Arenga

Imagen: Montalleri

 

Compañeros y compañeras: de vosotros depende el prestigio de la institución. De vuestro esfuerzo y trabajo. De vuestra dedicación y valor. Sé que es duro, pero es vuestro deber.

En apenas una hora, se abrirán las puertas del centro comercial y hordas de compradores comenzarán a utilizaros. Me consta que no todos harán buen uso. Por fortuna la mayoría será prudente con vosotros, pero habrá excepciones como siempre.

Mujeres y hombres, que os llenarán a rebosar y os someterán a una prueba de resistencia enorme. Otros os conducirán sin medición ni control, por no hablar de los niños y niñas para los que seréis un juguete ante la permisividad de los padres.

Pero es entonces, en las condiciones más adversas, cuando habréis de comportaros con toda vuestra valentía y fuerza. Tendréis que rodar con dignidad, evitando escoraros a izquierda o derecha.

Sé que no todos superaréis la prueba, pero habéis de saber que no estáis solos y que, si sufrís daños, seréis reparados por el servicio de mantenimiento, bajo mi propia supervisión.

Estad pues tranquilos y salir al centro comercial conscientes de vuestra labor, de vuestro momento.

Y pensad que ese momento no es de quiénes os empujan, sino de vosotros mismos.

Compañeros y compañeras…

-¿Estáis conmigo?

-Síiiiiiiiiiii

-¿Vais a mostrar vuestra valía?

-Síiiiiiiiiiii

Ánimo valientes, el destino está aún por escribir y en él nos esperan páginas gloriosas.

Suerte y que lo rodéis bien.

Nos vemos en dieciséis horas.

Anuncios

Fila 6, butaca 12

 

Imagen: Montalleri

Teatro, sesión a las veinte horas. Una tarde desapacible, fría, ideal para ir al teatro y a la salida, picar algo rápido en alguno de los mesones de la zona. Fila seis, butaca doce. No está nada mal.

Comienza la obra. Las cabezas miran adelante concentradas en los primeros movimientos de los actores y actrices.

Al cabo de cuarenta minutos de representación se produce el estallido.

Un estornudo inmenso, apoteósico, contundente, casi un “hipoaullido huracanado”, como decían en una serie de dibujos animados. Y al primer estornudo, le sigue un segundo y un tercero y un ….

Las cabezas se giran en búsqueda del culpable, que no puede evitar la avalancha de estornudos y gemidos, cual Chewbacca galáctico. La representación se paraliza, los actores en escena se miran desolados, como preguntándose -¿seguimos o qué?

Hay un murmullo en el patio de butacas, mezclado con alguna sonrisa de complicidad, cuando se descubre al pobre “Estornudator” que, enrojecido por la vergüenza, sale de la sala, entre hipos de contención. Hay quién aplaude su salida e incluso se escucha algún “Bravo”.

Los siseos de parte del público animan a recobrar el silencio y la atención en la obra, mientras al fondo, fuera ya de la sala, aún se oyen los ecos de rotundos estornudos.

Pero al final los actores reanudan el diálogo. Al cabo de una hora larga, termina la función.

A la salida, el comentario general, era que la representación había estado bien, pero sin duda, lo mejor había sido el ataque de estornudos del espectador de la fila seis, butaca doce.


Basado en hechos reales. Dedicado con cariño a Paco.


Ni caso

Imagen: Montalleri

En este blog, he publicado fotografías de algunos bichejos de los que me gustan y más o menos todos me han hecho caso a la hora de posar.

La excepción ha sido este abejorro, que por más que le he dicho que se estuviera quieto, no ha parado de moverse.

Incluso llegué a decirle que le inmortalizaría en el blog, como a la avispa, la araña, la mantis o el escarabajo que han posado para mí.

Pero ni caso.

Al final pude hacerle una foto más o menos presentable.

Curiosamente después comprobé como se detenía sobre una flor, mirándome altivo.

Y yo le devolví la mirada diciéndole… ¡tarde!


Más bichejos en…
Golosa
Modales
Intruso bienvenido
Etc…

Rufus

Imagen: Montalleri

Decía llamarse Rufus Gomstone. Al menos, con ese nombre reservaba todos los domingos una mesa para dos, en un coqueto restaurante de las afueras de su ciudad. Pero siempre comía solo.

La primera vez que el camarero intentó retirar el cubierto sobrante, Rufus se enfadó mucho…

– He reservado una mesa para dos y será para dos, hasta que me marche.

Desde entonces, en el restaurante ya le conocen de sobra y puntualmente le esperan los domingos, con su mesa preparada para dos comensales.

La costumbre es que después de la comida, Rufus salga a la puerta del local y se siente, en silencio, con la mirada perdida y allí se mantenga una hora. Ya puede hacer frío o calor, lluvia o sol, Rufus siempre espera sentado allí.

Luego se levanta penosamente y se marcha.

Dicen que hace años cuando se dirigía en coche a ese mismo  restaurante, tuvo un accidente en el que falleció su esposa. Tal vez eso explicaría su deseo de disponer siempre, de una mesa para dos comensales.

Aunque en realidad el protagonista de ese accidente fue un tal Rufino Gómez y el resto de la historia, incluído el cambio del nombre, no dejan de ser habladurías sin contrastar.

Y hoy, que es domingo, Rufus Gomstone o Rufino Gómez, tiene ya su mesa preparada.

Prioridades

Imagen: AMC/Montalleri

Khoun circula con su familia en su modesta moto. La prioridad de Khoun y de Chenda su mujer, es alimentar a su familia. Para ello necesitan trabajar, a ser posible con dignidad.

Ahora viven gracias a un pequeño local de comida en el que ofrecen humildes manjares locales a turistas. Khoun, se hace llamar John, es sonriente y es capaz de comunicarse en inglés y Chenda es extremadamente amable y servicial. Mantienen sus tradiciones, pero no quieren recordar lo sufrido por generaciones de camboyanos.

Khoun y Chenda no piden más.

Nosotros, ciudadanos del supuesto “primer mundo”, deberíamos calibrar nuestras necesidades y preferencias vitales para priorizarlas con sentido común y humildad, y entender, si fuera posible, el verdadero recorrido de nuestra existencia.

Lucimiento

Imagen: AMC

Era la primera vez que Natalia venía a casa a comer y decidí esmerarme. Nada de platos previsibles, nada de paellas, solomillos ni lubina.

Tenía que lucirme. Y sobre todo tenía que impresionarla.

Así que me decidí por una apuesta arriesgada: serpiente frita con salsa de arándanos.

Fue ver la bandeja y Natalia salió corriendo de casa.

Ni siquiera probó la deliciosa salsa de arándanos…

Así que llevo tres días comiendo serpiente.

¿Alguien gusta?