Despegando

imagen: Pixabay

Anselmo era viudo y estaba jubilado. Gran aficionado a la fotografía, muchos días se iba en metro al aeropuerto a ver despegar y aterrizar aviones, lo que se había convertido en un pasatiempo al que acudía con su amigo Ramón. En realidad, iban a una pequeña arboleda pasada la valla al final de la pista donde las vistas de los aviones despegando eran espectaculares. De hecho, a menudo había grupos de aficionados que fotografiaban el momento mágico del despegue.

Era curioso que le gustara ver los aviones, ya que a Anselmo le daba miedo volar. Más que miedo pánico. Solo montó en avión un par de veces y juró no volver a hacerlo, por mucho que se le explicara que era el método de transporte más seguro. De hecho, en vida de Rosa, su mujer, solo fue a Palma una vez y a Lanzarote en otra ocasión. Dos vuelos de ida y vuelta que colmaron sus miedos y temores. Fue consciente de lo mucho que perdía por ese miedo, aun así, fue a París en tren y a Roma en un tedioso viaje en autocar que le provocó una lumbalgia muy dolorosa. Era el precio a pagar como le dijo cariñosamente una vez su querida Rosa, “nada sale gratis en la vida, no quieres volar, pues toma lumbalgia”. Pero así son las contradicciones de la vida.

Una tarde veraniega, Anselmo fue solo a la atalaya despacito en su modesto utilitario porque Ramón estaba en la playa con sus hijos. Hacía calor y era la única persona que estaba en ese momento. Cobijado bajo la sombra de un árbol, vio despegar varios aparatos. De pronto observó uno enorme, probablemente un Airbus de los más grandes, le encantaba la majestuosidad del avión, aunque sintiera un auténtico escalofrío al ver como la panza se iba levantando.

Cogió su cámara de fotos y enfocó de frente al avión. Su idea era tomar fotos en cuanto se alzara del suelo. A través del visor de la cámara, estaba pendiente del momento y llegó a pensar en que el avión estaba apurando mucho el despegue… muchísimo…tanto que apenas le dio tiempo a salir huyendo.

La noticia fue concluyente, hubo 37 heridos en el accidente de un Airbus que, por causas aún sin determinar, tuvo que abortar la maniobra de despegue y por ello, se salió de la pista casi cien metros, arrasando a su paso con los árboles, pero por fortuna sin causar ninguna pérdida humana, salvo los heridos y el consiguiente shock que supuso el accidente.

La habilidad del piloto y la celeridad de los equipos de rescate y de la propia tripulación, contribuyeron a que el mal no fuese mayor desalojando de inmediato la aeronave. Apenas una hora después del accidente el canal 3 comunicó que había un herido grave y tardaron aún unas horas en comprender que no se trataba de ningún pasajero.

Un año después, Anselmo mira con orgullo el premio obtenido en el concurso regional de fotografía de acción. Con seguridad y tras casi seis meses hospitalizado, cambiaría el diploma y los veinte mil euros del premio por no haber perdido su pierna izquierda la tarde del accidente, pero al menos lo podía contar y a fin de cuentas, como le dijo una vez su querida Rosa, «nada sale gratis en esta vida».

Autor: Montalleri

Ahorremos explicaciones, nunca emociones

41 opiniones en “Despegando”

  1. Esos miedos que nos paralizan y, mira por donde, al pobre Anselmo se la jugó ¿el destino, la mala suerte? Ni lo sé, pero sobrevivió!
    Creo que deberíamos nombrarte el Rey de los Microrrelatos (desde aquí pido colaboración para organizarlo)
    Abrazo, Carlos

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    1. Gracias Úrsula. El destino si es que existe, parece poder con todo. Yo creo que no existen las casualidades sino las decisiones. Digamos que Anselmo estaba en el lugar inadecuado aunque eso sí, ganó el premio de fotografía. Un abrazo.

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  2. El temor por algo, nos hace acercarnos en ocasiones, intentar hacerle frente, porque en muchos casos el miedo no es más que pura admiración y acojona pensar que no somos más que un instrumento es sus manos
    💋💋💋💋

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    1. El miedo como respuesta a un peligro que puede ser real o ficticio, pero tienes razón que también lo usamos como admiración. Lo que hemos de evitar es que el miedo nos domine y nos impida seguir adelante.
      Un abrazo Margui 😊

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      1. Es como ese gustillo misterioso hacia lo que nos causa miedo, ese decir…un poco más incluso a sabiendas de que deberías salir corriendo. Y se puede aplicar a todo, incluso a las relaciones personales donde también hay relaciones de poder muy diferentes, tanto como un Airbus frente a un jubilado. Creo que empiezo a divagar🙄
        Un abrazo Margui😘

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      2. Jajaja te hago perder el norte con mis tontunas 😂😂😂. Lo de salir corriendo es total, pero casi siempre esperamos al último momento, aguantamos aunque sepamos que la vamos a cagar
        Besazos jajaha, el divagar es un placer que no engorda jajahahs

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    1. Aunque saliera cruz en esa moneda al aire, al menos tuvo la suerte de salvarse. Yo destaco la extraña complicidad entre el miedo a algo y el deseo de ese algo. Seguro que nunca pensó que se le vendría un Airbus encima.
      Un abrazo Rubén y gracias por tus palabras.

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    1. Claro Antonio, tú como fotógrafo lo sabes, a veces el valor de una foto no es algo técnico o paisajístico sino estar exactamente en el momento oportuno y en este caso es algo que Anselmo cumplió de sobra aunque le costara la pierna al hombre. Un abrazo.

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  3. Muy de acuerdo con la aportacion de Margui. El miedo muchas veces causa fascinación, acercarse quizás solamente buscando lógica o respuesta. Y muy buena la enseñanza del relato ¿Estamos en algun lugar a salvo?…

    Besos.

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