Otro intruso

Hace un tiempo publiqué una entrada titulada “Intruso bienvenido”. Hoy casi repito título con este otro intruso que me encontré en el supermercado. Perdido, temeroso, necesitado de ayuda.

Yo buscaba espárragos de Navarra pero de los de verdad, no envasados en Navarra y provenientes de China o Perú. Los quería navarros de solera. Y entonces ví al pajarillo con cara de preocupación, como diciendo “en buen lío me he metido”.

Ayudar a un pájaro asustado no es difícil sino dificilísimo, pero como soy tauro y tozudo, con paciencia y mucho tacto, conseguí convencerle de que su lugar no era ese. Y me llevó tiempo, pero bastante tiempo, aunque al final cuando le soltamos, todo fue compensado con la alegría de verle de nuevo en su hábitat.

En cierta medida, el pájaro casi rendido, se dejó ayudar. Tal vez su instinto le señaló que ese humano tan grande quería ayudarle.

Eso me ha llevado a dos reflexiones; por un lado, para ayudar es necesario quién ayuda pero también quién se deja ayudar. A menudo sucede que hay personas cuya negatividad les lleva a deshechar una ayuda sincera y desinteresada. Y eso es un problema.

La segunda reflexión es más gastronómica. Porque parece mentira que sea complicado encontrar espárragos originales de Navarra. A mi eso me importa mucho porque me encantan. Aunque ahora que lo pienso, no sé si al pajarillo le pasaría lo mismo porque a fin de cuentas, se quedó clavado en el estante de los espárragos.

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Autor: Carlos Montalleri

Ahorremos explicaciones, nunca emociones

25 comentarios en “Otro intruso”

    1. Veo que compartimos la opinión sobre los espárragos genuinos, estupendo ¡¡
      Ayudar es un camino que implica a dos personas siempre y ambas deben querer.
      Gracias por tus visitas. Otro abrazote para tí.

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  1. ¡A ver si no quería salir porque no había encontrado los espárragos!
    «Soy tauro y tozudo» es una redundancia, lo sé, mi marido también lo es (vaya dos nos hemos juntado…).
    Me ha gustado mucho tu crónica-cuento-reflexión 🙂
    Un abrazo.

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  2. Me consta lo difícil que es ayudar a un pajarillo a escapar de un lugar tan ajeno a su hábitat. ¡Se desesperan tantísimo! Sobre los espárragos, los he comido siempre frescos… ¡Felizmente , compartían el mismo gusto por ellos, para suerte del asustado pajarillo! ¡Lindo relato, Carlos! ¡Un abrazo!

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    1. En verdad fue complicado, me apena que a la mayor parte de la gente le daba lo mismo, pero encontramos el apoyo de un par de empleados. Vale…perdimos un tiempo, pero no veas como se emocionaron los pequeños que acompañaban a sus padres a la compra cuando vieron lo que estaba sucediendo. Tal vez tenga alma de Quijote, pero ya es tarde para cambiar. Un abrazo Sara.

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  3. Una cosa te voy a decir. Soy tauro y suave como una malva.
    He tenido una salamandra todo el verano en la cocina. Gracia no me hacía, pero nada podía hacer, la dejé pastar a sus anchas. Hace poco dio un paso más y entró en terreno peligroso; invadió mi salón y eso sí que no. Mis hijas y yo nos pusimos a la caza con trapos y camisetas. Los gritos podían oírse en el cuarto.
    Al final lo conseguimos y volvió al jardín.
    Ahhh una buena lupa para leer las etiquetas de los recipientes de espárragos.
    Besos

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    1. Yo como tauro también soy suave, pero … hasta que dejo de serlo, digamos que paciente pero terco a la vez. Cada uno tiene lo suyo. Me encantan los bichejos y en casa hay salamanquesas que ayudamos a salir de zona peligrosa, igual que vosotras. Pero incluso a las arañas las mimamos, vale reconozco que soy algo friki. Lo de los espárragos es cierto, pero ya si te pones a leer el prospecto de una medicina, parecen que están a mala leche porque la lupa se hace imprescindible. Bueno, eso…y que algunos ya vamos teniendo años.
      Un abrazo Margui

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  4. El otro relato al que te refieres era el de la mantis religiosa? Reconozco que me gustan mucho más los pájaros que las mantis… Aunque aún recuerdo una anécdota terrible de mi abuela, a la que se le colaron en casa unos cuervos por la chimenea y la pobre casi se muere del susto. Sin duda, cada uno tiene que estar en el habitat que le corresponde… Ánimo con los espárragos. Si no los encuentras, siempre puedes hacer una excursión para el norte y traerte unas cuantas latas. Un abrazo!!

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    1. Caramba, lo de los cuervos son palabras mayores, comprendo el susto de tu abuela. Como he escrito en algún comentario no sé si el pajarillo me llevó a los espárragos o si fue al revés, pero desde luego, me encantó encontrarlo. Lo de los espárragos originales es sorprendente. No obstante viajo con cierta frecuencia al norte, de hecho pronto iré unos día al País Vasco. Así que aprovecharé para hacer provisión. Un abrazo Mayte.

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  5. Espero que pudieras ayudar al pobre pajarillo. A mí, también me gustan los espárragos, aunque prefiero los trigueros que los blancos envasados!! Una abraçada, Carlos!

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    1. Si le ayudamos aunque fue difícil sacarle. Tenía que devolverle el favor, gracias a él encontré los espárragos. Por cierto que me gustan de cualquier manera, pero los trigueros a la plancha están para chuparse los dedos.
      Abracada Lidia.

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