Maitre a ciegas

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Era la primera vez que tenía una cita a ciegas y me hacía ilusión. Me arreglé y me perfumé. Llegué al restaurante casi una hora antes, presa de mil nervios. ¿Cómo sería? ¿A qué se dedicaría? Y lo más importante ¿Nos gustaríamos?

A la hora exacta entré en el restaurante y como no teníamos experiencia en citas a ciegas, habíamos decidido previamente hacer la reserva a un nombre pactado entre ambos. Él ya me estaba esperando, elegante, educado, un caballero. Nos reímos nerviosamente pero la primera impresión había sido excelente.

Nos sirvieron un delicioso aperitivo y al instante, leimos con atención la carta. Por fortuna, el restaurante elegido es de los pocos que tienen carta y menús en Braille.



PD: según indica la Comisión Braille Española, aunque se va extendiendo la incorporación de cartas de restaurantes traducidas al Braille, el porcentaje de restaurantes con cartas y menús en este sistema de lectura táctil, sigue siendo muy pequeño. Más info en Once Protección internacional para el braille

 
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Seis largos meses

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Héctor salió a correr temprano como hacía siempre en su otra vida, pero ahora le ahogaba el polvo en suspensión que le dificultaba respirar y le secaba la boca. Estaba cerca del límite permitido y no podía salir de la zona marcada, porque el riesgo de un ataque era elevado.

Se detuvo. Al fondo se levantaba un infinito de color ocre solo turbado por la montaña que emergía entre la nube de polvo. Sabía que era un intruso en una zona turbulenta.

Hacía más de diez años que Héctor dejó su país por una oferta de trabajo en el ejército español. Y allá que se fue cruzando el Atlántico.

Sara española de origen iraní ejercía de traductora, valiente y decidida, no dudó ni un instante en aceptar el reto de trasladarse a Afganistán. La vida era dura y en permanente tensión, pero era feliz con su trabajo.

Ambos formaban parte del último relevo en la base de Herat. Sospechaban que se les iban a hacer muy largos los seis meses allí. Pero jamás pudieron imaginar que una situación tan compleja se convertiría en el núcleo de su amor.

Ignorantes

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Nos dimos un cálido abrazo. Se que es lo que más agradece, porque hay muchos ignorantes que se lo niegan.

Hace años Rafa cometió un error y fue condenado a tres años de cárcel, de allí se trajo no solo la experiencia más oscura de su vida, sino también el peor compañero de viaje que pudo encontrar: el VIH.

Ha pasado mucho tiempo, rehabilitado por completo y en permanente tratamiento médico para el resto de su vida, Rafa ha encontrado un trabajo de casi mileurista que le permite evadirse un poco de sus muchos problemas. Apoyado siempre por su fiel Ana, tienen una niña adoptada que es su ojito derecho.

Me estremezco cuando me explica que su propio hermano es incapaz de abrazarle y que hubo “amigos” que le negaron la mano.

Yo le digo que es cuestión de ignorancia y que el mundo está lleno de ignorantes. Y nos despedimos con otro cálido abrazo.

La obra

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Debo decidir si continuo representando la obra o la dejo. Meterme en el personaje de un drogadicto me está causando bastantes estragos.

Creí que no iba a sucederme nada por probar sus sensaciones y ahora me doy cuenta de que cada vez las necesito más y más.

De acuerdo, esta vez será la última que la esnife. Lo juro. Pero también lo juré hace una semana.

Al menos soy firme candidato al premio de teatro y el público me aplaude a rabiar cuando termina cada función.

Y los fines de semana con dos funciones al día … me siento volar.

El esguince

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El dolor era intenso, seguramente Marta piso mal o resbaló y su tobillo hizo un extraño escorzo. Rápidamente un par de personas le ayudaron a recoger el bolso y a ponerse en pie, pero el intento fue baldío, el dolor era más fuerte de lo que imaginaba.

“Disculpe le dijo un hombre de mediana edad, soy fisioterapeuta, me permite que le toque el pie? ”. Marta asintió y el hombre movió suavemente el tobillo…“es un esguince y muy fuerte, debería ir a urgencias, no puede caminar así”

“Podemos parar un taxi” propuso otro viandante. Marta volvió a asentir y con la ayuda de un par de personas entró en un taxi cuyo conductor viendo la escena, propuso… “el hospital del Carmen está a apenas 10 minutos y tiene un buen servicio de urgencias, porque mi cuñada que…” Pero Marta le cortó secamente “gracias pero lléveme a esta dirección” que no era otra que la de su casa.

En el trayecto llamó a su vecina Rosa y le explicó lo sucedido, “necesito que me ayudes”, “sin problema” replicó Rosa, “te llevo al hospital”.

Pero Marta requería otro tipo de ayuda.

Rosa la esperaba en el portal y la acompañó hasta su casa. “Madre mía, como tienes el tobillo” exclamó. “Pero ¿qué puedo hacer por ti?, ¿quieres tumbarte? ¿estás mareada? ¿aviso a alguien?” preguntó

“No Rosa, verás, es que me da un poco de palo decírtelo, pero desde que rompí con Julián no…no…no me he vuelto a depilar las piernas”. Rosa la miro estupefacta, “Pero si rompiste en septiembre y estamos en marzo, no me jodas que…” Marta asintió con la cabeza. Rosa le ayudó a quitarse el panty oscuro y descubrió las bonitas piernas de Marta, cubiertas con una contundente mata de pelo. “Rosa, necesito que me ayudes a depilarme antes de ir a urgencias, pero por dios de esto ni una palabra a nadie”.

Y Rosa comenzó con el proceso de depilación que solo interrumpió cuando ya no podía más soltando una sonora carcajada. Marta colorada como un tomate, rompió a reír hasta llorar en parte por la situación, en parte por el intenso dolor que sentía.

Por fortuna,  en algo más de media hora podría ir por fin, tranquila a urgencias.

La carta de Mizuki

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En esa casa no vive Mizuki Tanaka, le decía siempre al cartero.  Y sin embargo cada mes llegaba una carta a mi portal, a mi escalera, a la puerta de enfrente  y siempre sin remitente.

Un día me hice con la carta, presa de la curiosidad, sabedor de que mi acto era incorrecto, incluso ilegal.  Y abrí el sobre.  Había un texto que parecía japonés.

Conseguí que me lo tradujeran, decía así: “La rana en el fondo del charco no sabe nada del gran Océano”.

No sé quién es Mizuki, pero desde ese día me siento conectado a ese nombre. Y cada mes, espero la carta.