Fotografías

 

Imagen: Pixabay

Recordar puede llegar a ser duro.

Revisando fotos y más fotos que tenía guardadas mi padre, me he visto en muchas de ellas, de bebé, de niño, de adolescente. Sin embargo, hay un momento en el que ya no aparezco más que en contadas ocasiones. Debió ser cuando ya había emprendido mi propio vuelo.

Hay fotos en las que los mayores del momento, ocupan los puestos de pie al fondo y los jóvenes estamos en primera fila. Me doy cuenta de que la mayoría de esos mayores ya no están y de que los jóvenes de aquel momento ocupamos ahora la parte de pie al fondo y que nuestros hijos y sobrinos ocupan esa primera fila.

Eso significa que en el árbol de la vida hemos escalado posiciones y que será ley de vida que, en unos años, más o menos, nosotros también desaparezcamos y nuestros puestos sean reemplazados por los que son más jóvenes y así una y otra vez, en una hipotética foto vital.

Hoy cuando ocupo junto a mis herman@s y mis prim@s el lugar preponderante de esa foto,  me pregunto ¿quién de la fila de mayores, será el primero en dejar su hueco en la fotografía?

No lo digo en un plano dramático, en absoluto. Sino más bien de “curiosidad realista”. Porque la experiencia demuestra que no hay un orden de edades sino más bien, un orden de circunstancias.

Llega un punto en el que no quiero seguir viendo más fotos, me resulta una labor dolorosa.

Lo retomaré en otro momento, cogeré fuerzas para seguir ordenándolas, para que en el futuro, los más jóvenes que quieran verlas, puedan averiguar quién era quién en la fotografía de su propia vida.

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La explosión

Imagen: Pixabay

Comienzan a acumularse en la superficie del planeta, los restos de la explosión acaecida en Ceres. Desde el refugio cercano al cinturón de asteroides de Epsilon, observamos intranquilos la evolución de los acontecimientos.

Mientras tanto hemos visto en el dispositivo de visualización un documental acerca del planeta, de hace apenas cuarenta años. Es increíble, había árboles y parques y fauna. La gente paseaba por las calles. Había muchos edificios e incluso pueblos al borde del mar.

Ninguno de los que estamos en el refugio, hemos conocido ese mundo. Debió ser espectacular.

Lápiz

Imagen: Pixabay

El lápiz con el que ella le dibujaba cada mañana, había desaparecido.

También los dibujos.

Pensó que era algo extraño y se dio cuenta del silencio que reinaba en su casa. Respiró hondo y no quiso preocuparse.

Pero pasadas unas horas comprendió que también ella había desaparecido. Hizo un esfuerzo y recordó que la noche anterior le había sacado punta a todos los lapiceros.

La medicina tenía algunos efectos en su memoria. Vagamente recordó, que ayer había hablado con ella… pero poco más.

En la habitación contigua una enorme mancha de sangre le hubiera indicado cuan punzante estaba la punta del lápiz.


original publicado en septiembre 2.016

¿Límites?

 

Ana tuvo un blog en wordpress. Al principio no tenía mucho tirón y ella tampoco le dedicaba tiempo, apenas si recibía algunas pocas visitas al día. Para darle más vidilla, Ana estuvo visitando otros blogs con la intención de darse a conocer dejando constancia de sus visitas mediante los “me gusta”.

Había comprobado que los textos más personales y emocionales tenían bastante buena acogida, así que decidió crear una historia totalmente ficticia y bastante emocional, sobre un amigo suyo que lo estaba pasando verdaderamente mal. En realidad a nadie importaba si la historia era cierta o no, a fin de cuentas esto era solo un blog y se supone que en un blog uno escribe sobre lo que quiere.

Tras varios días dedicando tiempo a “conocer” blogueros, a visitarlos y a comentarlos, publicó su primer texto sobre esa historia. Y la verdad es que las visitas recibidas aumentaron. Era un primer paso.  A la vista de lo que ella consideraba un “éxito” siguió en esa línea publicando sobre las desgracias que le sucedían a su amigo y creando unas expectativas y un interés en sus lectores que poco a poco se iban acercando más a su blog.

Apenas unas semanas después, comenzaron a llegar en masa los “me gusta” y la gente comentaba con interés sus textos. Así las cosas, Ana fue incrementando las desgracias de su amigo comenzando a recabar incluso una cierta solidaridad virtual, que llegó a su máximo exponente, cuando en un texto dramatizó que realmente su amigo, era su propio hermano, que sufría una grave enfermedad. Alcanzó más de 50 “likes” en apenas unas horas y hubo decenas de comentarios de solidaridad, de ánimo, incluso recibió algunos emails personales de gente que quería mostrarle su simpatía y solidaridad en los momentos difíciles que estaba atravesando.

Al cabo de tres meses, cada texto tenía más “me gusta” que el anterior y los comentarios en la mayoría de los casos se centraban en el aspecto personal.

Fue a raíz del email de un bloguero -que era médico- interesándose sobre el tratamiento que “recibía” su hermano, cuando se dio cuenta de que había entrado en un bucle peligroso, abusando de la complicidad y empatía de otras personas, porque había creado un personaje ficticio con una realidad ficticia que tenía desde hacía semanas consecuencias emocionales. Ana nunca había aclarado acerca de la ficción de la historia, pues muchos de sus lectores habían entendido que lo que ella contaba estaba sucediendo de verdad.

Agobiada por la solidaridad y por la preocupación creada en otros, Ana decidió dar por terminado su blog tras seis meses y no encontró peor manera de poner punto final al mismo, que con otro giro dramático, comunicando el fatal desenlace de su hermano, lo que originó una avalancha de comentarios solidarios.

Pero en esta ocasión, Ana no contestó los comentarios. Nadie supo jamás que la historia había sido pura ficción. Y ella nunca lo aclaró.

Al poco tiempo, cerró el blog.

Más allá

Acercándose un poquito más al borde del barranco, donde se esconde el misterio al que acababan de invitarle, se asoma temeroso, convencido de que es capaz de volar.

Se pregunta si tendrá vértigo, como cuando era humano.

“Es increíble piensa, si la gente se enterase de que tras la muerte, no hay ni más allá, ni cielo, ni infierno, sino simplemente la reencarnación en un animal, caerían muchos muros, mitos e incluso religiones”

Pero él no puede hablar, ni expresar sus pensamientos. Ahora es un águila, solo puede volar.

Así que decide disfrutar del nuevo reto y saltar por el barranco hacia el infinito.


Imagen:

Flying eagle point of view #1


Firmes

imagen: Montalleri

En estos tiempos un tanto convulsos, da gusto contemplar el honor con el que este soldado gaviota se mantiene en posición de firmes ante la presencia de la enseña y al margen de la subida o bajada de las mareas o la fuerza de los vientos.

Y reconozco que me emocioné, si bien debo confesaros que no fue tanto por el momento bandera, sino más bien por las fabes con almejas que estaba a punto de comer…

El camino nevado

Imagen: Pixabay

Corría el mes de enero.

La abuela no quería que los niños jugasen en el camino del río, pero a ellos les encantaba bajar, porque la nieve lo cubría todo y los árboles parecían figuras blancas fantasmales. De niño, no se aprecian los riesgos de algunas actividades.

Por fortuna el pueblo había recuperado la calma desde la llegada de los milicianos. Y aunque pasaban hambre, no faltaban el pan, ni la manteca, incluso a veces había queso.

En los albores de la primavera, la temperatura comenzó a subir poco a poco y una tarde las abuelas y las madres obligaron -para su disgusto- a  los niños, a no volver a bajar al río. En verdad se pusieron muy serias, mucho. Hasta el punto de amenazarlos.

Pero los niños con su curiosidad innata eran incapaces de resistirse a ese “algo” que provocaba que las mujeres les impidieran el acceso al río. Por eso, Manolito, Rubén, El Pecas y Teresita, bajaron una tarde cuando ya anochecía.

Sin embargo, la visita duró poco. Jamás subieron a mayor velocidad el camino de regreso al pueblo. 

La primavera estaba derritiendo la nieve y cerca del camino del río comenzaron a verse los cuerpos de los desgraciados que fueron fusilados al comienzo de diciembre.