La mano arácnida

arana-en-mano_5152Desde aquél minúsculo cuarto se oía la música de la fiesta, su familia y los vecinos celebraban la victoria de su equipo bailando y bebiendo.  El calor era intenso, la humedad  asfixiante.  En el cuarto una sola persona pero dos entes propios.  Él y la araña que le seguía a todas partes y con la que hablaba a menudo, mientras movía sus propios dedos como si fueran las patas del arácnido en una simbiosis perfecta con su mano. Habían pasado ya cuatro años desde que el desamor de una mujer, la sinrazón de un galeno y la intolerancia familiar, le postraron allí como un loco.  De repente su sobrino dijo, “le llevamos una copa al tío Marcelo” y alguien contestó, “no, que se la bebe la araña”.  Todos rieron la gracia, la música se intensificó junto a bailes, cánticos y banderas al viento.  Marcelo en su cuarto pensó que era el momento preciso. Había cogido una afilada cuchilla de afeitar del baño. Y con ella, comenzó a cortar las patas de la araña, no sintió placer, tampoco dolor, tan solo le embargaba la sensación de que había de terminar con ella de una vez.  Y lo hizo.

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Autor: carlos montalleri

... si nos preguntan la hora, no es necesario explicar como funciona un reloj ... cmontalleri@gmail.com

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