Seis largos meses

afhganystan

Héctor salió a correr temprano como hacía siempre en su otra vida, pero ahora le ahogaba el polvo en suspensión que le dificultaba respirar y le secaba la boca. Estaba cerca del límite permitido y no podía salir de la zona marcada, porque el riesgo de un ataque era elevado.

Se detuvo. Al fondo se levantaba un infinito de color ocre solo turbado por la montaña que emergía entre la nube de polvo. Sabía que era un intruso en una zona turbulenta.

Hacía más de diez años que Héctor dejó su país por una oferta de trabajo en el ejército español. Y allá que se fue cruzando el Atlántico.

Sara española de origen iraní ejercía de traductora, valiente y decidida, no dudó ni un instante en aceptar el reto de trasladarse a Afganistán. La vida era dura y en permanente tensión, pero era feliz con su trabajo.

Ambos formaban parte del último relevo en la base de Herat. Sospechaban que se les iban a hacer muy largos los seis meses allí. Pero jamás pudieron imaginar que una situación tan compleja se convertiría en el núcleo de su amor.

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Autor: carlos montalleri

... si nos preguntan la hora, no es necesario explicar como funciona un reloj ... cmontalleri@gmail.com

32 comentarios en “Seis largos meses”

    1. La imaginación es la que hace el resto, retornaron sanos y con la sorpresa de una relación imprevista. Claro, es cortito jajaja, pero es lo que tienen los micros, aunque te confieso que la mayor parte de mis textos tendrían fácilmente una segunda parte. Y ahí también aparece vuestra imaginación como lectores. Un abrazo Carlos.

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  1. Las circunstancias difíciles unen a las personas, se vive el momento con más intensidad. Imagino que fuera de tu país, en un entorno hostil, lejos de tus seres queridos, buscas la compañía de los más cercanos y de ahí al amor, solo hay un paso. Bonita historia.
    Un abrazo.

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  2. Lo he leído más de una vez y me queda la sensación que te faltó agregar: continuará.
    ¿Podría ser, verdad? Linda historia que nos recuerda que el amor puede surgir hasta en el más insospechado lugar.
    Buen fin de semana, Carlos!
    Un abrazo 😀

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    1. A veces los micros quedan cerrados, pero otras tantas veces pueden quedar abiertos a algo más y este es en efecto uno de esos relatos donde se pide más. Pero esta es la magia de los micros siempre dejar al lector que vuele su imaginación, cerrar los relatos pero con rendijas abiertas. Me alegra que te haya gustado. Un abrazo y a por el fin de semana.

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  3. La verdad es que me produce una sensación agridulce. La guerra de Afganistán es una guerra cruel, injusta, imperialista y representa lo peor de la política occidental y el fracaso evidente de la ONU (bueno, es mi opinión). Una historia de amor de dos personas del ejército conquistador no salva absolutamente el hecho de que decenas de miles de personas y sus historias de amor correspondientes fueran destruidas.
    Y, lo siento, pero sí era su guerra, allí fueron por un sueldo y por controlar el petróleo y el gas natural nuestro de cada día. Las consecuencias de esas políticas y de esas acciones, las vemos de manera cotidiana, lamentablemente.
    Un abrazo.

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    1. Coincido contigo en el fracaso de la ONU y en la crueldad de la guerra con los más desfavorecidos, en un territorio sometido a la presencia de distintos ejércitos a lo largo de los años, con intereses bastante obvios. ¿Por qué una historia así en Herat y no en el cine del barrio?. Las localizaciones no son casuales, observa como el protagonista se siente un intruso “Sabía que era un intruso en una zona turbulenta” y como ambos protagonistas tienen orígen extranjero, este aspecto es para mi interesante en el contexto del micro. La mayoría de comentarios se centran en una historia de amor, tú has ido más allá, con una crítica a esa guerra injusta. Y como ves, yo creo que aún quedarían flecos en otros aspectos. Bienvenido tu comentario tan extenso como intenso. Un abrazo.

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      1. Sí, es un relato breve e intenso, pleno de significaciones; el hecho de que se sienta intruso y de que ambos sean extranjeros no les exime de responsabilidades en un conflicto del que todos nos beneficiamos económicamente y cuyas consecuencias violentas nos asombran como si nos fueran ajenas. Incluso, de nada sirve el “no a la guerra” si no cambias en nada tu modo de vida que la genera con tus demandas. O el “bienvenidos refugiados” si tus actos cotidianos contribuyen estructuralmente a esas diásporas.
        Pero bueno, ya me he extendido mucho. Un abrazo.

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