en este viaje, pero ya en mi habitación, me dí cuenta de que nunca volvería a tener una noche así.

Visita ¿inoportuna?

“La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces”


Abrí la puerta con cuidado de no hacer ruido. Pasaba unos días en el apartamento de mi hija, porque estaba de obras en mi casa.

La luz de la cocina estaba encendida.

-¿Te parecen horas de llegar? ¿dónde has estado? ¿por qué no has contestado mis mensajes?
-A ver Laura, me he quedado sin batería, no es mi culpa y en cuanto a la hora, Laura por Dios soy mayorcito y …
-Te recuerdo que estás en mi casa…
-Y yo te recuerdo que soy tu padre, faltaría más coño, tengo casi sesenta años y que vas a hacer ¿controlar lo que hago?
-Me preocupaba papá, estás delicado y no termino de fiarme de ti
-Ya, es curioso… te preocupas ahora que estoy unos días en tu casa, sin embargo llevas meses sin llamarme… caramba con la preocupación.
-Y ¿dónde has estado?
-He estado con Venan tomando unas copas, a pesar de que el médico no le deja beber, pero bahhh para unos meses que le queda de vida ha decidido pasar de todo y vivir a tope mientras el cuerpo le aguante.
-¿Y tu lo aplaudes?
-Pero hija, ¿Crees que voy a frenar a Venancio en su deseo de vivir cuando tal vez no llegue ni a primavera? Es mi amigo y por eso he ido a verle. Bueno, ¿Vas a seguir con tu interrogatorio?. Ni cuando tenías dieciocho años, yo te preguntaba tantas cosas…
-¿Has visto a Tere, verdad?
-Pues sí, he comido con ella y mañana hemos quedado para dar un paseo cuando salga de trabajar. Por Dios Laura, esto es ridículo.
-¿Ridiculo? Tere es tu amante, o ¿tal vez ya no lo es?
– Así que es eso, claro, sigues con la misma historia. Te recuerdo Laura que fue tu madre la que me dejó, la que pidió el divorcio y me sumió en un estado casi depresivo, y todo para irse con su arquitecto malagueño. Si al cabo de dos años, sí, dos largos años, le salió rana el individuo ya no era mi problema. Quise a tu madre como nunca he querido a nadie. Pero me traicionó, no solo me fue infiel, sino que me fue desleal. No iba a acogerla después de lo que pasó. Y no metas a Tere en esto, porque a Tere la conocí mucho después de que tu madre me dejase tirado.
-¿Nunca pensaste en darle una segunda oportunidad a mamá?
-¿Y acaso eso me convierte en culpable? ¿en culpable de qué? ¿de que tu madre se liara con un chulo a mis espaldas? ¿de que me dejara de lado? ¿de que no le impresionaran mis lágrimas?. Escucha Laura, no la culpo solo a ella, las rupturas son cosa de dos siempre, yo también debí fallar, pero por favor, deja ya de defender a tu madre. Yo no la ataco, por tanto no hace falta que la defiendas de nada ni de nadie.

Laura me miró altiva.
Me levanté y salí de la cocina.
A la mañana siguiente haría mi pequeña maleta. Ir a ver a mi hija había sido un error. Y la única manera de corregir mi error era marcharme de allí.