Ella

Esperé a que pasaras el control de la policía en el aeropuerto y cuando te giraste para decirme adiós con la mano, nos sonreímos. Luego ya desapareciste y me sentí algo aliviado, pensando que había sido capaz de evitar que notaras mi tristeza. O eso creo, porque imagino que tú habrás hecho lo mismo. 

Nos separa un océano literal y aunque siempre he pensado, incluso presumido que la distancia no se mide en kilómetros, sino en el corazón, hay momentos en los que me asaltan miles de dudas.

Las tecnologías nos permitirán hablar, incluso vernos, pero no hay aplicación que sustituya el calor de un abrazo.

Sabes que apenas bebo, pero hoy me estoy tomando un whisky.  Y escucho música, mientras el sueño intenta vencerme. Hoy me acompaña Ella, así que cierro los ojos y me dejo llevar…

Ocre

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Necesito el otoño ya, el de siempre, el de las hojas caídas, el de los tonos ocre. El de mis recuerdos, el “andante melancólico” del que hablaba George Sand, el que hemos de “aprovechar… antes de que el invierno nos escombre” como decía Benedetti. 

El que permite sentir el ruido seco de nuestras pisadas sobre las hojas y bajo la fina lluvia, mientras reflexionamos en la soledad más deseada o en la compañía más preciada. Aquél en el que caen las hojas mientras el árbol siempre se mantiene en pie.

Día más, día menos

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Nos saludamos con las manos, las tocamos en un choque muy suave. Traigo mi sonrisa, me la he puesto minutos antes de entrar en la habitación. Prefiero estar callado. Me cuesta decir lo que no pienso. Como si él no supiera la verdad. Pero todos participamos del juego absurdo. Cuando al final me quedo a solas con él, me quito la sonrisa, él hace lo propio.

Me confiesa su hartazgo de tanta pantomima, aunque intenta entenderla. “¿Por qué se engañan?” “¿Para quién es mejor, para ellos o para mí?” me pregunta. “Para ellos, sin duda”, le contesto yo. “No están preparados”.

“Ayúdame a levantarme, necesito asomarme a la ventana” me dice. Fuera es otoño, llueve suavemente y las hojas inundan el suelo. “La de tardes que he perdido en casa por auténtica pereza y lo que daría ahora por poder tocar esas hojas”. piensa en voz alta. “Pronto volverás a tocarlas” le digo sinceramente. No dice nada,  mientras mira ensimismado a través de la ventana.

Pasan unos minutos y la enfermera trae la cena.

“Un día más” le dice ella.

“Un día menos” le contesta él.

Invisible

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Me levanté y no vi mi reflejo en el espejo del baño. “Caramba” pensé “si que me ha sentado mal la cena de anoche”, pero pronto me di cuenta de que algo extraño estaba sucediendo. Salí al descansillo y llamé a la puerta de mi vecino,  la abrió, miró y dijo “empezamos pronto con las bromitas…” Yo movía mis brazos y le decía cosas pero él ni me veía ni me escuchaba.  

Intente contactar con mi hermano por whatsapp y las palabras aparecían en la pantalla, pero se desvanecían de inmediato.  Reconozco que me entró pánico. ¿Existía o no existía?…

Ha pasado un año desde que comenzó mi atormentada experiencia. Ahora al menos, lo tengo bien asumido y hasta le veo sus ventajas. 

No me queda otra. Cuando hace seis meses apreté el gatillo de mi revolver y la bala atravesó mi invisibilidad como si nada, me dí cuenta de que era el momento de comenzar a vivir de nuevo, aunque fuera de manera diferente.

Novato

ferrari_lEl novato arrancó su coche de novato con su L de novato. Al entrar en la autopista, los demás conductores le miraron y le adelantaron por izquierda o derecha, incluso le obligaron a hacer alguna maniobra imprevista. Algunos conductores le hacían gestos y le decían cosas que él no podía entender. Otros le ponían el dedo pulgar hacia arriba. Y el novato pensaba lo raro del trato recibido de los demás por el mero hecho de ser un novato al volante. Al cabo de un rato llegó a su destino y aparcó su Ferrari de novato con la L de novato.

Intruso bienvenido

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Es un intruso y es bienvenido. Parece contradictorio.

Me sorprende su quietud, su calma, al punto de pensar que está inerte. En ocasiones leo o escribo a su lado, mirando de reojo en búsqueda del momento de su marcha. A veces lo consigo pero son las menos, generalmente se va a la velocidad del rayo sin despedirse… y desaparece hasta la próxima ocasión.

Cuando le vuelvo a ver, puede que el intruso ya no sea el mismo, sino otr@ compañer@, no les puedo distinguir, apenas por el tamaño. Si veo que peligran intento ayudarles a encontrar un territorio menos hostil, sin enchufes, sin cables, sin trampas…

Son intrusos y sin embargo son bienvenidos.

Sorpresa

 

DSC_0198 peqmovilLa chica amenazaba con saltar del balcón, la gente se arremolinaba debajo hasta que llegó la policía y cercó la zona mientras expertos en estas lides analizaban la situación.

“¡¡No te tires!!” decían algunos, “¿qué te pasa?” preguntaban otros. La chica estaba inmóvil, como petrificada, puede que esperando el momento de saltar, puede que intentando salir del atolladero sin un rasguño. 

Un par de policías alcanzaron el balcón desde el piso…

-“Escucha por favor, dedícanos unos minutos” le dijeron

-“No me gustan las sorpresas, nunca me han gustado” respondió la chica

Los policías no entendieron el sentido de su frase” ¿a que te refieres?”

Y la chica se lo aclaró: “No quiero que la muerte me sorprenda, por eso quiero adelantarme yo”.

Traición (es)

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Me preocupaba su tono de voz por lo que acudí presta a la cafetería. La cara lánguida y triste de mi hermana Elena, me indicó que su voz no era más que el reflejo de su estado.  Me contó las sospechas de que Daniel, su pareja, tenía una aventura, que estaba con otra mujer.  Los gestos diferentes, las rutinas cambiadas, el olor de su ropa, el distanciamiento, la falta de diálogo, todo lo indicaba.  Y comenzó a llorar.  Le tendí la mano, le pregunté si no sería tan solo una confusión, una casualidad que tuviera explicación, a fin de cuentas Daniel estaba al borde de los cuarenta y algunos hombres necesitaban reafirmarse. 

Me dijo que no, que estaba segura.  Nos despedimos con un fuerte abrazo y me preguntó si podría hablar con Daniel, ya que yo tenía muy buena relación con él, simplemente para intentar saber qué le estaba sucediendo, ya que el diálogo entre ellos estaba roto. 

Le dije que por supuesto, y así lo hice nada más salir de la cafetería.  Cogí el móvil y llamé a un número que me sabía de memoria:  “Daniel, he estado hablando con Elena,  me ha dicho que cree que tienes una aventura, pero no parece que sospeche de lo nuestro.  Debemos andarnos con cuidado”.

 

Posado

IMG_20160428_190814Le busqué y le encontré. El mismo que conocí hacía unos meses. Allí estaba, tal vez esperándome con una profesionalidad digna de un actor. Y con una enorme paciencia con este visitante…

IMG_20160428_190729Y se lo agradecí con mis fotos. Al despedirme de él, le dí las gracias pero no me contestó, reconozco que no es muy hablador, pero sin duda es un crack.