Las gafas de sol

El fin del verano es un momento ideal para ir a la playa si el tiempo lo permite. Ya no quedan apenas veraneantes ni turistas, el sol no aprieta y la temperatura ha bajado notablemente, pero la belleza del mar mantiene todo su esplendor. Así que decidí bajar a la playa a leer mi libro.

En el portal coincidí con mi vecino Aurelio, un hombre sesentón, amable y educado como pocos, que iba a darse su baño diario. Al llegar a la playa, me quedé en una zona al resguardo del viento mientras que Aurelio bajó hasta la orilla dispuesto a su chapuzón. A los pocos minutos levanté la vista de mi libro y vi la figura de mi vecino saludándome, lo cierto es que es un hombre muy agradable de trato. Le devolví el saludo con la mano y reanudé mi lectura.

Instintivamente volví a mirar al mar y de nuevo ví a Aurelio que me saludaba. Entrecerré los ojos para afinar mi vista ya que tengo algo de miopía y me había bajado mis gafas de sol que no están graduadas. Así que saludé al bueno de mi vecino, devolviéndole su saludo marino. Y me concentré definitivamente en la lectura.

Fué esa misma tarde cuando me enteré de que Aurelio casi se ahoga en el mar. Por fortuna le sacaron unos chicos que estaban corriendo por la playa y ahora mismo, se encontraba ingresado en la UCI aunque al parecer fuera de peligro.

Entonces recordé sus continuos saludos con la mano, interpretando lo que realmente le había sucedido. Muy nervioso me propuse dos cosas de inmediato: la primera visitar a Aurelio en el hospital en cuanto fuera posible y la segunda pero no menos importante, visitar la óptica y hacerme unas gafas de sol graduadas.

Autor: Montalleri

Ahorremos explicaciones, nunca emociones

23 opiniones en “Las gafas de sol”

      1. Te agradezco de corazón esta «apuesta por la vida» de inicio de temporada.
        Ya sabes, dónde hay vida, hay esperanza.
        Espero que no te este suponiendo un gran esfuerzo 😈😉😂

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