El camino nevado

Imagen: Pixabay

Corría el mes de enero.

La abuela no quería que los niños jugasen en el camino del río, pero a ellos les encantaba bajar, porque la nieve lo cubría todo y los árboles parecían figuras blancas fantasmales. De niño, no se aprecian los riesgos de algunas actividades.

Por fortuna el pueblo había recuperado la calma desde la llegada de los milicianos. Y aunque pasaban hambre, no faltaban el pan, ni la manteca, incluso a veces había queso.

En los albores de la primavera, la temperatura comenzó a subir poco a poco y una tarde las abuelas y las madres obligaron -para su disgusto- a  los niños, a no volver a bajar al río. En verdad se pusieron muy serias, mucho. Hasta el punto de amenazarlos.

Pero los niños con su curiosidad innata eran incapaces de resistirse a ese “algo” que provocaba que las mujeres les impidieran el acceso al río. Por eso, Manolito, Rubén, El Pecas y Teresita, bajaron una tarde cuando ya anochecía.

Sin embargo, la visita duró poco. Jamás subieron a mayor velocidad el camino de regreso al pueblo. 

La primavera estaba derritiendo la nieve y cerca del camino del río comenzaron a verse los cuerpos de los desgraciados que fueron fusilados al comienzo de diciembre.

Autor: Montalleri

Ahorremos explicaciones, nunca emociones

38 opiniones en “El camino nevado”

  1. Prohibir es incitar.
    Me contaba mi abuela, que si algo aprendió en la guerra es que los que son de temer son los vivos, y no los muertos.
    Pero mi madre era niña entonces, y ella no recuerda los muertos ni las bombas. Sólo el hambre y el pan negro como lija que les lanzaban desde los aviones.
    Es bueno, de vez en cuando, hacer memoria.
    Gracias por tu relato Carlos

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    1. Muy cierto, toda prohibición lleva consigo la incitación en mayor o menor grado. Muy sabia tu abuela, lo que te contaba es una verdad como un templo, es una reflexión muy propia de los momentos dificiles que hubo de vivir. Pasar hambre queda en nuestra memoria. Mi abuela nunca tiraba el pan por muy duro que se pusiera. Gracias a tí Ecléctica por tu visita y un abrazo.

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    1. Así es y tanto más cuanto lo prohibimos a los niñ@s, siempre curiosos, siempre fantasiosos, aunque sea con intención de protegerles, pero la realidad sigue estando ahí, por muy dura que sea y por mucha protección que queramos ofrecer. Un abrazo Alicia y gracias por pasarte

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  2. Hay muchos cuerpos que ni el deshielo, ni los años, ni la vergüenza de los que ostentan el poder (la poca vergüenza, quiero decir) han conseguido sacar a la luz…
    Siento ser tan dramática, pero es un tema que me escuece mucho, un par de familiares lejanos siguen aún enterrados en alguna fosa común sin que nadie haga nada por remediarlo. Desde pequeña he oído hablar de ellos, pero entonces no entendía muy bien a qué se referían.
    Un cuento triste y que llega al corazón.
    Un abrazo, Carlos.

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    1. Sin duda es la asignatura pendiente. Hay quiénes hablan de revanchismo, pero son unos ignorantes. Me apena cuando veo en televisión una mujer u hombre ya octogenarios con la ilusión de poder dar sepultura a su padre fallecido cuando ellos apenas eran unos niños. Y no haber sabido en toda su vida donde están los restos. Es muy duro de asimilar. Tal vez sea un cuento triste, pero forma parte de nuestra historia como pueblo.
      Un abrazo fuerte Estrella.

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    1. Muchas gracias, celebro que te haya gustado. Contaba en otro comentario que esos años marcaron a las generaciones venideras. Mi abuela ya fallecida, jamás tiraba el pan por duro que se pusiera y hablaba de las penurias de la guerra. Mi padre que era un niño en esos años, tuvo una infancia difícil, como tal vez también tu madre. Como seguramente los niñ@s protagonistas de este relato. El entorno era muy complicado.
      Un abrazo y buen finde.

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  3. La niñez y la curiosidad van unidas de la mano. Excelente relato en un panorama para muchos de nuestros mayores conocido (por desgracia). Un abrazo

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Comentarios cerrados.

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