Barro

barroPor fin llegó el viernes y Adela nos presentó al hombre de su vida. Hasta ahi todo normal, si no fuera porque Adela nos presenta cada seis meses al hombre de su vida.  La velada fue agradable y no quise hacer ninguna pregunta complicada, no por un exceso de amabilidad, sino porque no me apetecía escuchar algunas posibles respuestas que ya conocía de otras veladas. Adela moldeaba su vida como el barro olvidando que con frecuencia, el valor de una vasija suele estar en su contenido.

Apps

zapatofonoMe encanta la nueva aplicación que está haciendo furor entre jóvenes y no tan jóvenes.  Hay incluso quedadas tumultuosas y gente que va por la calle como posesa con los ojos puestos solo en su Smartphone en búsqueda de la presa por cazar.  Ha sido una idea fantástica y debo reconocer que me ha enganchado.  Hasta ahora las piezas más importantes que he conseguido cazar son  “El arte de amar” de Erich Fromm, “León el africano” de Amin Maalouf, “El nombre del viento” de Patrick Rothfuss y la última trilogía de Santiago Posteguillo sobre Trajano.  Luego una vez cazados, me los puedo descargar legalmente a un justo precio en formato e-book.  Eso sí, debo tener cuidado cuando los busco por las calles, ha habido casos de gente que se ha metido en un cuartelillo o en una finca de toros, incluso ha habido algún atropello. Wow…como avanzan las aplicaciones.

Manta


ambulantes playaDisfrutando de la sombra más que del sol, vi como ese gigantón de color caminaba penosamente por la arena de la playa cargando dos macutos considerables repletos un poco de todo.  Se detuvo en una sombrilla familiar y mostró unos pareos. Ignoro si vendió algo, pero a los pocos minutos se levantó atendiendo al reclamo de otros turistas a los que mostró de nuevo pareos y gafas de sol.  De repente un potente silbido le hizo entrar en alerta, recogió todo velozmente y salió corriendo mientras en la lejanía se veía un todo terreno de la policía municipal.  Al pasar a mi lado tropezó volcándosele parte del contenido de uno de los macutos. Instintivamente se puso a recogerlo frenéticamente y yo de manera también instintiva le ayude a guardarlo todo.  Cruzamos la mirada y vi tristeza en sus ojos. Y entonces me dijo “gracias amigo” y yo le respondí “mucha suerte” 
y le ofrecí una botella de agua.  Serio y cabizbajo la aceptó. Y se fue todo lo rápido que su carga le permitió.

Perfiles

coffee_8Manu 31 años, es frágil, a veces le gustaría desaparecer, intenta ser escritor, y su falta de autoestima solo es comparable con sus excelentes reflexiones.  Café con leche.  Marta 46 años, casada con dos hijos y un marido que la evita, la quiere pero la evita.  Administrativa, no tiene sueños, solo tiene realidades.  Café con leche y croissant.  Ramón 38 años, trajeado, barba de tres días.  Comercial de éxito.  Divorciado con una hija a la que dedica su poco tiempo libre.  Es un hervidero de ideas.  Desayuno completo.  Ainhoa 22 años, estudiante, deseosa de salir del hogar familiar. Decidida. Rebelde.  Busca su rumbo.  No aguanta a sus padres ni las preferencias por su hermano.  Quiere ser un espíritu libre.  Té con leche fría. Ignacio 57 años, viudo, más de tres décadas en el taller, ha oído rumores de prejubilaciones, quiere dejarlo todo y marcharse pero no sabe a dónde, ni con quién.  Sustituye con humor sus tristezas.  Café y churros. 

Manu, Marta, Ramón, Ainhoa e Ignacio han coincidido en la cafetería de Ana.  Lo llevan haciendo desde hace mucho tiempo y se seguirán viendo aún más.  Se miran.  A veces sin darse cuenta se saludan cortésmente.  Apenas un mínimo comentario.  Nada saben de los demás y cada vez saben menos de ellos mismos.  Solo tienen muy claro que no quieren ser perdedores.

La mano arácnida

arana-en-mano_5152Desde aquél minúsculo cuarto se oía la música de la fiesta, su familia y los vecinos celebraban la victoria de su equipo bailando y bebiendo.  El calor era intenso, la humedad  asfixiante.  En el cuarto una sola persona pero dos entes propios.  Él y la araña que le seguía a todas partes y con la que hablaba a menudo, mientras movía sus propios dedos como si fueran las patas del arácnido en una simbiosis perfecta con su mano. Habían pasado ya cuatro años desde que el desamor de una mujer, la sinrazón de un galeno y la intolerancia familiar, le postraron allí como un loco.  De repente su sobrino dijo, “le llevamos una copa al tío Marcelo” y alguien contestó, “no, que se la bebe la araña”.  Todos rieron la gracia, la música se intensificó junto a bailes, cánticos y banderas al viento.  Marcelo en su cuarto pensó que era el momento preciso. Había cogido una afilada cuchilla de afeitar del baño. Y con ella, comenzó a cortar las patas de la araña, no sintió placer, tampoco dolor, tan solo le embargaba la sensación de que había de terminar con ella de una vez.  Y lo hizo.

Soledad

2015-04-01 18.24.12Solía decirme que morirse era muy largo y lento.  Yo, la verdad, no sabía cómo aliviarle, porque los típicos comentarios de “verás cómo te pones bien” siempre me parecieron fuera de lugar además de falsos.  Así que hablábamos mucho y de muchas cosas.  De cuando era niño, de su juventud en tiempos verdaderamente difíciles, de la familia, de sus trabajos y especialmente hablábamos de los que ya no están.  Un día me dijo que ya no le quedaba casi nadie, que se encontraba muy solo.  No supe que contestarle porque conforme lo decía, yo mismo me daba cuenta de la soledad que le invadía.  Estaba solo de su propia vida, solo de sí mismo, por mucho que nos tuviera a nosotros.  Benedetti decía en un poema “después de la alegría, después de la plenitud, después del amor, viene la soledad”. Qué gran verdad.