Ni caso

Imagen: Montalleri

En este blog, he publicado fotografías de algunos bichejos de los que me gustan y más o menos todos me han hecho caso a la hora de posar.

La excepción ha sido este abejorro, que por más que le he dicho que se estuviera quieto, no ha parado de moverse.

Incluso llegué a decirle que le inmortalizaría en el blog, como a la avispa, la araña, la mantis o el escarabajo que han posado para mí.

Pero ni caso.

Al final pude hacerle una foto más o menos presentable.

Curiosamente después comprobé como se detenía sobre una flor, mirándome altivo.

Y yo le devolví la mirada diciéndole… ¡tarde!


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Rufus

Imagen: Montalleri

Decía llamarse Rufus Gomstone. Al menos, con ese nombre reservaba todos los domingos una mesa para dos, en un coqueto restaurante de las afueras de su ciudad. Pero siempre comía solo.

La primera vez que el camarero intentó retirar el cubierto sobrante, Rufus se enfadó mucho…

– He reservado una mesa para dos y será para dos, hasta que me marche.

Desde entonces, en el restaurante ya le conocen de sobra y puntualmente le esperan los domingos, con su mesa preparada para dos comensales.

La costumbre es que después de la comida, Rufus salga a la puerta del local y se siente, en silencio, con la mirada perdida y allí se mantenga una hora. Ya puede hacer frío o calor, lluvia o sol, Rufus siempre espera sentado allí.

Luego se levanta penosamente y se marcha.

Dicen que hace años cuando se dirigía en coche a ese mismo  restaurante, tuvo un accidente en el que falleció su esposa. Tal vez eso explicaría su deseo de disponer siempre, de una mesa para dos comensales.

Aunque en realidad el protagonista de ese accidente fue un tal Rufino Gómez y el resto de la historia, incluído el cambio del nombre, no dejan de ser habladurías sin contrastar.

Y hoy, que es domingo, Rufus Gomstone o Rufino Gómez, tiene ya su mesa preparada.

Prioridades

Imagen: AMC/Montalleri

Khoun circula con su familia en su modesta moto. La prioridad de Khoun y de Chenda su mujer, es alimentar a su familia. Para ello necesitan trabajar, a ser posible con dignidad.

Ahora viven gracias a un pequeño local de comida en el que ofrecen humildes manjares locales a turistas. Khoun, se hace llamar John, es sonriente y es capaz de comunicarse en inglés y Chenda es extremadamente amable y servicial. Mantienen sus tradiciones, pero no quieren recordar lo sufrido por generaciones de camboyanos.

Khoun y Chenda no piden más.

Nosotros, ciudadanos del supuesto “primer mundo”, deberíamos calibrar nuestras necesidades y preferencias vitales para priorizarlas con sentido común y humildad, y entender, si fuera posible, el verdadero recorrido de nuestra existencia.

Lucimiento

Imagen: AMC

Era la primera vez que Natalia venía a casa a comer y decidí esmerarme. Nada de platos previsibles, nada de paellas, solomillos ni lubina.

Tenía que lucirme. Y sobre todo tenía que impresionarla.

Así que me decidí por una apuesta arriesgada: serpiente frita con salsa de arándanos.

Fue ver la bandeja y Natalia salió corriendo de casa.

Ni siquiera probó la deliciosa salsa de arándanos…

Así que llevo tres días comiendo serpiente.

¿Alguien gusta?

Pescado

Imagen: Montalleri

En la Lonja del pueblo, Marcelino escogía el mejor pescado para su restaurante. Su capacidad para seleccionar las mejores piezas era conocida en todo el pueblo.

Nadie se lo discutía ni mejoraban sus ofertas. Le tenían un enorme respeto, al punto que otros compradores esperaban a que Marcelino seleccionara los lotes que iba a llevarse, para lanzarse a la subasta de los restantes.

En alguna ocasión, Marcelino les explicaba que él no elegía el pescado, sino que realmente era al revés, más bien era el pescado el que le elegía a él. La gente le sonreía cuando decía eso.

Por las noches en casa, Marcelino se cuidaba con delicadeza, las escamas que le habían salido desde hacía unos años en el torso.

Era su secreto, nadie más debía saberlo. 

Hasta el cielo

Imagen: Gijón – Montalleri

Cuentan que Juanjo sufrió un desengaño amoroso. Su pareja no aguantaba su orden y rigor en todo lo que hacía. Desde ese momento se entregó a la bebida.

Pero como Juanjo era un hombre muy ordenado y metódico, decidió guardar cada botella que bebiera hasta alcanzar el cielo.

Cada vez le va quedando menos…

Imagen: Gijón – Montalleri

Firmes

imagen: Montalleri

En estos tiempos un tanto convulsos, da gusto contemplar el honor con el que este soldado gaviota se mantiene en posición de firmes ante la presencia de la enseña y al margen de la subida o bajada de las mareas o la fuerza de los vientos.

Y reconozco que me emocioné, si bien debo confesaros que no fue tanto por el momento bandera, sino más bien por las fabes con almejas que estaba a punto de comer…