Manta


ambulantes playaDisfrutando de la sombra más que del sol, vi como ese gigantón de color caminaba penosamente por la arena de la playa cargando dos macutos considerables repletos un poco de todo.  Se detuvo en una sombrilla familiar y mostró unos pareos. Ignoro si vendió algo, pero a los pocos minutos se levantó atendiendo al reclamo de otros turistas a los que mostró de nuevo pareos y gafas de sol.  De repente un potente silbido le hizo entrar en alerta, recogió todo velozmente y salió corriendo mientras en la lejanía se veía un todo terreno de la policía municipal.  Al pasar a mi lado tropezó volcándosele parte del contenido de uno de los macutos. Instintivamente se puso a recogerlo frenéticamente y yo de manera también instintiva le ayude a guardarlo todo.  Cruzamos la mirada y vi tristeza en sus ojos. Y entonces me dijo “gracias amigo” y yo le respondí “mucha suerte” 
y le ofrecí una botella de agua.  Serio y cabizbajo la aceptó. Y se fue todo lo rápido que su carga le permitió.

Perfiles

coffee_8Manu 31 años, es frágil, a veces le gustaría desaparecer, intenta ser escritor, y su falta de autoestima solo es comparable con sus excelentes reflexiones.  Café con leche.  Marta 46 años, casada con dos hijos y un marido que la evita, la quiere pero la evita.  Administrativa, no tiene sueños, solo tiene realidades.  Café con leche y croissant.  Ramón 38 años, trajeado, barba de tres días.  Comercial de éxito.  Divorciado con una hija a la que dedica su poco tiempo libre.  Es un hervidero de ideas.  Desayuno completo.  Ainhoa 22 años, estudiante, deseosa de salir del hogar familiar. Decidida. Rebelde.  Busca su rumbo.  No aguanta a sus padres ni las preferencias por su hermano.  Quiere ser un espíritu libre.  Té con leche fría. Ignacio 57 años, viudo, más de tres décadas en el taller, ha oído rumores de prejubilaciones, quiere dejarlo todo y marcharse pero no sabe a dónde, ni con quién.  Sustituye con humor sus tristezas.  Café y churros. 

Manu, Marta, Ramón, Ainhoa e Ignacio han coincidido en la cafetería de Ana.  Lo llevan haciendo desde hace mucho tiempo y se seguirán viendo aún más.  Se miran.  A veces sin darse cuenta se saludan cortésmente.  Apenas un mínimo comentario.  Nada saben de los demás y cada vez saben menos de ellos mismos.  Solo tienen muy claro que no quieren ser perdedores.

La mano arácnida

arana-en-mano_5152Desde aquél minúsculo cuarto se oía la música de la fiesta, su familia y los vecinos celebraban la victoria de su equipo bailando y bebiendo.  El calor era intenso, la humedad  asfixiante.  En el cuarto una sola persona pero dos entes propios.  Él y la araña que le seguía a todas partes y con la que hablaba a menudo, mientras movía sus propios dedos como si fueran las patas del arácnido en una simbiosis perfecta con su mano. Habían pasado ya cuatro años desde que el desamor de una mujer, la sinrazón de un galeno y la intolerancia familiar, le postraron allí como un loco.  De repente su sobrino dijo, “le llevamos una copa al tío Marcelo” y alguien contestó, “no, que se la bebe la araña”.  Todos rieron la gracia, la música se intensificó junto a bailes, cánticos y banderas al viento.  Marcelo en su cuarto pensó que era el momento preciso. Había cogido una afilada cuchilla de afeitar del baño. Y con ella, comenzó a cortar las patas de la araña, no sintió placer, tampoco dolor, tan solo le embargaba la sensación de que había de terminar con ella de una vez.  Y lo hizo.

Soledad

2015-04-01 18.24.12Solía decirme que morirse era muy largo y lento.  Yo, la verdad, no sabía cómo aliviarle, porque los típicos comentarios de “verás cómo te pones bien” siempre me parecieron fuera de lugar además de falsos.  Así que hablábamos mucho y de muchas cosas.  De cuando era niño, de su juventud en tiempos verdaderamente difíciles, de la familia, de sus trabajos y especialmente hablábamos de los que ya no están.  Un día me dijo que ya no le quedaba casi nadie, que se encontraba muy solo.  No supe que contestarle porque conforme lo decía, yo mismo me daba cuenta de la soledad que le invadía.  Estaba solo de su propia vida, solo de sí mismo, por mucho que nos tuviera a nosotros.  Benedetti decía en un poema “después de la alegría, después de la plenitud, después del amor, viene la soledad”. Qué gran verdad.

Europa

pisadas arena

Las palabras que ha aprendido por la noche quedan grabadas en su memoria, siempre referenciadas a un mundo muy diferente.  La habitación de la pensión es diminuta y amueblada con piezas encajadas como en un puzle.  Las paredes hablan de sentimientos y de emociones, que él capta para sí como si de un tesoro se tratase. Incluso entre los gritos detecta expresiones que escribe velozmente con un lápiz en su pequeña libreta de mano, aún a riesgo de no escribirlas bien. Pero eso no importa.  Lo verdaderamente importante es que al día siguiente pueda usarlas como pasaporte para una integración tan difícil en la añorada Europa.

Distancia

planeta-tierraDesde el otro lado del planeta me llamaste a gritos. Escuché tu voz, tu llanto, tu risa, tus dudas, tus temores, y por supuesto también los míos. No hay ninguna ley física que diga que solo hay tres dimensiones. En realidad, me da lo mismo, no me preocupa. Tanto tú como yo sabemos que nuestra distancia emocional es de dimensiones casi planetarias pese a los cincuenta metros cuadrados que compartimos.

¿Tienes hora?

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Con frecuencia damos más explicaciones de las necesarias y de las que nuestros interlocutores requieren.  Si te preguntan la hora, no es necesario explicar el funcionamiento de un reloj.  No se trata de ser parco en palabras, más bien de ser práctico.  A mi me ha costado entenderlo, como me ha costado mucho darme cuenta del poder del silencio.

Además cada día tengo más claro que si algo no se soluciona pasando página, habrá que pensar en cambiar de libro.  Y en ello estoy, en pleno cambio de libro.  Tal vez por eso, solo pretendo saber la hora de mi vida, sin que nadie me explique cómo he funcionado estos años.

Un apunte: los relatos que aparecen en este blog recogen historias y situaciones ficticias o no, en todo caso no voy a descubrir cuáles lo son y cuáles no lo son.  El lector tendrá que mostrar su capacidad intuitiva.  

Buena lectura y gracias por vuestras visitas.