Ratoncillos

En la casona de mi abuelo vive aún tío Andrés y sus casi 95 años. Este verano le he visitado. Me reconoció en seguida y tras un cariñoso abrazo comenzamos a recordar las travesuras que había hecho allí de niño, junto con mis hermanos y mis primos.

De repente, un ratoncillo apareció por el suelo.

– Tienes visita, le dije sorprendido

– Ahhh es Demetrio un amiguito, pero tengo más

Y de repente comenzó a chasquear la lengua con un sonido muy peculiar y aparecieron otros ratoncillos, uno tras otro hasta diez.

Son mis amigos dijo y comenzó a llamarlos por sus nombres. Los ratoncillos se movían confiados entre las piernas de Andrés y las mías.

Sentados en unas viejas sillas de madera, nos tomamos una copita de un vino dulzón que guardaba en la despensa para los días extraordinarios y unas rosquillas que yo le había llevado y charlamos recordando historias y anécdotas.

Cuando me marché y él cerro la puerta, me quedé mirando la casa unos minutos. Para tío Andrés mi visita le hizo el día especial y para mí fue uno de los momentos más sorprendentes de mis vacaciones.

Autor: Montalleri

Ahorremos explicaciones, nunca emociones

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