El candidato

Tardaría en encontrar la llave que necesitaba. No quería forzar la cerradura, sino abrir la puerta limpiamente.

Solo así podría buscar el pendrive sin levantar sospechas.

Era cuestión de suma importancia, porque me la estaba jugando y tenía que borrar mi nombre de la lista de clientes de madame Lauzette antes de que se hiciera pública mi candidatura.

Mucho me temo, que un candidato sadomasoquista, no estaría bien considerado en las próximas elecciones.

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Tal vez un Poema IV

Y se ríe….

El otoño colorido
ha menguado su vida,
las nubes han formado
destinos de algodón
que le han dejado
casi sin sentido,
prestando atención
a la armonía quebrada
con gran decepción,
triste y esperada.

Donde otros llorarían,
él, sin embargo ríe…

Su implacable destino
ya no tiene dependencia,
por eso prioriza la luz
que ilumina su rostro,
a la que atiende
con la voz de la experiencia,
cuando muecas de tristeza
de manera sigilosa
intentan oscurecer,
su enorme paciencia,
su fuerte naturaleza,
su sonrisa poderosa.

Y se ríe….
Cuestión de estilo dijeron.
Sí… de estilo de vida…


Finlandia

Hoy tres de diciembre hubiera sido el cumpleaños de mi padre, fallecido hace dos años. Pero este post lejos de ser triste, pretende ser un sencillo y entrañable homenaje, porque mi padre tuvo un especial y fino sentido del humor que mantuvo incluso ante las adversidades de una vida tan intensa y larga como la suya.

Una de las peculiaridades de mi padre, era inventarse nuevos significados de palabras, cambiándolos del original y usándolos con absoluta naturalidad. Tenía muchas palabras y expresiones sorprendentes. Algunas eran claramente intencionadas y otras sencillamente geniales como la que da título a este post: Finlandia.

Mi padre adjetivaba la palabra y con ella le daba un nuevo significado, el de una persona que resulta molesta, que cae mal, que es muy pesada. Todo eso se resumía por tanto, en “tenerle Finlandia”. De ahí que dijera sin rubor que le tenía Finlandia a tal o cual persona, es decir, que no le caía precisamente muy bien que digamos.

Lo curioso del caso, es que empleaba la palabra con naturalidad y solo ante la cara de asombro de sus contertulios, explicaba (y no siempre) el significado de la misma.

Tal vez por eso, cuando escucho a alguien hablar de Finlandia no puedo evitar una sonrisa…

Otra dimensión

La noticia pilló a doña Ildefonsa por sorpresa.
Ildefonsa fue el ama de llaves durante muchos años, de la mansión de Don Renato, marqués de Villanoble de La Urueña, que falleció repentinamente el 26 de julio.
La noticia de que los herederos del marqués habían decidido tirar el caserón para una operación inmobiliaria especulativa le causó honda tristeza.
Vamos doña Ilde si a usted no le va nada aquí, le dijo el sobrino burlándose.

Ella vivía desde la muerte del señor marqués en una casita del pueblo, pero acudía a diario al caserón porque sentía presencias que se comunicaban a través de ella.
Un día lo comentó a los herederos y casi la toman por loca.
¿Qué usted habla con mi tío? Hágaselo mirar doña Ildefonsa, le dijo el grosero del sobrino del marqués, uno de los más interesados en el derrumbe.

Una tarde Ilde entró de nuevo en la casa y se dirigió al salón de té donde el marqués pasaba, buenos momentos. Como siempre, esperó pacientemente a que sintiera al marqués…y le sintió…

Hola Ildefonsa, la veo triste susurró la voz del marqués
Don Renato que alegría escucharle, tengo tanto que contarle…
Y se lo contó todo y con todo lujo de detalles, la operación inmobiliaria, el derrumbe inmediato de la casa, la actitud de sus herederos encabezada por su sobrino…

Don Renato o su espectro, reflexionó y le dió instrucciones concretas.         – No me sorprende cuanto me dice, así que tome nota Ildefonsa, creo que es usted la persona adecuada para recibir todo cuanto le voy a dictar. 

Y durante cuatro agotadoras horas estuvo poniéndola al corriente de temas muy complejos, dándole instrucciones muy concretas y precisas. Al terminar, le dijo que acudiera al despacho de abogados Ramal-Watson y Asociados…

Vaya con mi amigo Ramón al que usted conoce, hable con los socios y expóngales todo cuanto le he dicho, al detalle. Tal vez no la crean, por eso dígales que lo comprueben de inmediato. Mi amigo Ramón la apoyará.

Tres meses después, el caserón del marqués estaba intacto, unos jardineros se afanaban en arreglar el jardín y el interior estaba siendo restaurado. Ya habían obtenido la licencia para ubicar en él, un hogar para acoger a niños desfavorecidos de la región. Ramón y los abogados Ramal y Watson habían desarrollado el proyecto siguiendo al pie de la letra la idea del marqués.

El sobrino del marqués estaba pendiente de juicio junto con otras tres personas por la falsificación del testamento de su tío. Pero estaban ya en prisión preventiva acusados de la muerte del marqués.
El marqués fue consciente poco antes de fallecer de que había sido envenenado por su sobrino, y de que éste, había alterado el testamento,  falseándolo de acuerdo con un notario a cambio de una golosa comisión, para edificar en la finca un complejo de lujo.

Su sobrino en un acto cruel, se lo dijo a solas poco antes de fallecer el marqués, mofándose de él. Lo que ignoraba el sobrino es que el marqués que ya desconfiaba, estaba grabando la conversación, pero falleció antes de poder entregársela a alguien.

Por eso una vez que el marqués se encontraba ya en la “Otra Dimensión” y después de consultarlo con el departamento de reclamaciones del “Más Allá” obtuvo la autorización para presentarse ante Ildefonsa para poder dar salida a los hechos acaecidos, en búsqueda de justicia ante la inmoralidad perpetrada por su sobrino.

Y lo consiguió.

Ildefonsa nunca más volvió a “sentir” al marqués. Pero siempre le quedó la intuición de que volvería a hablar con él aunque fuera en la “Otra Dimensión”.

Forasteros

Contaba mi abuela que en el pueblo solían poner motes a los forasteros cuando llegaban. La noticia era bien conocida y cuando Mario se estaba acercando al pueblo fue advertido de semejante costumbre.

Así que Mario se echó a reír y dijo con su enorme vozarrón, “pues de mí, poca leche van a sacar” y acompañó sus palabras con una sonora risotada.

Y esa es la historia, porque podéis imaginaros el mote que le pusieron en el pueblo: el “poca leche”.

Y con ese apodo se quedó para siempre, tanto él, como sus hijos y sus nietos. A día de hoy solo los más mayores del pueblo recuerdan los motes y suelen dirigirse a lugareños y visitantes usándolos, por ejemplo hablando del nieto del “poca leche” y cosas así.

La pena es que este uso se ha ido perdiendo, pero siempre me ha parecido realmente divertido y eso que os puedo asegurar que había motes verdaderamente crueles, aunque en esa época, generalmente la gente se lo tomaba con humor… y con resignación.


imagen: Abaurrea (Navarra)

Copita de anís

Publiqué este texto en septiembre de 2.016. Hoy 25 de noviembre de 2.017, me parece un día apropiado para republicarlo.


Solo fui feliz contigo unas pocas semanas. Cada uno desempeñaba su papel, como si de un guión se tratase, escrito por el más rebuscado guionista. Tú, yo y nuestra hija. Tú papel era el de maltratador y el mío el de mujer sumisa, desde que hace mucho tiempo, escuché a mi madre decirme, “hija, ten paciencia, es normal…” o “algo habrás hecho”. Por eso desarrollé un sentimiento de culpa que me ha acompañado toda mi vida. Siempre humillándome. Siempre anulándome.

Recuerdo el primer día que me pegaste, venias bebido del bar y me acusaste de tener miraditas con mi primo Ezequiel. Y me creí mi papel hasta el último día. Sin embargo, no fui capaz de buscar soluciones sujeta como estaba a las miradas de la gente del pueblo y a los comentarios y a la falta de apoyo de mi madre y sobre todo al miedo sobrecogedor que te tenía, pero teníamos una hija maravillosa que me compensaba con creces.

No olvido el día que vino del colegio y yo estaba aún sangrando por la nariz. Recuerdo su carita de pena y sus abrazos. Y recuerdo –como no- mis mentiras…”ay niña mamá ha tropezado con la puerta, que torpe soy…” y hasta sonreía para dar más fuerza a mi engaño.

Nunca fui capaz de hablar con mi hija, ni siquiera de adulta, me daba miedo y por qué no decirlo me daba vergüenza, mucha vergüenza. El día que mi pequeña ya hecha una mujer me preguntó “¿mamá que te pasa, tienes una tristeza permanente en tu mirada?” “¿mamá hay algo que quieras contarme?”… “No pasa nada, son cosas de la edad”, la contesté mintiéndola… a mi propia hija…

Ahora liberada de ti por el destino, abro la botella de anís y bebo una copita. Visto de luto pero sonrío por dentro. Tal vez no sea lo correcto, pero es lo que me pide el corazón y ahora descanso como hacía años. La gente me mira con cara de pena, me besan, me abrazan y yo les sigo la corriente. Por fortuna, el destino ha decidido por mí, puede que bastante tarde, pero no me quejo y se lo agradezco.

Solo me falta hablar con nuestra hija y confesarle mi sufrimiento silencioso. O quizás no deba hacerlo. Tal vez la deje tener el recuerdo de un padre muy diferente del que realmente fue. Tal vez sea mejor llevarme el secreto conmigo.

Y mientras lo pienso, me voy a tomar otra copita de anís.