Prioridades

La otra tarde, acompañé a mi madre al trastero para subir las cajas con la ropa de verano. Ahí estaban los bañadores, los pantalones bermudas, las camisetas de vivos colores, las gorras, las zapatillas de playa, las camisas de manga corta y un larguísimo etcétera.

Quedaba por abrir un baúl enorme donde guardábamos los utensilios playeros, sillas, sombrilla, una tienda de campaña, colchonetas y pelotas hinchables, y cuando lo abrimos, vimos al fondo del baúl, unos ojos sorprendidos que nos miraban con temor y reconocimos de inmediato a mi hermano Miguelito que llevaba allí casi una semana, desde que había bajado con mi padre a buscar un juego y …allí se quedó.

Mi madre se enfadó muchísimo preguntándose cómo era posible que nadie hubiera echado de menos al niño y prometiendo soltarle una bronca descomunal a mi padre.

Mientras subíamos a casa le recordé a mi madre, que al final no habíamos sacado a Miguelito del baúl y mi madre que es muy “suya” me dijo… “Bueno… lo primero es lo primero, y si el niño ha aguantado una semana, puede aguantar una noche más, pero a tu padre se le va a caer el pelo hoy mismo”


Imagen: https://pixabay.com/es/

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Autor: Carlos Montalleri

Ahorremos explicaciones, nunca emociones

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