Una historia verídica

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Llegó la nieve para alegría de unos y contratiempo de otros. La terraza tenía una buena capa y en la calle era difícil circular o incluso imposible en algunos tramos. Los parques estaban bajo un espeso manto blanco. Hacía mucho frío aumentado por la sensación que dejaba un viento del norte helador.

Me encanta la nieve así que me vestí con ropa de abrigo y calcé las botas adecuadas para salir a dar una vuelta. Mi gorro, mis guantes y mi bufanda me acompañaron. Anduve un kilómetro alejándome del pueblo y me dirigí a una zona especialmente privilegiada y tranquila.

Salte una valla de piedra y me adentré en la pradera. Y fue allí en plena pradera cubierta de nieve, donde me senté a riesgo de empaparme. El ruido era el del silencio solo roto por el leve crepitar de los copos cayendo sobre la nieve, como si se tratara de una lluvia suave de miles de plumas. Me quedé extasiado, maravillado mientras mi propio cuerpo se iba cubriendo.

Y entonces le ví. Un conejo se movía con dificultad sobre la nieve. No me moví ni un centímetro para no asustarle. El conejo se acercó. Mi sorpresa fue mayúscula, porque el conejo llevaba esquíes y una bufanda. Nos miramos fijamente y de repente movió el hocico y me dijo: “vaya nevada, ¿verdad?”.

Me quedé petrificado e incapaz de contestar, así que el conejo siguió penosamente su camino. Me levanté porque la nieve arreciaba y muy confuso y sorprendido comencé el regreso mientras me sentía observado por ojos invisibles.

Al llegar a casa conté esta historia, pero nadie me creyó. Tampoco mis amigos, ni mis compañeros de trabajo…

Así que he decidido contarla en el blog, en la confianza de que alguno de vosotros me crea, porque mi historia es, os lo aseguro, verídica.

 

Foto: http://www.fadeeva.com/

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Autor: Carlos Montalleri

Ahorremos explicaciones, nunca emociones

31 comentarios en “Una historia verídica”

  1. Yo sí te creo. Cada uno vemos lo que nuestra fantasía nos invita a ver.
    Y un día precioso de nieve, en una pradera donde el silencio es el acompañante ideal, nada tan normal como encontrar un conejo esquiando…
    Un abrazo.

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  2. Cuando retornó a la madriguera,la mientras se despojaba de la ropa de abrigo y colocaba las tablas en el soporte arrimando las manos sobre el montón de paja húmeda que fermentando calentaba el hogar al tiempo que emitía un agradable aroma, exclamo: No os lo vaís a creer. He visto a un hombre en el prado, sentado indiferente mientras le cubrían los copos bajo un manto blanco. Le dí los buenos días y ni siquiera contestó de lo perplejo que estaba. ¿Creo que era la primera vez que veía caer nieve! Un abrazo.

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    1. Jajaja, siempre es bueno conocer las historias desde todos los puntos de vista, esta claro que el conejo esperaba una respuesta, pero de verdad que no había visto nunca antes hablar a un conejo, porque no olvides que mi historia es … verídica.
      Otro abrazo

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  3. Escucha una cosa…cada año el día de mi cumpleaños viene un conejito amigo del tuyo y me canta “Feliz No Cumpleaños A ti A mi”… ¿cómo no creerte? si no lo hiciera, yo estaría loca…. Abrazote

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  4. Juas, juas!! Siempre tan ocurrente!! Yo te creo, Carlos!! En el mundo en el que vivimos los bloggers (el de la imaginación) los conejos esquían, bailan e incluso patinan!! Un saludo.

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    1. La realidad existe tanto si se cree en ella como si no. Pero está limitada por ello. Mientras que la literatura, nos permite alcanzar cotas de imaginación muy por encima de la realidad y ahí está el secreto y la magia de lo que leemos. Comparto tu opinión Eladio. Un abrazo

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  5. No sé si creérmela o no (aunque, después de haberme zampado en la misma tarde Coraline y la miniserie “Historias probables de Neil Gaiman”, todo es posible), pero, desde luego, ha sido divertida.
    ¡Un saludo! 🙂

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    1. Lord Alce, creerlo o no depende de nuestra voluntad imaginativa. Siempre me ha sorprendido la imaginación de los más pequeños. Deberíamos tomar nota. Caramba, vaya tarde te has zampado ¡¡¡ Neil Gaiman es una garantía de fantasía. Un abrazo.

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    1. Por supuesto Carlos, os iré contando mis descubrimientos imaginativos y también reales. Decía Woody Allen que el odia la realidad aunque reconoce que es el único sitio donde puede tomar una buena carne. No se si estoy de acuerdo del todo, tengo dudas. Un abrazo

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  6. Bueno, parece que al fin y al cabo Alicia no es la única que ve conejos jijiji. Yo creía que me ibas a contar una historia con algún pingüino u oso del ártico jaja. Te has quedado corto Carlos. Es una historia bastante creíble, claro, por qué no.
    Feliz miércoles ; )

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