¡¡¡ Bravo !!!

Imagen: Pinterest

El público aplaude a rabiar, se escuchan los “bravos”. Mi escena final es desgarradora, lloro desconsoladamente mientras unos lagrimones caen sobre mis mejillas. Con los ojos entreabiertos, observo la reacción del público y disfruto de mi éxito una noche más.

En unos minutos, mis propios compañeros me darán la enhorabuena por mi soberbia actuación y el señor Peñalva el productor, me estampará dos sonoros besos en sendas mejillas. Seguro que en el camerino me aguarda un ramo de rosas rojas, mis favoritas y después, ya en la calle, varios admiradores, hombres y mujeres me reclamarán un autógrafo o un selfie con ellos.

Si, he vuelto a triunfar.

Y eso que esta vez no he actuado, porque esta vez mis lágrimas son de verdad, de pena, de dolor. Pero nadie lo sabe, ni nadie lo sabrá jamás.

Es lo que tiene ser actriz, a veces confundes la realidad con la actuación y hoy por primera vez mi actuación fue verdaderamente real, como mis lágrimas desesperadas.

Y mi secreto quedara oculto tras los aplausos, tras las rosas, tras los besos, tras los “bravos”.

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Don Pascual

Imagen: Pixabay

Me gustaba ir a ver a Pascual, el abuelo de Tania. Era un hombre muy leído y culto. Sus noventa y tres años le daban un porte especial. Su voz algo quebrada era aún sugerente… 

-¿De verdad crees que eres libre? Nadie elige su vida, ni ahora ni antes. 

– Antes en el pueblo nos debíamos a las decisiones de los padres. Entonces se tenían muchos hijos y de siempre, el mayor iba para militar y el siguiente para cura. Se les buscaba un sustento fijo. Como a las hijas, a las mas agraciadas se les buscaba un buen partido, a las menos se las encaminaba a la vida contemplativa, ya sabes como monja…

… Y quedábamos los pequeños, para los que apenas había más empeño que la propia supervivencia, el trabajo en el huerto, en el almacén de algún acaudalado indiano y los más afortunados hasta podían ir a la escuela, aunque no todos aprovechaban esa oportunidad. La vida nos hacía a nosotros mismos, no elegíamos casi nada y suerte si no pillábamos alguna enfermedad de esas que te llevaban al huerto, pero al otro huerto…

…Nosotros éramos catorce hermanos y cuatro murieron de pequeños, dos por enfermedad y otros dos por accidentes. Y otros dos en la guerra. A mi hermano Luisito lo atropelló un carro tirado por un buey. Y Carmencita se despeñó jugando al escondite, ya ves tú que fatalidad…

…Y mi hermana Angelita la más lista de todos, que emigró a Francia a vendimiar y se quedó sirviendo en una casa que mira tú por donde, era de unos señores de dinero y como Angelita era muy buena con la costura, se  la llevaron a París y la metieron en una casa de esas de ropa buena y cara. Recuerdo que cuando venía al pueblo las otras mujeres le cuchicheaban envidiosas a sus espaldas y Angelita las hacia rabiar y un día cansada de como la miraban, le mostró el liguero al señor alcalde y claro, acabó en el calabozo, que aquello fue un escándalo y luego Padre hubo de sacarla de allí y bien orgulloso que estaba de su hija…

…Y luego estaba Nicolás que fue preso político pero de los de verdad, no como ahora que llaman preso político a cualquiera… que le llevaron a varias cárceles por rojo y le dieron de hostias a diario. Y luego Nicolás ya con la democracia se afilió al Partido Comunista y llegó a ser alcalde del pueblo y un buen alcalde te aseguro y no porque fuera mi hermano…

… Y claro que no se hablaba con Ramón el mayor que era cura y del régimen franquista y que no hizo nada por echarle una mano ni por interceder, que eran tiempos en los que un cura valía su peso en oro…

… Y me acuerdo de Ruperto, que se metió a militar y le tocó en el bando republicano y fue de los últimos defensores de Madrid en las batallas de la Ciudad Universitaria y de Navalcarnero. Ellos sabían que si Madrid caía, la guerra terminaba pero nunca se rindieron y allí que se dejaron la vida y  fíjate tú que Ruperto tenía veintidos años solamente…pero si era casi un niño…

… No sé, pero no me acuerdo mucho de mis otros hermanos… que pena…

… Yo que era de los pequeños, me gané la vida en el huerto de Don Venancio y luego poniendo ladrillos y de paleta y hasta aprendí fontanería y era bueno de verdad, jejeje…y aquí me tienes con mi pequeña pensión  pero feliz en el pueblo, esperando que me llegue la hora de acompañar a Nicolás, a Angelita, a Nicanor, a Carmencita, a Ruperto…incluso al cabrón de Ramón…

-¿Oye Tania, tu crees que tu amigo querrá volver a visitarme, porque es que yo hablo mucho y además creo que entremezclo las historias, pero claro a mis años… aunque creo que le interesa y parece buena gente, aunque mira mucho su teléfono…

El coleccionista de miradas

Como cada domingo, Germán salió de su casa camino al parque.

Y nada más pisar la calle comenzó a escudriñar con interés todo cuanto le rodeaba, su fijación era estar atento a cualquier movimiento.

Miraba a las personas con una mezcla de interés y disimulo para no causar molestias.

Y con algunas de esas personas cruzaba miradas momentáneas, furtivas, apenas unos segundos o menos.

Y después Germán sonreía satisfecho y a veces incluso se detenía a apuntar algún detalle en su pequeña libreta.

Porque Germán era ante todo, un coleccionista de miradas.


original publicado septiembre 2016

Aeropuerto

Imagen: Montalleri

Como tantas veces, he ido al aeropuerto a recibirte después de tu estancia de trabajo. Por la misma puerta, entraban los pasajeros de tres vuelos casi a la misma vez. Tú Pablo, siempre eres muy tranquilo, sin prisas, te gusta salir de los últimos, lo sé.

Comienza a salir la gente, un chorro de personas de distintas nacionalidades e idiomas. Se suceden los saludos, los abrazos emocionados, los choques de manos, la algarabía y la discreción a partes iguales.

Te imagino como siempre con tu habitual desaliño, barba de tres días, unos vaqueros, una camiseta, tu gorra, tu mochila al hombro y arrastrando tu trolley.

Te imagino y te espero.

Y te sigo esperando, cuando siento una mano sobre el hombro. La mano de tu hermana Marta. Me giro. Y Marta me mira y me sonríe y me abraza muy fuerte y yo intento mirar hacia la puerta porque, si no nos vemos, tendrás que irte en el autobús y yo quiero que sepas que te he ido a buscar, como he hecho tantas veces.

Marta me agarra por el hombro con cariño pero con fuerza.

Y entonces lo recuerdo todo y estallo en lágrimas.

Como te echo de menos hijo mío.   

Presente

Imagen: Pixabay

Tenía un apetito insaciable, devoraba su vida a grandes bocados.

No hacía ninguna dieta emocional.

Un día se preguntó que preferiría, ¿cambiar el pasado o conocer el futuro?

Y decidió engordar transformando emociones en sentimientos y se convirtió en un maestro de la intuición.

Nunca tuvo pasado ni futuro.

Su vida fue siempre un continuo presente.   

Su elección

Imagen: Pixabay

Fue su elección. Eligió inicialmente un camino, aunque luego se lo fueron perfilando peligrosamente. Solo una durísima y sólida formación, le permitió soportar la situación, en todos los ámbitos tanto físicos como psicológicos.

Era capaz de negociar con dureza, sin escatimar el ataque si era preciso, bajando incluso a las alcantarillas de la política, de las finanzas y por supuesto de la guerra. Dio órdenes inconfesables, negó la evidencia una y otra vez, mostrándose como un hombre de varias caras. Afable pero frío y peligroso.

Le gustaba su trabajo pero comprendía que llegaría el día en el que todo acabaría, tal vez muerto, tal vez desaparecido, tal vez con una nueva identidad, en otro lugar, en otro destino.

Pasaron los años y una mañana estaba de paso en su ciudad de origen y encontró fácilmente a Ana, en realidad la tenía monitorizada, era algo sencillo para él. Y allí la vio haciendo deporte por el parque, yendo al hospital donde trabajaba o recogiendo a su hija del colegio.

Ana, su pasión de juventud con la que se prometió amor eterno. La única duda en su elección. La peor mentira contada jamás. El dolor que no podía disimular ni su dureza, ni su coraza.

Fue un día tal como hoy, cuando tuvo que romper con su vida, con un único objetivo, prepararse para formar parte del servicio secreto de un país que ni siquiera era el suyo. Pagaban muy bien, pero se convertiría en un mercenario, en un maldito mercenario.

Fue su elección, a costa de su amor, a costa de su vida.

Castillos en el aire

Imagen: Montalleri – Castillo de Coca – Segovia

Observando la belleza del Castillo de Coca, pensaba en su construcción que data del siglo XV, hecha sin duda, con buenos cimientos.

Cimientos que sin embargo, suelen faltar a “los castillos en el aire”, expresión que siempre me ha parecido curiosa y que indica que estos castillos, suelen derrumbarse más pronto que tarde, al abrigo de una esperanza que no se cumple.

En realidad, pasar de fantasear a ilusionarnos solo está separado de una fina línea. Y ese es el ejercicio que propongo, coger un folio en blanco y un lápiz y dedicar un tiempo a la reflexión sincera para escribir al desnudo, aquellas cosas por alocadas que sean, que nos hubiese gustado llevar a cabo y que obviamente tengamos pendiente de hacer, casi siempre subordinadas a nuestros “motores de vida”.

Esos “motores”, generalmente están basados en el amor, la familia, el trabajo, la amistad, el estudio, pero hay momentos en los que alguno de los motores falla y es necesario rectificarlo o incluso cambiarlo.

Tal vez sea el momento de retomar las ideas escritas en ese papel en blanco. Aquello que nunca pudimos hacer, ni terminar, puede que ni siquiera empezar.

Aquellos castillos en el aire, que quizás hoy, desde una nueva perspectiva, podamos al fin comenzar a construir con fuertes cimientos.