El plan de ese sábado

El plan de ese sábado era ir al cine y luego picar algo, pero un inoportuno resbalón de una amiga de Blanca hizo que el plan de cancelase. Entonces Blanca pensó en ir a casa de su hermana a ver a su sobrinita de pocos meses, pero la hermana recibía a la familia de su pareja. Finalmente decidió quedarse en casa. Pero al cabo de una hora leyendo, se asomó por la ventana. La tarde primaveral era deliciosa, así que pensó en salir a correr por el parque.

El plan de ese sábado era tranquilo. La partida de póquer con los amigos se había cancelado por compromisos de dos de ellos. Mario decidió que era buen momento para hacer la declaración de la renta y se puso a ello, pero al cabo de solo unos minutos, pensó que no le apetecía lo más mínimo, rodearse de números. Mejor iría al centro comercial, porque necesitaba comprarse unos pantalones, pero la tarde era estupenda, así que finamente  optó por salir a montar en bici al parque.

Blanca corría con los cascos puestos y concentrada en sus pensamientos. No se percató que, a la salida de un recodo, le vino enfrente una bicicleta, que por suerte la pudo esquivar, aunque bicicleta y ciclista se fueron al suelo.

Por fortuna todo quedó en un pequeño susto y un rasponazo en el brazo. Tanto Blanca como Mario, se disculparon. Mala suerte, pensaron, puesto que no buscaron culpables del incidente y eso les gustó a ambos.

Después se sentaron un rato en el césped y sencillamente comenzaron a charlar. Pasados unos años siempre que van al parque, recuerdan como se conocieron.

Decía el dramaturgo Friedrich Schiller, que la casualidad no existe y que, lo que parece simplemente azar, es algo que tiene su origen en profundas y misteriosas fuentes.

Podemos decir, por tanto, que nada sucede por casualidad.

Aunque esto siempre será una cuestión muy debatida.

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Autor: Carlos Montalleri

Ahorremos explicaciones, nunca emociones

35 comentarios en “El plan de ese sábado”

  1. Tal parece que en algunos casos, como el de tu relato, son muy comunes. deja que pensar si realmente el destino nos tiene preparado el menú del día. Sin derecho a decir no. La canción de Serrat es el acompañamiento perfecto para la ocasión.Me gustó leerte.

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    1. Alguien escribió que el destino baraja las cartas y nosotros somos los que jugamos. Eso es muy cierto, porque somos nosotros quienes labramos nuestro destino pero me asaltan muchas dudas. Me gusta tu referencia al menú del día, muy expresivo. Serrat es perfecto para muchas ocasiones. Un abrazo Macalder.

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  2. Me gusta pensar que ocurren esos encuentros como predestinados pero en el fondo no me lo creo demasiado.
    En muchas películas románticas las parejas se conocen así, con un encontronazo.
    Bonita historia, Carlos.
    Abrazo

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    1. A veces las casualidades no lo son tanto. Leí hace tiempo que la penicilina se descubrió por casualidad. Pudiera ser. Pero no puede llamarse casualidad al proceso de investigación que se llevó a cabo y que derivó en el descubrimiento casual o no, de la penicilina. Que haya por detrás misteriosas fuentes como propone Schiller es otra historia. Prefiero quedarme con Serrat. Un abrazo Paloma.

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    1. Comparto ese punto de vista, que he reflejado en mi respuesta a Luna hablando de la penicilina. Actos y hechos que terminan en otro hecho diferente pero vinculado. Yo no creo que los sucesos sean casuales. Pero tampoco sé explicar algunas situaciones. Un abrazo Carlos.

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  3. Ya lo creo si es una cuestión muy debatida. ¿Destino o casualidad? Yo antes creía más en el destino. Últimamente, no sé si por el paso de los años, estoy perdiendo las creencias místicas. Un abrazo

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    1. Bueno Mayte, como soy mayor que tú, te aseguro que el misticismo se pierde con los años y uno se vuelve más pragmático. Incluso más incrédulo. Sin entrar en cuestiones filosóficas, yo creo que lo casual no lo es tanto, si se analizan todos los factores. Un abrazo.

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  4. De jovencitos todos creemos en el destino, luego se nos va pasando jajajaja…
    A ver, hay cosas que son tan extrañas para que que sucedan que una se pone a pensar si había un plan escrito del que no podíamos escapar, pero esas son las cosas a las que llamamos magia.
    Me encantó tu relato 😘

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    1. Es lo que le decía a Mayte, que el misticismo se nos cae con los años …
      Has añadido un concepto nuevo, el de magia que nos transporta a otra dimensión. Es cierto que suceden cosas tan raras que nos hacen pensar en el destino. Lo peor es cuando no les encontramos explicación. Va a resultar que tienes razon: será la magia 😉
      Un abrazo.

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  5. Preciosa historia, Carlos. Estoy de acuerdo con el dramaturgo en que la casualidad no existe, sino la causalidad. El universo nos tiene todo el plan preparado y, además, creo que nosotros firmamos ese plan antes de encarnarnos. Lo malo es que ya no nos acordamos jajaja 😉
    Un besazo 🙂

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    1. Pueden ser hechos consecuencia de otros anteriores aunque no nos demos cuenta y los vistamos de casualidad. Original eso de que firmamos desde el primer momento, como parte de un plan preconcebido. Yo ante la duda me quedo con la canción de Serrat 😁
      Abraçada Lidia

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    1. Todo sucede por algo. Incluso cuando sea la consecuencia de un cúmulo de situaciones previas igualmente casuales. A mi también me gusta mucho Serrat. Esta canción, no es muy conocida, pero es preciosa. Un abrazo

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  6. Los encuentros son afortunados o no según el talante de sus protagonistas. Lo que sí es casualidad es que dejemos nuestras corazas y prejuicios y nos mostremos como realmente somos. Lo que hacemos en este barrio que sin conocernos parecemos vecinos de toda la vida.

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    1. Tienes mucha razón. Y es más, yo echo de menos a alguno de vosotros, cuando veo que no publicáis. Todos tenemos ocupaciones y a menudo disponemos de poco tiempo. Entonces cuando vuelvo a verlos, sonrío frente a la pantalla. Abrazo.

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