La magia del blog

Pulsé el botón y el ascensor comenzó a elevarse, pero en apenas unos segundos se detuvo bruscamente. Y lo hizo entre dos pisos. Y allí estábamos, Vero mi vecina de veintipocos años y yo. Llamé por el teléfono del servicio 24 horas y dí el aviso. Tardarían al menos veinte minutos en venir a rescatarnos. Vero se dejó caer, deslizándose por la pared hasta quedarse sentada en el suelo, con una agilidad envidiable. Yo me mantuve apoyado.

Imposible entablar conversación. Dos intentos, dos respuestas con monosílabos. Mejor dejarlo.

Intenté sentarme en el suelo del ascensor y lo conseguí no sin arduos esfuerzos. Vero ocupaba la mitad del suelo y yo soy un tipo grande. Cuando al fin me senté, cruzamos nuestras miradas y vislumbré una sonrisa guasona en ella.

Y de repente y sin pensarlo, le dije a Vero la palabra mágica. “¿Sabes que tengo un blog?”. Obviamente ella no lo sabía pero se quedó intrigada y comenzó a preguntar y yo le comencé a explicar acerca del blog, de los blogueros, de los relatos, de la ficción, de la realidad…

Y los veinte minutos previstos de espera, fueron en realidad treinta y cinco de los que más de treinta, estuvimos hablando del mundo de los blogs, superando  todas las reticencias iniciales.

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Autor: carlos montalleri

... si nos preguntan la hora, no es necesario explicar como funciona un reloj ... cmontalleri@gmail.com

32 comentarios en “La magia del blog”

  1. Vaya! Veo que usas el truco del blog con los jóvenes 😅 Yo también lo uso, aunque los míos son más jóvenes, adolescentes nada menos. Nada mejor que tener un buen relato a mano para captar su atención de inmediato!! 😀
    Una anécdota chulísimaaa Carlos. Un abrazo.
    PS. Espero que acabes de disfrutar de dia que te queda de tu super acueducto 😉

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    1. Así es, tal y como acabo de decirle a Antonio es un tema muy atractivo especialmente para los más jóvenes y tanto más cuando comento que hay mucha gente muy joven por aquí que escribe muy bien. Siiiii, aquí sigo con mi acueducto que me ha permitido visitar el mar unos días😉
      Un abrazo Lidia

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  2. Sí, sí, es como los que tenemos perros y nos encontramos de paseo, jeje.
    Pero lo del blog es mucho más interesante, el próximo día que me quede con algún tío guapo encerrada en el ascensor, le voy a decir que tengo un blog, si me permites que te copie la idea…
    Un abrazo.

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  3. Hola Carlos,

    Quedarme en un ascensor, y perder las maletas en el aeropuerto (no salgan por la cinta y yo allí esperando) son 2 situaciones que me asustan bastante, la 2ª por desgracia ya me tocó vivirla, y bueno después del estupor inicial, el esfuerzo de rellenar la reclamación en inglés, y el llanto posterior; debo decir que superé la prueba con un 5 justito, a diferencia de mi maleta que al día siguiente apareció y me la trajeron al hotel, a ella le pongo sin dudarlo un 10 ! 🙂 . La 1ª situación espero no experimentarla, en caso contrario, seguro estaría bien sobrellebarla con alguien como tú, un buen contador de historias!.

    Saludos!

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    1. Sabes que tengo escrita una breve historia sobre una maleta perdida jajaja, que casualidad.
      Lo del ascensor no es agradable lo reconozco, pero depende del contexto, aunque siempre es algo molesto y a veces cansino. Así que no queda otra que improvisar, si el acompañante de la aventura “ascensoril” lo merece. El resto lo hizo este curioso mundo virtual de los blogs.
      Un abrazo Natalia y gracias por pasarte.

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