Desde la barra

Imagen: Pixabay

Dedicado a Antonio Llamas 


Solía acudir al bar solo los viernes y sábados por la noche. Silencioso y discreto, iba a un rincón de la barra y pedía su copa. Siempre lo mismo.

La primera vez le dio instrucciones a Laura la camarera, sobre como quería su gin tonic, lo que no gustó mucho a la chica.

Dos hielos, un poco de limón exprimido, dos dedos de ginebra y media botella de tónica. Hacía hincapié en que fuera media botella. El sobrante se la bebía a morro de inmediato. Maniático hasta el extremo, agradeció el platito de aceitunas que Laura le puso para acompañar la bebida, pero el hombre insistió en que fueran exactamente ocho aceitunas, ni una más ni una menos.

Con el tiempo Laura se acostumbró a su presencia y en cuanto le veía llegar, le preparaba su gin tonic tal y como él quería. No obstante, le costó pillar el punto a la cantidad de limón exprimido, pero lo consiguió. Tampoco cuestionó lo de las ocho aceitunas.

El hombre siempre agradecía la diligencia de Laura. Terminada su bebida y tras un tiempo de espera en el que merodeaba con la vista por el local, pagaba la bebida dejando siempre una buena propina.

Un día avanzado el tiempo y por primera vez se dirigió a la chica:
– Laura por favor…
– Sí dígame…
– Mi nombre es Leo de Leovigildo como el rey visigodo. Otra cosa, te sienta muy bien el color rojo. Y por cierto, me gustaría que me tutearas aunque podría ser tu padre.
Laura, que ese día vestía una ceñida camiseta roja, se quedó algo sorprendida. La verdad es que ese extraño personaje le caía bien. Era extremadamente educado, no la molestaba en absoluto, salvo sus manías ya controladas y además era generoso con la propina.

Un sábado por la noche, el local estaba semivacío en ese lapso de tiempo, poco antes de la medianoche. Entraron dos hombres rozando la treintena y se dirigieron a Laura de modo despectivo:
– ¡eh tía, queremos tomar algo!
– ¿Qué os pongo? – Respondió Laura
– Yo no sé, pero a ti te pondría a cuatro patas – jajaja, rieron los dos hombres
Laura estaba acostumbrada a ese tipo de ganado así que no se asustó. Les puso las copas y fue entonces cuando uno de ellos le dijo:
– me gusta tu piercing en la lengua y ¿sabes por qué? Porque todas las tías que lleváis piercing en la lengua sois un poco guarrillas.

Laura se molestó y miró al encargado, pero esté no le dijo nada. A los pocos minutos uno de los hombres le pidió otra copa, Laura no le escuchó o no quiso hacerlo y el hombre le dijo,
– ¡eh tú, zorra, ponme otra copa!
Laura le miró con desprecio y el hombre golpeó con fuerza la barra
– ¡Maldita zorra! ¡Ponme otra copa!

Leo degustaba tranquilamente sus aceitunas. Le quedaban solo dos. Después sorbió el líquido salado que las acompañaba y acto seguido bebió un trago de su gin tonic.

Y entonces, con una rapidez inesperada y una habilidad sobresaliente, lanzó el plato de las aceitunas contra el hombre que había insultado a Laura, dándole exactamente en la nuez del cuello. El hombre se quedó momentáneamente sin respiración, mientras miraba anonadado a Leo que, impertérrito, tomaba otro largo trago de su copa.

El compañero no sabía que hacer, mientras gritaba:
– ¡Le vas a matar! – e insultaba a Leo, pero sin acercarse a él.

Fue Leo el que se levantó, se dirigió hacia ellos y les dijo:
– Este imbécil se recuperará en siete minutos, pero le dolerá aún varias horas. A ver si aprendéis a pedir las cosas por favor y a dar las gracias a la señorita antes de iros, porque os vais a marchar ahora mismo.

El agredido estaba casi morado pero recuperaba la respiración poco a poco. Leo le cogió de la solapa, le sacó la cartera y dejo un billete de 50 euros sobre la barra.
– Cóbrate Laura, lo que sobre es propina que te dejan los señores.
El amigo no abrió la boca y ayudó a su compadre a salir del bar.

Restablecida la calma, Leo volvió a su esquina, pidió un segundo gin tonic preparado a su manera y con ocho aceitunas, ni una más ni una menos y no volvió a abrir la boca salvo para decirle a Laura que se cobrara.
– Gracias Leo, pero hoy estás invitado.
– Excelente despedida.
– ¿No vas a volver?
– No. Mi misión está a punto de terminar. Cuídate mucho de los malnacidos que a veces encontrarás por aquí.
– Lo haré.

Leo se levantó lentamente, miró a Laura con una leve sonrisa y salió por la puerta.
Nunca más volvió por el bar.

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Autor: carlos montalleri

... si nos preguntan la hora, no es necesario explicar como funciona un reloj ... cmontalleri@gmail.com

26 comentarios en “Desde la barra”

    1. De eso trata este micro, no tanto de ángeles como de la implicación de las personas y de no mirar para otro lado, como sucede a veces ante la injusticia. Creo que lo sucedido estos días nos revuelve tanto a tod@s que algo debe cambiar cuanto antes. Un abrazo 😊

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  1. Qué bonito relato, Carlos!! Es un homenaje precioso a Antonio. La historia tiene todos los ingredientes que él solía poner en sus relatos: un chico, una chica, un bar… Además, llega tu relato en un momento muy sensible para todas las mujeres de este país. Me han recordado los dos energúmenos de tu relato a los sujetos que están siendo noticia últimamente… Un fuerte abrazo

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    1. Gracias Mayte, valoro mucho tu opinión. En un comentario hace tiempo, Antonio me dijo que las historias de barra de bar le encantaban, por tanto cuando decidí escribir, no tuve duda. Luego lo sucedido esta semana me hizo modificar el desarrollo de la historia, por el momento que estáis pasando y nosotros a vuestro lado. Yo como padre de una adolescente me subo por las paredes. Un fuerte abrazo Mayte.

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      1. Esas barras y rincones de bares las incluía a menudo en sus extraordinarias Estrofas y otros relatos.
        Por todo eso y por la sensibilidad con la que lo has escrito me ha gustado tanto y, añado, que él estará orgulloso y agradecido también.
        Buen finde, puente o lo que sea 😊

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  2. ¡Qué certeramente bien inspirado en la esencia de los escritos de Antonio, Carlos! Por momentos me pareció estar leyendo una de sus entradas… Un precioso homenaje, sin duda. Si todos los hombres tuviesen esa misión… ¡Otro gallo cantaría!😀
    ¡Un gran abrazo!

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  3. Muy bueno Carlos, muy bien recreado el ambiente del bar. Parece obvio que Leo terminó su misión ante ese par de desgraciados. No había leído a Antonio pero tú micro es un bonito homenaje. Por cierto, muchas felicidades. Un abrazo.

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  4. Siempre nos sorprendes con el final de tus relatos. Muy bueno. Es que yo imaginaba que un día iva a matar a Laura por ponerle siete aceitunas ..jajajaj… . Tuve el mismo accidente , pero en el autobús cuando un hombre de bastante edad hizo callar de la misma manera a un joven borracho y sin veguenza. Le aplaudíamos todos. Adoro a los hombres valientes. Un beso.

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  5. Este relato me ha recordado mucho los de Antonio. Me tenían hechizada sus descripciones, me hacía adentrarme en los escenarios de sus relatos y sus historias siempre me dejaban un excelente sabor de boca… con ganas de más. Dejé pasar la oportunidad de tomar un café con él, alguna de las veces que pasé por la Cabrera, como habíamos quedado y ahora es un gran pesar que tengo. Es increíble el cariño que se puede sentir por alguien que no conoces personalmente, pero yo lo sentía por él, aún no me hago a la idea.
    Un abrazo.

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    1. La idea de este texto surgió al enterarme de lo sucedido. Escrito con mi mayor respeto tenía que ser en un bar, con barra, con chica, con música , pues recuerdo que una vez me comentó lo mucho que le gustaban las escenas así. Tienes razón en lo que dices, tal vez los blogs son nuestra manera de desahogarnos y a veces lo hacemos con más sinceridad que con muchas personas a las que conocemos realmente. Un fuerte abrazo Estrella.

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