Tu mirada

imagen: Montalleri
Imagen: Montalleri

Dice un proverbio árabe que quien no comprende una mirada tampoco comprenderá una larga explicación. Estoy de acuerdo con esta frase,  porque con frecuencia, la mirada refleja el lenguaje del corazón. 

Sin embargo, Antoine de Saint-Exupéry dijo que sólo se ve bien con el corazón ya que lo esencial es invisible para los ojos. Preciosa frase, pero con la que no estoy totalmente de acuerdo, porque en mi opinión, una mirada también puede presentarnos el inmenso escenario esencial de la vida ante nosotros.

la hora de buscar una imagen para este texto, encontré esta “otra mirada”. De acuerdo que es una pequeña licencia por mi parte, pero lo cierto es que la vaca me puso su mejor cara, así que decidí inmortalizar el momento.


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Malena

Imagen: Montalleri

Ni yo tenía que estar allí, ni tú tampoco tenías que estar allí.

Pero en verdad, estuvimos en el momento exacto para cruzar nuestras vidas. Dan igual las causas de esa coincidencia, las cosas sucedieron así y no hay que buscar más explicaciones.

No recuerdo como entablamos conversación, pero no olvido como me impresionaron tus ojos y tu acento y esa coletilla de “viste” que le ponías a todo. Al principio creíste que me reía de ti, nada más lejos de la realidad. Te lo aclaré.

También tú me llamaste “gallego” y también te hacía gracia mi castellano tan peculiar. Y me explicaste lo que era un quilombo y la guita y el laburo, incluso la pollera y nos reímos del distinto significado del verbo coger en tu español y en el mío.

Y me encantó tu nombre: Malena.

Y hablamos y hablamos. Ni tú ni yo teníamos que estar allí, pero lo estábamos. Un tercer país, ni el tuyo ni el mío. Te defendías muy bien en  inglés, mejor que yo, aunque yo le echaba más morro que tú.

Y una cosa llevó a otra. Y cuando decidimos que la vida nos estaba dando una oportunidad, decidimos aprovecharla. Y yo llamé a mi empresa para decirles que me quedaría tres días más y cambié mi billete de vuelta. Y tú resolviste tus cuestiones familiares que te habían llevado tan lejos de tu patria.

Malena.

Ambos sabíamos que todo sería efímero, pero apostamos por llevarnos el recuerdo de nuestra relación tan imprevista como apasionada.

Han pasado unos años y te recuerdo Malena y además siempre lo hago con una sonrisa. ¿Y sabes qué? Estoy seguro que tú también me recuerdas con cariño.

Y es curioso porque el domingo me acordé de ti, me vino como un halo de ti, un viento fresco, tal vez un olor, no lo sé.

Y es curioso también, porque apenas una hora después me sorprendí, cuando fondeado en la Bahía de Santander, ví un carguero y cuando lo rodeamos, leí su nombre “Malena”. No lo podía creer y mostré la más amplia de mis sonrisas, la más sincera, la que tanto te gustaba.

Malena.

Y sigues ahí, en un costado de mi corazón.

Espacio vital

Imagen: Acceso al Parque del Retiro – Montalleri

Tengo que pensar. Sí debo pensar en ella, en cuando la conocí, que momentazo que buenos recuerdos y necesito pensar y pensar, en el trabajo, vaya suerte lo de Gómez, no imaginé que obtendría el premio mensual de ventas, es un capullo pero el tío es realmente bueno, vale y ahora tengo que pensar, si… mi hermano, no se si me apetece compartir las vacaciones con él, tal vez unos pocos días sí, eso será lo mejor y a ver, más cosas para pensar, lo de la nevera, vale compraré una de calificación energética triple A para consumir menos electricidad, la actual tiene casi veinte años y consume mucho y si esperaré alguna oferta en el centro comercial y más cosas, más cosas, por favor, bueno lo de Ángela, como me alegra que le dieran la plaza, se lo merece pero la echaré de menos aunque Londres está solo a poco más de dos horas de avión, vale la iré a ver en otoño. Y tengo que contestar a Pablo acerca del fin de semana, no se si me apetece, pero es una oportunidad de reunirme con los amigos y a ver, más cosas…si ya sé, la entrada al Parque del Retiro, enorme, grandiosa…

De repente, sonó una voz por el altavoz: “ya está señor Montalleri, ya hemos terminado”

Suspiré.

Sentí un alivio inmenso, me levanté ayudado por la enfermera, empapado en sudor y salí por fin de la máquina de resonancia magnética. Superé mi claustrofobia a base de pensar en mil cosas. Ahora a vestirme, a calmarme y a mirar sin trabas el horizonte.

Castillos en el aire

Imagen: Montalleri – Castillo de Coca – Segovia

Observando la belleza del Castillo de Coca, pensaba en su construcción que data del siglo XV, hecha sin duda, con buenos cimientos.

Cimientos que sin embargo, suelen faltar a “los castillos en el aire”, expresión que siempre me ha parecido curiosa y que indica que estos castillos, suelen derrumbarse más pronto que tarde, al abrigo de una esperanza que no se cumple.

En realidad, pasar de fantasear a ilusionarnos solo está separado de una fina línea. Y ese es el ejercicio que propongo, coger un folio en blanco y un lápiz y dedicar un tiempo a la reflexión sincera para escribir al desnudo, aquellas cosas por alocadas que sean, que nos hubiese gustado llevar a cabo y que obviamente tengamos pendiente de hacer, casi siempre subordinadas a nuestros “motores de vida”.

Esos “motores”, generalmente están basados en el amor, la familia, el trabajo, la amistad, el estudio, pero hay momentos en los que alguno de los motores falla y es necesario rectificarlo o incluso cambiarlo.

Tal vez sea el momento de retomar las ideas escritas en ese papel en blanco. Aquello que nunca pudimos hacer, ni terminar, puede que ni siquiera empezar.

Aquellos castillos en el aire, que quizás hoy, desde una nueva perspectiva, podamos al fin comenzar a construir con fuertes cimientos.

Volando voy…

imagen: Marina
Imagen: Marina

Volar ha sido siempre el sueño del ser humano. Sentir esa libertad ante el infinito marcado por el sol y las nubes. Sentir esa sensación peculiar, ese impulso, esa mezcla de poder, de grandeza, compatible con sentirse  a la vez, pequeño ante semejante inmensidad.

Por volar también se entiende, tener alas en la mente para dar pasos en la vida, desde la imaginación hacia la libertad. Palabras, hechos y emociones que despegan a riesgo de vientos, pero cercanos al cielo.

Según esta acepción del verbo, una persona a la que admiro y aprecio, ha volado muchas veces mostrando su valor, su coraje, su necesidad de salir de espacios oscuros y agobiantes, con su inconformismo, con sus decisiones.

Y ahora esa misma persona, ha volado de verdad, no solo a través de las emociones terrenales sino surcando el cielo. 

Después de un duro e intenso aprendizaje, ha volado por primera vez sola, sin la compañía de su instructor.

Estaba radiante y me envió la foto que ilustra este post.

Y me consta que ha sido feliz. Enhorabuena Marina.

Guapura

Imagen: Montalleri

Sobre fondo amarillo, destaca un insecto que nos cae bien, que nos produce simpatía. La mariquita como la llamamos aquí, ese coleóptero  que gusta a los pequeños y que se sube confiado a nuestra mano o a nuestra ropa.

Y además son ecologistas. Sí, porque se alimentan de pulgones y eso contribuye a evitar la acción de insecticidas, en las cosechas que son afectadas por esos desagradables visitantes.

Y el caso es que la mariquita no deja de ser un escarabajo, pero eso sí bastante más guapo que otros.

Algo debe de tener que atrae a los pequeños, porque si le pones a un niñ@ en una mano un escarabajo pelotero, probablemente echará a llorar o se lo quitará de encima, pero si le pones en una mano una mariquita, se quedará embelesad@ con ella.

Siempre ha habido guapos y feos.

Golosa

Imagen: Montalleri

Es Golosa como pocas, no le importa correr el riesgo de ser aplastada sobre la mesa. Muchos la consideran una visita incómoda, incluso peligrosa.

Hoy sin embargo, es su día de suerte. Se ha topado conmigo.

Me gustan los insectos desde pequeño, así que observo como se “zampa” el azúcar detenidamente y durante un buen rato, sin prisas.

Terminada la faena y terminado también mi café, veo como el camarero se acerca con su bandeja. Entonces ahuyento a mi visitante, antes de que el camarero termine con la historia drásticamente. Y se echa a volar con parsimonia.

Supongo que si pudiera razonar, pensaría en lo pesado que es ese humano que la ha ahuyentado ahora que tenía la panza llena de azúcar, sin dejarle ni siquiera echarse una siestecita al sol.

No tendrá una vida larga, pero hoy no era el día designado para su final.