Sin pudor

autocar

Aquel día de verano de 1945, Emilia sonreía desde la última fila del modesto autocar que la alejaba de su realidad. Atrás quedaban los sufrimientos, la pérdida de su esposo, la lucha por la supervivencia de sus hijos.

Finalizada la guerra, se vio presionada para que contrajera matrimonio con el hermano de su marido. Era la costumbre en el pueblo. Habían pasado siete años y era necesario cerrar las heridas como fuera. Pero ella no podía quererle, era imposible.

Es cierto que él no dirigió el fusilamiento aquel fatídico día de agosto, sin embargo señaló con el dedo, sin ningún pudor, ni siquiera pudor fraternal.

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Autor: carlos montalleri

... si nos preguntan la hora, no es necesario explicar como funciona un reloj ... cmontalleri@gmail.com

25 comentarios en “Sin pudor”

    1. Siento ese dolor de corazón aunque también me agrada saber que el relato te ha llegado con intensidad. Como acabo de escribirle a Carlos, el relato está basado en un hecho real y puedo asegurarte que Emilia fue un ejemplo de pundonor para sus hijos y sus nietos. Un abrazo Sara.

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  1. Magnifica historia, Carlos. Dices tanto en tan poco… y me queda un regusto ¡ tan amargo!es infrahumano eso que cuentas y a la vez me es tremendamente familiar… ¿porque el ser humano llegara a esos límites? ¿Y porque lo hará con las personas que tiene más cerca del corazón?
    Quizás rencores y envidia se sitúen tras este drama.Pobre Emilia, eran otros tiempos y tendría que aguantar lo que no está escrito… pero me gusta mucho que fuera sonriendo en el autocar, eso significa que se habría liberado en gran parte del dolor.

    Besos 😘

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    1. Hola Mukali, dices algo importante en el contexto del microrrelato y es que la protagonista sonríe, deja por tanto un poso de cierto y prudente optimismo a pesar de su dolor y del trato recibido donde la opresión llega al extremo de pedirle que se case con la persona que denunció a su propio marido.
      En fin, historias tristes pero reales que forman parte de nuestra historia.
      Encantado de verte como siempre, un abrazo

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  2. Brutal! Cuántas historias como est o parecida se debieron vivir en esos tiempo convulsos!! Mi abuelo, que cuenta con 89 años y vivió la guerra y la posguerra en un pueblo me ha contado cada cosa…!!! Terrible!!
    Y dice que no está tocado por las musas!! Tshhh ay que ver!! 😒
    Jajaja Últimamente, estás que te sales!! 😀
    Una abraçada 😉😊

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    1. Hola Lidia, estas historias nos llegan a través de nuestros mayores y son un tesoro, pese a su dureza. Forman parte de la naturaleza humana en condiciones tan adversas como la descrita. Yo solo tuve un abuelo, porque el otro se quedó en una cuneta para siempre cuando tenía toda la vida por delante.
      Y de las musas…nada que decir…que luego me echas la bronca 😉
      Otro abrazo para tí

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      1. Sí, la memoria histórica no la podemos olvidar!! Es una gran tesoro que como dices nos ofrecen nuestros mayores. Una pena lo de tu abuelo, lo siento mucho.
        Eso, no me contradigas en relación con las musas… 😉
        Feliz día 😊

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  3. Historias de una guerra fraticida que rompió familias e hizo que los vencidos tuvieran que agachar la cabeza ante los vencedores, aunque éstos fueran de la misma familia…
    La dignidad es, muchas veces, la única posesión que se nos permite conservar.
    Estremecedor, Carlos.
    Un abrazo.

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    1. Así es Estrella. Yo soy de los que piensa que hemos de mantener la memoria histórica, porque nos guste o no, es eso…nuestra historia. No se trata de volver al pasado ni mucho menos de revanchismo de ningún tipo. Por suerte han pasado muchos años y la sociedad ha evolucionado. Pero se trata y eso es (como tu apuntas) fundamental de mantener la dignidad. Un abrazo

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    1. Hola Ana, claro que deja un sabor agridulce, hoy la imaginación, la magia o el humor dejan paso a una realidad que se va mitigando con el paso del tiempo, pero que existió. También la sonrisa de la protagonista del relato nos deja un halo de esperanza, como así sucedió en la realidad. Un abrazo

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      1. Sí que es cierto que se va mitigando, pero no se olvida. Para aquellos que no lo vivimos, nos es suficiente con lo que nos han contado nuestros propios padres. En fin, esperemos que no se vuelva a vivir algo así, aunque viendo cómo están las cosas nunca se sabe. Un besote

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